El relevo del club europeo


El 27 de mayo Bruselas amaneció tranquila. Después de la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo no se cumplió el más temido presagio: que las fuerzas populistas y ultraderechistas superarán los 250 escaños (un tercio) de los 751 en disputa, y con ello complicar las políticas de gobernanza proeuropea, la jornada que atestiguó la superación de otra barrera que relajó la tensión de la rama ejecutiva comunitaria al conquistar más del 50% de participación electoral (cifra quizá pequeña, pero la más alta en las últimas dos décadas y superior en nueve puntos porcentuales de aquella del 2014). De esta manera, los resultados pusieron un freno a la furia antisistema y al auge instigador y crítico del ejercicio supranacional comunitario característico de la legislatura 2014-2019: refugiados, Brexit, chalecos amarillos y la ola nacionalista y nativista cuestionadora del funcionamiento y eficacia de las democracias liberales.

No obstante de lo anterior, los resultados también arrojan cierta cautela. Pese a que las fuerzas populistas y euroescépticas -El Movimiento, como Steve Bannon le habría llamado o la Europa de la Naciones según Matteo Salvini- no pudieron construir un bloque político homogéneo suficientemente fuerte para recuperar las competencias que reclaman los nacionalismos, resulta perturbador que cuatro de los cinco partidos más votados sean de esta tendencia: Agrupación Nacional de Marine Le Pen, Brexit Party de Nigel Farage, La Liga de Matteo Salvini, y el partido Ley y Justicia en Polonia de Jarosław Kaczyńskiy. De esta manera es probable que dentro de su propio grupo estos actores pongan muchas trabas en el trabajo diario y cotidiano del Parlamento Europeo y se aprovechen de la pérdida de la mayoría absoluta de populares y socialistas.

Estas fuerzas, se debe tener presente, representan una cuarta parte de la nueva legislatura y a ese electorado local que pretende respaldar la Europa menos solidaria, abierta y libertaria. Previo a esta jornada la mayoría de las elecciones en la región así lo mostraron: España, Bélgica, Finlandia y Dinamarca. El partido VOX consiguió 24 asientos en el Parlamento español; en Bélgica la extrema derecha se situó en segunda fuerza electoral, en Finlandia el Partido del Centro fue el más golpeado y en Dinamarca aunque ganó la socialdemócrata Mette Friedriksen prometió combatir la migración bajo los parangones ultraderechistas.

Todo ello complicaba la selección de la nueva rama ejecutiva y los altos cargos europeos. En la sesión inaugural, ya conformadas todas las bancadas, las tres familias políticas más votadas (Partido Popular Europeo, Socialistas y Demócratas y Renovación Europea -antes ALDE) se han sumado para alcanzar 444 de los 751 curules,cerca del 60%. Todos ellos partidos comunitarios y paneuropeos, que una vez superadas algunas divisiones, nombraron a Ursula Von der Leyen, ex ministra de Defensa alemana para presidir la Comisión Europea, la primera mujer en hacerlo.

Ursula Von der Leyen Fuente: Reuters

Von der Leyen estará acompañada, a la espera de su aprobación parlamentaria, por el belga y liberal Charles Michel como presidente del Consejo Europeo; Christine Lagarde de Francia como cabeza del Banco Central; el español Josep Borrell como nuevo Representante de Política Exterior; y David Sassoli del presidente de la Eurocámara. Esta formula fue construida en función de los resultados electorales que reafirma la importancia del eje Merkel-Macron como el motor del bloque comunitario, combinando los equilibrios entre la Europa Central Norte y Sur al tiempo de cumplir con criterios de paridad de género. Dos mujeres, Von der Leyen y Lagarde, se colocan a la cabeza del bloque supranacional en dos de los cinco cargos más altos y codiciados, aunado a que el 40% de los escaños comunitarios serán ocupados por mujeres, superando el 37% de la pasada legislatura.

En materia de diplomacia y política exterior se abren muchos retos para el Josep Borrel. Contar con una voz única en el concierto de naciones y representar a la Europa diversa, asimétrica y multicultural se convierte en una tarea mayúscula en el orden regional y multilateral, precisamente en un momento muy delicado para las relaciones internacionales por la ola rearmamentista en el mundo, la crispación de las relaciones Washington – Bruselas y la guerra comercial en el mundo.

Cabe subrayar, que durante la instauración de la sesión constitutiva del Parlamento Europeo en Estrasburgo le siguió una serie de turbulencias. Miles de manifestantes catalanes protestaron contra la exclusión de los tres líderes independentistas electos eurodiputados, entre ellos Charles Puigdemont quien no viajó a Francia por miedo a ser detenido. Por otro lado, los eurodiputados pro-Brexit le dieron la espalda al pleno del Parlamento cuando se entonaba el himno europeo, una señal de protesta de los brexiters, quienes esperan con ansia la nueva designación del líder del Partido Conservador para reemplazar a Theresa May, un nombramiento que se espera se haga antes del 24 de julio.

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