Israel, ¿hacia un quinto ciclo electoral?


¡En Israel sucedió lo políticamente inimaginable! El pasado 23 de marzo se celebró la cuarta elección nacional en dos años, la primera democracia liberal que estuvo obligada a convocar a nuevos comicios, pese a la fatiga y desgane del electorado. Ni en Italia, conocida por su aparente inestabilidad política -67 gobiernos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial- se ha logrado tal frecuencia electoral.  Fue en un periodo de nueve años (1987-1996) cuando se celebraron cuatro comicios y en España, se materializó otro ejemplo con la misma cantidad de comicios pero en un lapso de cuatro años (2015-2019). Entonces, ¿qué está pasando en Israel?

Israel celebró elecciones el 9 de abril y 17 de septiembre del 2019, las del 2 de marzo del 2020 (inicio de la pandemia) y las del 23 de marzo del 2021. En ninguna de estas cuatro citas, Benjamín Netanyahu, el primer ministro y líder del Likud pudo obtener en solitario los 61 escaños necesarios de los 120 en disputa para formar gobierno. La danza de las coaliciones que obtiene realce en la única democracia del Medio Oriente y cuyo botín multiforme de partidos se hace presente: desde “halcones hasta palomas” y pasando por los partidos árabes que en ocasiones se coaligan o se presentan de forma independiente, aquellos que se tornan claves para inclinar la balanza política.

En la última elección se presentaron 39 partidos políticos de los cuales sólo 13 rebasaron el umbral del 3.25% para entrar a la Knesset. En medio de una clase política salpicada por rivalidades, intrigas y escándalos que gobierna para salvaguardar sus intereses individuales antes que los nacionales y trenzada por los enemigos externos, se apunta el juicio político en contra de Netanyahu, investigaciones que le imputan cargos de soborno, fraude y abuso de confianza. Pese a ser sujeto de audiencias, Netanyahu ha negado los cargos, el primer ministro que hace todo tipo de malabarismos y pactos políticos, pese a pisotear principios y valores con tal de alargar su estancia en el poder y adquirir el cobijo tan deseado del Estado. Recordemos, que los catorce años de Netanyahu han superado los mandatos de Ben Gurión considerado el padre de la patria.

La fatiga del electorado con Bibi Netanyahu es altamente visible. Resulta paradójico que habiéndose apuntado dos grandes éxitos en el contexto de la campaña electoral, a saber un plan de vacunación triunfante en contra del COVID19, en medio de la peor crisis económica y sanitaria de los últimos cien años, y de entregar al electorado un bien tangible y altamente deseado: la normalización de las relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin, Sudán y Marruecos, el electorado le haya disminuido su respaldo, recibiendo treinta escaños, seis menos que en la contienda pasada. Muchos israelíes ven su liderazgo como ilegítimo y el deseo ferviente de aferrarse al cargo en aras de no ser procesado.

Pese a la astucia del hombre fuerte de Israel y de una intención descarada de alargar el estancamiento político, el bloque anti-Netanyahu va sumando más adeptos. Yair Lapid de Yesh Atid -un partido laico y de derecha secular- obtuvo diecisiete escaños, quien junto a otra estela de partidos y coaliciones como el de Beny Gantz, Avigdor Lieberman y Gideon Sa’ar, pudieran sumar los 61 escaños necesarios. Por otro lado, hasta el momento no queda claro el posicionamiento de Neftali Bennet de Yamina, quien obtuvó siete escaños. Es esta coalición de derecha secular -liberal que se enfrenta a la coalición de extrema derecha y religiosa liderada por Netanyahu y los partidos ultraortodoxos, que ahora buscan seducir al partido islamista Ra’am, liderado por Mansour Abbas. 

Ojo porque este último bloque se considera un bloque anti-liberal, enemigo del Estado democrático, aquel que si logra formar gobierno promulgará leyes que protejan a Netanyahu del juicio político debilitando los controles, límites y equilibrios que dota la democracia. Justamente lo que está en juego es la disputa entre la democracia secular y la democracia religiosa. ¿Detendrá el presidente Reuven Rivlin el deterioro de la democracia? En estos momentos, él tiene la última palabra porque deberá de convocar a consultas oficiales y elegir al líder con mayores posibilidades de formar gobierno.  ¿Podrá resolverse el estancamiento político de una vez por todas, o será necesaria una nueva elección?

@RinaMussali

rinamussali.com

https://www.facebook.com/RinaMussali

Este texto fue publicado originalmente en el sitio Expansión

2 comentarios

  1. Es curioso que aún y con todos los elementos del Estado, a su favor, Netanyahu no pueda tener los asientos necesarios o formar una colación que le permita gobernar. Si bien ganó, una vez más. ¿Cuál es la diferencia, respecto del periodo anterior, donde pudo alargar su estancia en el poder, superando a Ben Gurión? Si nos atenemos a la tesis de Mesquita y Smith, simplemente no puede repartir lo suficiente o lo que piensan los “power brokers” es justo, para permitirle seguir en el poder, pues son demasiados. En cualquier caso, tendrá un nuevo periodo, para demostrar que puede formar gobierno, o que será, lo suficientemente creativo para obtener los fondos necesarios, para repartir a la gente que necesita tener de su lado. ¿Qué pasa con las acusaciones de corrupción? Bueno, se dejarán para un mejor momento.

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    1. Aunque falta menos de una semana (4 de mayo) para que expire su mandato de formar gobierno, y pareciera que el primer ministro está bloqueado por todos lados, no hay que olvidar que Netanyahu es todo un animal político, y podría apostar (nuevamente) por una nueva elección si lo considera necesario, mientras negocia carteras ministeriales con otros partidos de izquierda. La pregunta podrá ser si realmente pueda surgir un nuevo gobierno entre la oposición, y qué rotación puedan tener sus líderes, principalmente Bennett. Si estas negociaciones se traban, Netanyahu lograría su cometido para salir impune una vez más. ¿Qué tiempo? Hay que estar al tanto de las notas.

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