De Singapur a Vietnam: el encuentro entre Trump y Kim Jong-Un


El mundo vive la constante amenaza de una posible guerra nuclear, un apocalipsis potencialmente dibujado por las relaciones tirantes entre Estados Unidos con Rusia, Irán y Corea del Norte, tres países con capacidad nuclear considerados enemigos de Washington; sin embargo, la guerra nuclear ha sido contenida desde hace 70 años porque en el juego de la realpolitik las armas nucleares están destinadas a desarrollarse para no ser empleadas porque garantizan la “destrucción mutua asegurada”. Han probado ser útiles como arma política, herramienta de negociación y para exhibir el músculo militar de los países en aras de disuadir amenazas externas, gracias al miedo que propagan y el sentimiento todopoderoso que se transa en el rompecabezas de las relaciones internacionales.

Cercada entre enemigos y rivales, Corea del Norte busca influenciar la toma de decisiones regionales gracias a la posesión de armamento nuclear. Así lo dicta el juego de sus propias inseguridades: sin poderío económico, recursos naturales y energéticos, bono demográfico y sin la posibilidad de promover su poder blando en el orden global por considerarse un país autárquico y dictatorial y producto de sanciones internacionales. El régimen de Pyongyang le ha apostado desmedidamente al poder supremo nuclear, la fuerza militar y los servicios de inteligencia.

Corea del Norte comprende que no cuenta con los factores que determinan el verdadero poder de un Estado en el escenario internacional, salvo su capacidad bélica y combativa, esa que sí le da el poder para sentarse a la mesa de negociaciones con las potencias centrales y los tomadores de decisiones. El mismo Trump se habrá sentado por segunda ocasión con su rival Kim Jong-Un en Vietnam porque posee la bomba atómica.

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(Jonathan Ernst/REUTERS)

Enfilado hacia desarrollar capacidades militares asimétricas, Corea del Norte cuenta con uno de los ejércitos más grandes del mundo. Este país conformado por alrededor de 25 millones de personas destina el 16% de su PIB al ejército y ha exhibido su capacidad bélica con seis ensayos nucleares desde el 2006 y con misiles balísticos de alcance intercontinental.

Todo esto sucede cuando Corea del Norte es uno de los países más pobres y que más hambruna padece, reducto del comunismo y de la economía planificada, el país que contrasta fuertemente con su vecino del sur, con economía de libre mercado y miembro del G20 y OCDE.

El primer contacto cara a cara entre Donald Trump y Kim Jong-Un para desnuclearizar la península coreana fue el pasado 12 de junio en la Cumbre de Singapur, un encuentro de alto calibre que forjó un ambiente positivo para disipar los peligros del programa nuclear norcoreano, pero que se quedó corto a la hora de sellar compromisos concretos y tangibles en el largo y tortuoso camino hacia la desnuclearización.

El primer contacto cara a cara entre Donald Trump y Kim Jong-Un para desnuclearizar la península coreana fue el pasado 12 de junio en la Cumbre de Singapur, un encuentro de alto calibre que forjó un ambiente positivo para disipar los peligros del programa nuclear norcoreano, pero que se quedó corto a la hora de sellar compromisos concretos y tangibles en el largo y tortuoso camino hacia la desnuclearización.

El quiebre histórico encuentra su mayor desafío con el propósito de alcanzar la desnuclearización “completa, irreversible y verificable”. El clamor de Washington que no será fácilmente concedido por Kim Jong-Un, aunque Pyongyang dio muestras positivas de seguir negociando cuando entregó los restos de 55 antiguos prisioneros de guerra y desaparecidos en combate del servicio estadounidense, un acuerdo pactado en el primer encuentro en Singapur.

Sin una hoja de ruta y cronograma de tiempos subsisten numerosos obstáculos que ponen a prueba la voluntad política de negociación. Los norcoreanos han solicitado el levantamiento de sanciones económicas y diplomáticas y la firma de una declaración oficial del fin de la guerra (el armisticio de 1953 que cesó las hostilidades sin alcanzar un acuerdo de paz definitivo). Esta demanda no se ha cumplido, lo que ha generado estancamiento y hostilidad.

Aunque se han suspendido pruebas con misiles y se cerró parcialmente el sitio de pruebas nucleares en Pyongye-ri, Kim Jong-Un ha contraofertado la inspección de Yongbyon, la instalación más importante de su programa nuclear. Ello no significa que Corea del Norte haya frenado la producción de armamento nuclear, el doble lenguaje que también forma parte de la estrategia diplomática para no perder capacidad de negociación.

No olvidemos que son muchos los factores que molestan al gobernante norcoreano educado en Suiza: los ejercicios militares y navales entre Estados Unidos y Corea del Sur, los casi 30 mil soldados estadounidenses estacionados en suelo surcoreano y el sistema antimisiles THAAD que protege a su país vecino y rival, aunado al enojo que le generan las sanciones internacionales que impiden la prosperidad de la economía norcoreana.

Además, los signos de la desconfianza también se tocan con el carácter impredecible de Trump, pues el régimen de Pyongyang ve con total suspicacia que Washington haya revocado la certificación del programa nuclear iraní, después de años de negociación y que inclusive rivalice con países amigos, aliados y socios.

Pese a que en su segundo discurso a la Unión, Donald Trump mencionó el “histórico impulso por la paz en la península coreana” no perdamos de vista que gracias a la anuencia de China se avanza en este proceso espinoso. El país es el único actor que puede meter en cintura a Corea del Norte debido a su apoyo económico, financiero y a la exportación de alimentos y energía, la potencia central enemistada con Washington por la guerra comercial y por haberla tachado de ladrona de empleos, manipuladora de monedas y robo de propiedad intelectual.

Aunque haber escogido Vietnam como sede del máximo encuentro deja lecciones reveladoras no perdamos de vista que la desnuclearización de la península coreana es un nudo gordiano que hay que deshilvanar en todas sus aristas para comprender a cabalidad lo que hoy acontece.

Este artículo fue publicado originalmente en CNN-Expansión

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