México, facilitador del diálogo de Venezuela


México será sede de una nueva ronda negociadora entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición venezolana encabezada por Juan Guaidó, a quien Estados Unidos y la Unión Europea, entre otros países consideran como presidente interino, al haber desconocido los resultados presidenciales de 2018 en los que Maduro consiguió su reelección, como también la nueva composición legislativa emanada de las elecciones del 2020, que preside Jorge Rodríguez, hermano de la Vicepresidenta Delcy.

Será la quinta ronda negociadora desde que Maduro asumió el cargo en 2013, tras la Conferencia Nacional de Paz en 2014; aquellas respaldadas por el Vaticano y UNASUR durante el periodo 2016-2017; las auspiciadas por República Dominicana en 2017-2018 bajo mediación de los presidentes Danilo Medina y José Rodríguez Zapatero (España); y aquellas en Barbados del 2019 que Noruega lideró. Ninguna de las anteriores logró consolidarse ante la falta de “elecciones libres y transparentes”.

¿Por qué entonces abrir una nueva ronda ahora, y en nuestro país, cuando las anteriores han fallado por la misma causa? Una primera respuesta será para dar salida a la situación extraordinaria que atraviesa Venezuela: escasez de bienes básicos, inflación galopante, cortes de energía, desplome petrolero, reconversión monetaria, y el shock pandémico del COVID-19 que ha sido un agravante del deterioro social. Con una “crisis humanitaria” encima, como Ban Ki Moon (ex secretario general de Naciones Unidas) le refirió en 2016; sanciones internacionales, desbalances macroeconómicos y un mayor aislamiento internacional, el único camino restante será buscar la reconciliación en un país extremadamente polarizado ideológicamente y antagónico.

Segundo. Hay que recordar que en noviembre Venezuela celebrará elecciones regionales y que los partidos políticos deben registrar sus candidaturas antes del 29 de agosto. De no contar con la participación de la oposición, como fue los casos de 2018 y 2020, la credibilidad del chavismo estará todavía más deteriorada de cara a la siguiente cita para el ejercicio del sufragio, las elecciones presidenciales del 2024. En ese sentido, Maduro ha otorgado algunas concesiones a la oposición como la liberación de presos políticos, el ingreso a Venezuela del Programa de Alimentos de la ONU y la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), que ahora estará compuesto por tres integrantes de corte chavista y dos independientes.

Por otra parte, Guaidó también tiene interés en sentarse a negociar para recuperar el terreno político perdido. Con el paso del tiempo su poder de convocatoria e índice de popularidad han disminuido, rondando el 17%. De hecho, la Unión Europea ya le considera un “interlocutor privilegiado”, y la administración Biden en Estados Unidos aún no ha definido si seguirá apostando por completo en su persona.

Recordemos que siendo la figura más reconocida de la oposición, no cuenta con el apoyo de Henrique Capriles y otros sectores opositores que están en exilio. Además, la Asamblea Nacional, que es desde donde emanaba su poder en calidad de presidente del Congreso, cuenta ya con otros liderazgos.

Es oportuno recordar que la Mesa de Unidad Democrática, la mayor alianza antichavista, inhabilitada para contender en 2018, ya cuenta con el aval del nuevo CNE para presentarse a esta jornada. Está por verse si en las reuniones que inician este 13 de agosto en nuestro país, y conforme al desarrollo de las negociaciones, deciden concurrir, o si respaldan al denominado G4 integrado por los partidos Voluntad Popular, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Acción Democrática, que han apoyado a Guaidó, y que muy posiblemente decidan presentarse.

¿Qué hay de nuestro país? Si bien México es miembro fundador del Grupo de Lima que reconoce a Guaidó, e incluso fue partícipe de una las delegaciones que acompañaron el diálogo en República Dominicana como apoyo de la oposición, con el cambio de administración, el gobierno de AMLO se distanció de dicho bloque, dando una imagen de relativa neutralidad en consonancia con el principio de autodeterminación de los pueblos.

Pese a que México será facilitador del diálogo bajo la mediación de Noruega, nuestro país posee una tradición diplomática muy sólida sustentada en la pacificación de Centroamérica bajo el Grupo Contadora, la participación en el fin de la Guerra en Guatemala y la firma de los Tratados de Chapultepec para poner fin a 12 años de conflicto en El Salvador. Además, México preside actualmente la CELAC y es miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Claro está, sentarse a dialogar ya es en sí mismo una noticia alentadora. Sin embargo, debe privar la cautela y el templado entusiasmo.

Este texto fue publicado originalmente en el sitio Expansión.

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