¿En peligro la reelección de Justin Trudeau?


Hace cuatro años la consigna político-electoral de Canadá era “cualquiera menos Harper”, el primer ministro conservador que se mantuvo nueve años en su cargo hasta que llegó Justin Trudeau, el llamado “chico de oro” quien lo desbancó con su portafolio de cambios en materia pública y le devolvió a Canadá su marca-país en el mundo, una nación ejemplar en materia democrática, con justicia social, tradición pacifista, vocación multilateral, así como amistosa con el medio ambiente y el desarrollo sostenible.

Fue el Partido Liberal el que se alzó con la victoria en la Cámara de los Comunes habiendo conquistado 184 escaños de los 338 en disputa -lo que le confirió la mayoría absoluta- y el mandato para transformar una realidad compleja ante el gobierno beligerante, pro-petrolero y antimultilateral de Stephen Harper. Bajo el cobijo de la Ley Patriota, el primer ministro conservador enroló a Canadá en el conflicto en la zona oriental de Ucrania, envió ayuda militar a Irak para combatir el Estado Islámico (EI), desdeñó a las Naciones Unidas y retiró al país del Protocolo de Kyoto, un acto calificado por la oposición de “vergonzoso”.

Fue Justin Trudeau, el hijo de Pierre – éste último apodado el Kennedy canadiense- quien se convirtió en una sensación política en 2015, cuando acreditó con apremio político el éxito de la agenda social progresista en un Estado bilingüe y multicultural. La figura fresca y carismática que se apuntó una serie de triunfos al haber nombrado el primer gobierno paritario entre hombres y mujeres e integrarlo por migrantes, indígenas y minorías religiosas, -por ejemplo, eligió a Harjit Sing Sajjan como ministro de Defensa -un canadiense de origen indio- al tiempo de haber legalizado el consumo de mariguana, aceptar a migrantes sirios y establecer un impuesto al carbono.

Sin embargo, con una imagen muy idealizada, y gran expectación social, sus índices de popularidad empezaron a declinar ante la desilusión y el desencanto generalizado; aquel que supuestamente podía contrapesar el ascenso de la extrema derecha europea y la llegada de Donald Trump en Estados Unidos. ¿Qué le sucedió al joven estrella y a la mejor apuesta política del mundo libre? Entre otras cosas, fue su ministra de Justicia quien lo acusó de intervenir a favor de la empresa SNC-Lavalin, vinculada a los pagos de sobornos a funcionarios libios y la polémica generada alrededor de esta megatrama.

Años antes, el ojo público criticó duramente sus vacaciones con Aga Kahn, un líder religioso musulmán y años después, el escándalo blackface desvaneció su brillo político al haberse filtrado una serie de fotos durante su juventud en las que se mostraba disfrazado y su rostro pintado de negro, acto que fue considerado como raci sta.De esta manera y tras una serie de errores y traspiés, la trudeaumanía se desinfla poniendo en peligro la reelección del primer ministro liberal y la posibilidad de repetir por segundo mandato, una práctica que por lo general se cumple en Estados Unidos y Canadá.

Imagen: Reuters

Aunque se trata de una jornada apretada y muy competida en donde se pisan los talones Justin Trudeau y el conservador Andrew Scheer, existen muchas probabilidades de que los liberales desciendan en su matemática electoral y pierdan la mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes, lo que los obligue a coaligar. Veamos el termómetro político asentado en la ola azul: resultados favorables para los grupos conservadores en las elecciones de Ontario de junio del 2018, la provincia más poblada de Canadá y en donde Ottawa y Toronto forman parte, al tiempo que Quebec selló un poderoso mensaje antinmigrante con los comicios de octubre del 2018, bajo la marca conservadora de la Coalición Avenir Quebec (CAQ), quien acabó con la hegemonía liberal, quedando en cuarto lugar.

Pese a que el populismo no se ha enraizado en la política canadiense, no debemos omitir otro contendiente: Maxime Bernier del Partido Popular. El llamado “Trump Canadiense”, quien ha prometido reducir las cuotas de migrantes y construir una cerca en la frontera con Estados Unidos.

Si bien se trata de un partido de extrema derecha y en donde comulgan liderazgos supremacistas, los enormes atributos y virtudes canadienses no permiten el arraigo del sentimiento antisistema ante la creación de un histórico Estado benefactor articulador de grandes redes de seguridad humanas, altos índices de inversión social reflejados en los presupuestos de educación y salud, un país de leyes muy avanzado y con madurez democrática e institucional, así como un modo de vida basado en un paquete de derechos y libertades, la divisa que desincentiva el descontento y rabia social.

Tengamos en mente que el juego político canadiense no crispa o polariza tanto como sí sucede en su país vecino, Estados Unidos. Por el contrario, las incógnitas de esta jornada electoral se destilan alrededor de los matices y estela de grises, así como en las vías de instrumentación de las ofertas políticas, pues el piso de necesidades satisfechas y un cúmulo de ideales compartido es el abrigo que sustenta a una de las clases medias más ricas del planeta.

Este texto fue publicado originalmente en Expansión

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