El futuro económico de América del Norte.

Durante más de dos décadas, el libre comercio ha estado en el corazón de las relaciones trilaterales entre México, Estados Unidos y Canadá; un principio que ha sido volcado por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, quien ha sacudido los cimientos de la gobernanza económica global con su narrativa proteccionista, nativista, aislacionista y credo antiglobalizador.

Bajo un ambiente amenazante -y cada vez más incierto-, México enfrenta el proceso renegociador del TLCAN, a propósito de actualizarlo y modernizarlo a los estándares del siglo XXI, pero también como respuesta a los condicionantes dictados desde Washington. Ante esta coyuntura histórica, el Canal del Congreso transmite una serie que tengo el privilegio de conducir. Traemos a sus pantallas las bondades, límites y asignaturas pendientes de este armazón jurídico e institucional que le ha dado certeza a las relaciones económicas trilaterales y los nuevos retos y desafíos que enfrenta para acoplarse a los condicionantes geopolíticos y económicos que marcan la dinámica del siglo actual.

En voz de los personajes clave de la negociación previa y posterior y de influyentes líderes de opinión como funcionarios, empresarios, académicos, diplomáticos y tomadores de decisiones, el Canal del Congreso presenta varios capítulos temáticos que pondrán de manifiesto el pulso de la relación más importante de México con el mundo y el futuro de los nuevos términos de la relación trilateral.

¡Los invito a seguir de cerca esta serie que se transmite cada domingo a las 21 hrs, y los miércoles a las 23 hrs por los canales 45.1 de señal abierta, 45 de Axtel, IZZI y Totalplay;  y 145 de Dish, Sky y Megacable.

*Click en la imagen para redireccionarlos a los programas

1-e1505397802313.png

2

3

4

postal 5

Anuncios

El drama político de Michel Temer

La crisis política, económica e institucional que vive Brasil ha enturbiado el posicionamiento geopolítico en ascenso que Brasil empezó a tener hace poco más de una década. Golpeado por la patología de la corrupción, la desaceleración económica de China, caída en los precios internacionales de las materias primas y las intrigas que se propinan entre la clase política para “hacer negocios” desde las altas esferas del poder, el país sudamericano se ha descalabrado ante la comunidad internacional y bajo la frágil presidencia de Michel Temer.

Fue el juicio político en contra de la expresidenta Dilma Rousseff que marcó un punto de inflexión en el entramado institucional brasileño. Michel Temer lidia con el problema de su credibilidad y legitimidad, se le tilda de antidemocrático, golpista y traidor, sumado al bajo índice de popularidad que ostenta. Una reputación que no puede ser lavada si agregamos sus vínculos a los escándalos de corrupción. En sus primeros 100 días de gobierno se concretó la renuncia del expresidente de la Cámara Baja, Eduardo Cunha, así como la salida de varios ministros de su gabinete. Además, el presidente interino no se salva de la red mafiosa de Petrobras y de investigaciones en su contra por corrupción, asociación criminal y obstrucción de la justicia.

Pese a que el Congreso desechó la indagatoria que pudiera llevarlo a juicio político, su base parlamentaria se sigue erosionando. Un total de 66 diputados –de 513- provenientes de cuatro partidos políticos ya abandonaron al presidente no electo. Al calor de la desconfianza ciudadana y el desencanto generalizado hacia la clase política, Michel Temer ha tratado de implantar una agenda pública de corte conservadora: se han privatizado empresas estatales, se aprobó una ley que pone techo al gasto público por 20 años y en la discusión pública juega la reforma al sistema de pensiones. Sin embargo, su gran apuesta fue la aprobación de la reforma laboral ya fue suscrita en el Senado.

descarga

Fuente: EFE/Leonardo Muñoz.

Empero, Michel Temer no es el único que ha sido salpicado por actos de corrupción, sino también el petista Luis Ignacio Lula da Silva, el expresidente más querido de Brasil, quien ha sido condenado a nueve años y medio de cárcel por corrupción. ¿Una condena que lo pudiera sacar del juego político del 2018? ¿Serán suspendidos sus derechos políticos y se revocará la posibilidad de que vuelva a regresar al poder? Hoy el expresidente más respetado de América Latina, quien sacó a más de 40 millones de pobres, duplicó la clase media y se despidió del Palacio de Planalto con más del 80% de popularidad se encuentra en el banquillo de los acusados.

Han sido en tiempos electorales cuando los contendientes –designados por sufragio o bajo pacto- articulan acuerdos con grandes empresas a cambio de ofrecerles dádivas, favores y gratificaciones políticas y económicas. El caso de Odebrecht es sintomático por el financiamiento otorgado a las campañas políticas de Brasil pero también de otros países de América Latina. Además, las cifras no mienten, se ha dicho que el 40% de los legisladores se encuentran bajo investigación judicial, un panorama insólito para el país más grande y poblado de América Latina.

Ahora Sergio Moro, el juez anticorrupción figura dentro de los favoritos de la carrera presidencial del 2018, y quizá se enfrente con Jair Bolsonaro, un diputado ultraderechista que se le conoce como el “Trump Brasileño” por su machismo, sexismo, autoritarismo y por defender la dictadura militar en Brasil.  Posiblemente el escenario político también apuntale a Joao Doria, el alcalde de Sao Paulo, quien pudiera captar la nominación presidencial del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), principal antagonista al de los Trabajadores.

20333903_xl

Fuente: HispanTV.

Por otra parte, y con el arribo de un nuevo mandamás al Palacio del Altiplano, la reorientación de la política exterior podría volver a cambiar. Fue ante la llegada de una nueva correlación de fuerzas políticas en Brasil y Argentina – que celebra elecciones parlamentarias este año- que se dio un giro en la relación de Sudamérica con el mundo: mayor acercamiento con EE.UU., la Unión Europea y países industrializados frente a un claro distanciamiento hacia los países del ALBA. No hace mucho apoyó una ofensiva diplomática para expulsar a Venezuela del Mercosur y favorecer la aplicación de la Carta Democrática Interamericana de la OEA en Venezuela. Incluso, Brasil le ofreció asilo político a la exfiscal, Luisa Ortega.

Cierto es que Brasil, como presidente pro témpore del Mercosur, hizo junto con Argentina (presidente en turno) todo lo posible para revitalizar al organismo. Este experimento de integración económica regional que no ha dado grandes resultados por su ADN más proteccionista. Se busca acelerar las negociaciones extracontinentales no sólo con la Unión Europea, sino con Canadá, sus socios asiáticos y favorecer el proceso de convergencia con la Alianza del Pacífico. En este renglón, destaca el rubro de la defensa y promoción de los derechos humanos y de la democracia, este último un signo sin sustento por parte de Michel Temer considerando la forma con la que se hizo del poder.

Aunque las relaciones de México y Brasil – los dos gigantes de América Latina- se desdoblan al calor de la competencia, rivalidad y desconfianza, la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. ha obligado a nuestro país a mirar hacia el Sur no sólo de manera retórica sino con hechos contundentes. Llama mucho la atención que ante la renegociación del TLCAN y la retórica antimexicana, México se haya acercado más a Brasil y Argentina para reducir la dependencia de granos que sostenemos con EE.UU. En 2017, México dejo de ser el primer mercado para las exportaciones de maíz estadounidense.

 

 

El G20: las ataduras geopolíticas y los desafíos de la gobernanza económica global

Después de nueve años de la crisis financiera del 2008 y todavía cohabitando con sus impactos y remanentes, el sistema de gobernanza económica global continua endeble e incompleto. Los males de la economía internacional se tocan por la baja productividad, la consigna proteccionista, el desempeño anémico de Europa, la desaceleración de China y la falta de acuerdos entre países avanzados y emergentes que han producido una reactivación lenta y desigual.

El G20 ha fallado en su tarea de romper con el ciclo de bajo crecimiento. Según el FMI, sólo la mitad de las metas establecidas en la Cumbre del G20 en Australia se han cumplido. Lograr consensos para reactivar la economía mundial no ha sido tarea fácil, mientras que unos países ponen el énfasis en cerrar lagunas jurídicas para evitar la erosión fiscal y los paraísos offshore otros posicionan el tema de las reformas estructurales.

En medio de los encuentros y desencuentros entre potencias centrales y emergentes, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha dislocado las piezas del engranaje liberal que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial. En este contexto de incertidumbre y de falta de liderazgos, Angela Merkel junto con Emmanuel Macron y Xi Jinping buscan llenar los vacíos ocasionados por Estados Unidos para erigirse en los defensores del libre comercio, el medio ambiente y la globalización planetaria que requiere de una rectificación.

El grito de una globalización ordenada, regulada y guiada que favorezca el interés de las mayorías no puede desatender su paso ante las advertencias del Brexit, el fenómeno de Marine Le Pen en Francia,  la confederación de populismos que gravita  en la Unión Europea y el grito antisistema en Washington. Hoy las voces nativistas y más localistas se han encargado de manifestar políticamente su rechazo a una globalización asimétrica y dispar que sólo beneficia a 1,500 millones de personas de una población planetaria de alrededor de 7,500, la cifra que maneja el economista peruano, Hernando de Soto.

maxresdefault

AP Photo/Michael Sohn

Aún cuando Donald Trump selló el aislamiento de Estados Unidos en la Cumbre del G20 en Alemania y enarboló su proyecto nacionalista, excluyente y supremacista, los divisionismos se dejaron sentir alrededor de los temas del medio ambiente, comercio, migración y desregulación financiera que crisparon la coordinación internacional del grupo que representa en conjunto el 90% del PIB mundial, el 80% del comercio global y el 64% de la población del planeta. Pese al esfuerzo de Angela Merkel por refrendar el compromiso de combatir el cambio climático, Donald Trump desconoce la ciencia climática y ha decidido alejarse del histórico Acuerdo de París.

Bajo su discurso antisistema y de franco rechazo a la burocracia internacional, Donald Trump firmó varios decretos para desmantelar la Ley Dodd-Frank adoptada durante la administración de Barack Obama, tras el desplome Lehman-Brothers que desató la crisis financiera del 2008. Precisamente la desregulación, la falta de acuerdos entre países avanzados y emergentes y la ausencia de convergencias económicas son los ingredientes que pudieran ocasionar una nueva crisis financiera global.

En un escenario de alto voltaje geopolítico se desarrolló la cumbre del G20 en Hamburgo: el distanciamiento entre Donald Trump y Angela Merkel, las barreras de separación entre Vladimir Putin y Emmanuel Macron por la supuesta injerencia rusa en las elecciones de Francia, la tensiones de Occidente con Corea del Norte por el probado lanzamiento exitoso de un misil balístico de alcance intercontinental que levantó el rechazo de Rusia y China de ampliar las sanciones al régimen de Kim Jong-un, así como las fisuras en materia climática y de libre comercio que pronto sellaron la nueva nomenclatura del G19+1, para diferenciar a Estados Unidos del agrupamiento que defiende los principios y valores del orden liberal.

La Cumbre del G20 en Alemania no pudo esquivar el panorama político que se vive en Washington, cuando las agencias de inteligencia en Estados Unidos llegaron a la conclusión de que Rusia si tuvo injerencia en la campaña electoral del 2016, aunado a la decisión de elegir a Robert Muller como el nuevo Fiscal Especial, a propósito de supervisar la investigación sobre la injerencia rusa. Con este antecedente por delante y bajo la aceptación del presidente de Estados Unidos en Varsovia que el Kremlin pudiera haber interferido en las elecciones es que se celebró el primer encuentro entre Vladimir Putin y Donald Trump. Pese al anunciado cese al fuego en el Sur de Siria por ambos mandatarios, los sinsabores de la relación están marcados por sus diferencias frente al regimen de Bashar al Assad, el conflicto en Ucrania y la anexión de Crimea por parte de Rusia.

Más allá de los vericuetos geopolíticos entre las potencias del G7 y Rusia, el G20 atestiguó otro encuentro espinoso: la reunión entre Enrique Peña Nieto y Donald Trump. Si bien no se esperaban grandes acuerdos, el “murmullo” de que México pagaría la construcción del muro volvió a enardecer la relación bilateral, una oportunidad que perdimos para responder en -forma de murmullo- la inutilidad del muro y la negación de pagarlo. Es la falta de dignidad el peor consejero cuando estamos próximos a arrancar las negociaciones del TLCAN. ¿Cómo vamos a negociar cuando no terminamos de leer, medir ni calibrar al Sr. Donald Trump?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Adiós al Brexit duro?

A 11 días de iniciar las negociaciones del Brexit, Reino Unido celebró elecciones anticipadas, una jornada electoral que no se esperaba y que fue convocada a finales de abril cuando Theresa May y el Partido Conservador tenían un diferencial de casi 20% frente al Partido Laborista. Una apuesta que se creyó segura, racional y pragmática de la Primer Ministra, quien no había sido elegida en las urnas y buscaba conquistar una mayor amplitud en el parlamento para reafirmar su mandato frente a Bruselas en las complejas negociaciones del Brexit. No obstante, esta apuesta se convirtió en un fiasco electoral pues perdió la mayoría absoluta y la posibilidad de gobernar en solitario. Fue Jeremy Corbyn, el líder laborista, quien sacó mejor partido. Articuló un fuerte mensaje de rechazo en torno a la austeridad conservadora que encontró eco en los jóvenes que se han mostrado en contra del Brexit, y con ello un retorno al bipartidismo tradicional.

Los resultados electorales de Reino Unido han marcado el inicio del camino de las negociaciones del Brexit con Bruselas, y el tipo de país que serán después de este histórico desenlace. Incluso, esta jornada electoral definió las relaciones del Reino Unido con el mundo pues sellarán la estrategia de relaciones económicas y comerciales con terceros países, a propósito de diversificar su política exterior y voltear su mirada hacia otros polos del poder mundial. Por ahora la aritmética política de Theresa May con el Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte pretende dar la sensación de un buen comienzo en las negociaciones del Brexit. Un tema por demás complejo en relación a los problemas de fronteras, especialmente el que se genera entre Irlanda del Norte (perteneciente a Reino Unido) y la vecina República de Irlanda. Además, no olvidemos que los norirlandeses votaron a favor de permanecer al interior del bloque europeo en el referéndum que se celebró el 23 de junio del año pasado.

La visión rijosa y dura de Theresa May tendrá que ceder para darle cabida a un Brexit más suave o flexible, quizá en imitar el caso de Noruega o Suiza como socios parciales de la UE, que vale la pena destacar, lleva un año preparando el Brexit. Mientras, Reino Unido no ha podido definir cómo salir del bloque comunitario. Una ventaja para la UE, sí, pero el proceso está apenas comenzando y las intenciones de May han sido muy claras. Las negociaciones anticipan dolores de cabeza, grietas y descalabros, un escenario mucho más difícil para Theresa May –inclusive a nivel local pues ahora los escoceses buscarán un nuevo referéndum independentista. El gobierno británico que tenía como propósito principal salir del mercado único europeo y negociar simultáneamente un acuerdo comercial con la UE, ha cedido a la demanda europea de acordar el divorcio primero y después discutir la futura relación. Negociaciones sobre aranceles, política comercial, tránsito de personas, el control de la frontera con Irlanda del Norte y el cobro de la salida que pudiera llegar a 100 mil millones de euros, han sido los temas más espinosos dentro del intercambio político.

Hard-Brexit-UK-650x360

Fuente: Daily Reckoning

Es Bruselas quien llega con una posición de mayor fortaleza frente al gobierno de Theresa May, pues la Unión Europea tiene como objetivo principal encarecer al máximo la salida del Reino Unido, a propósito de evitar una desbandada o efecto domino entre sus países. En efecto, la victoria contundente de Emmanuel Macron en Francia deprecia el mandato británico frente a una Unión Europea que se reinventa en manos del eje franco-alemán y la mancuerna de liderazgos Merkel-Macron. En este historia turbulenta, las cosas hubieran sido del todo diferentes si la ultraderechista, xenófoba y antieuropea Marie Le Pen hubiera ganado las urnas en Francia. En dicho caso, Reino Unido hubiera llegado mucho más fortalecido a la mesa de las negociaciones.

El Brexit ha generado grietas y divisores entre las naciones que conforman el Reino Unido, un escenario que se ha podido palpar en los partidos políticos que han asumido distintos posicionamientos en torno a la desvinculación con la Unión Europea. ¿Reino Unido o Reino Desunido? La quinta economía del mundo puede quedar atrapada entre dos mundos, sin pertenecer a la Unión Europea y sin poder firmar un TLC con EE.UU cuando priva la lógica nacionalista, localista, nativista y proteccionista en Washington. Estemos pendientes de lo que sucede con este país integrante del G7, G20 Y LA OTAN y que además cuenta con capacidad nuclear.

 

 

México, Venezuela y la OEA

Por primera ocasión en su historia, México hospedará la Asamblea General de la OEA del 19 al 21 de junio en Cancún, una cita de alto calibre para la diplomacia mexicana que no puede desvincularse de tres hechos significativos: la llegada de la furia populista a Washington con  Donald Trump en la Casa Blanca, el retiro de Venezuela de la OEA que ha generado un parteaguas político al interior de la organización y el vacío que ha dejado Brasil en la política hemisférica por sus problemas internos y los reclamos de ponerle fin a la presidencia dudosa de Michel Temer.

En este camino no exento de dificultades, México ha buscado inscribir a la OEA en el carril de la vanguardia para sacudirse del contexto de la Guerra Fría e insertarla bajo los nuevos condicionantes que impone el siglo XXI. El camino de la actualización y renovación que se torna más complejo a la hora de lidiar con los divisores políticos, económicos e ideológicos que se palpan entre los países que conforman la Alianza del Pacífico y el Mercosur, así como el surgimiento de otros organismos regionales que perfilan la arquitectura continental sin la participación de Estados Unidos y Canadá. Pese a que México ha defendido políticamente a la organización, su proceso de revitalización y encabezó el esfuerzo de definir su visión estratégica, el organismo hemisférico llega muy debilitado a Cancún, no solamente por las disensos políticos sino por el financiamiento austero y deficiente que prevalece en la organización, pese al incremento de 3% de las cuotas para el año 2017.

Ver más…

La presidencia italiana del G7

En su reciente viaje internacional, Donald Trump hizo dos paradas claves en Europa, asistió a la cumbre extraordinaria de la OTAN en Bruselas y a la Cumbre del G7 en Sicilia, Italia, esta última para reunirse con los líderes de las siete economías más industrializadas del mundo, y que representan el 10.3% de la población mundial y el 32.2% del PIB global, según estimaciones de la OCDE. Un espacio informal pero privilegiado de contacto entre tomadores de decisiones, cuya utilidad permite abordar los problemas más apremiantes del mundo en los desafíos de la gobernanza económica global y en las amenazas de la seguridad internacional.

En su reunión en Taormina, Italia delineó una agenda temática que estuviera cruzada con la necesidad de conquistar una confianza renovada en Occidente. Los ciudadanos que escalan sus dudas en torno a la capacidad de gobernar en materia de seguridad, economía y desarrollo sostenible. En efecto, la presidencia italiana basó sus discusiones en tres pilares: la seguridad ciudadana -relacionada con los conflictos internacionales y la sacudida de las fronteras por la crisis de migrantes y refugiados; la sostenibilidad económica y la reducción de la desigualdad, así como la innovación, que consideran el nuevo catalizador de la prosperidad mundial y el crecimiento inclusivo.

En este encuentro se estrenaron cuatro caras nuevas: Donald Trump, Theresa May, Emmanuel Macron y Paolo Gentiloni: los primeros dos liderazgos, producto del grito nacionalista, populista y nativista que enfrentan los intereses de una Europa unida e integrada –los proeuropeístas Emmanuel Macron y el primer ministro de italia. Justamente, Paolo Gentiloni puso el dedo en el renglón sobre los impactos adversos que pudiera tener para la economía internacional la tentación proteccionista y dejar en vilo el proceso de descarbonización de la economía global.

No obstante, en la mesa de discusiones del G7 no se puede obviar la globalización dispar y asimétrica que han comandado los países más avanzados del mundo. Una globalización que ha socializado pérdidas y concentrado beneficios en las más altas capas sociales y que no se puede disociar del cambio tecnológico y cultural de las últimas décadas. Las brechas que separan a los países del Norte con las naciones del Sur se han ensanchado, una fuente disruptiva que puede convertirse en una amenaza a la seguridad y estabilidad internacional. Este encuentro anual que no tiene carácter vinculante ni obligatorio para sus acuerdos debe considerar dentro de su toma de decisiones los correctivos para enderezar una globalización que ha generado perdedores y víctimas.

g7logo450

Logo de la presidencia italiana del G7. Fuente: g7italy.it

Vale la pena comentar que la composición del G7 refleja una correlación de fuerzas que ya no existe y que está superada por la negativa de (re)integrar a Rusia y China, dos nodos clave del engranaje internacional. Con una representatividad muy cuestionada y con la divisa de la exclusión, este club de toma de decisiones no incluye a las economías emergentes dentro de su trazo institucional. ¿Acaso se pueden tomar decisiones efectivas y de gran calado a favor de Occidente cuando se excluye a China y se desinvita a Rusia?

El mundo ha cambiado. De un eurocentrismo puro nos hemos transportado al siglo de Asia-Pacífico donde China tiene un rol hegemónico que desplegar. El nuevo balance del poder global debe traducirse en la construcción de instituciones que reflejen la naturaleza cambiante del orden internacional y de los nuevos intereses que se fraguan al calor del mundo multipolar. La gobernanza internacional en la era de la globalización debe pasar por el reto de actualizar las instituciones, las entidades colectivas que no sólo deben emanar de Occidente sino del mundo Oriental. Esta lección la ha aprendido muy bien China con la creación del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (BAII) que ha recibido una respuesta tibia por parte de Estados Unidos y la necesidad de modificar el sistema de cuotas del BM o el FMI.

Los desbarajustes de la gobernanza mundial obligan a favorecer foros más representativos de toma de decisiones. Ahí se apunta el G20, el grupo que engloba alrededor del 80%  PIB mundial. No olvidemos que con la expulsión de Rusia del g8 y la pujanza de las economías emergentes que no se incluyen en este grupo, el G7 ha decaído en su participación y aportación económica al mundo: cada vez representan un pedazo más chico del pastel internacional. Por otro lado, tengamos en cuenta que la unidad del G7 está en vilo: la política comercial y climática encuentra distintas posiciones entre Trump y el mundo occidental, esto orilla a acrecentar la debilidad del G7, porque en su seno le cuesta mucho trabajo confeccionar una sola voz en el escenario global.

Finalmente, el factor Rusia fue otro tema que moduló las conversaciones en el seno del G7, este grupo informal que comentó sobre los vericuetos de Vladimir Putin, su estrategia geopolítica y sus andanzas en Ucrania, Crimea, Georgia y hasta Montenegro, éste último donde hubo un golpe de Estado fallido – y que acusa a Rusia de haberlo orquestado durante la celebración de elecciones legislativas en octubre del año pasado- y que recién ingresó a la OTAN. Recordemos, que la política exterior expansionista de Vladimir Putin está relacionada con la intrusión de Europa en Ucrania y la política de globalizar y ampliar la OTAN hacia Europa del Este, justo cuando se pisa los talones del cinturón de seguridad ruso.

Pese a los esfuerzos de Japón de reincorporar a Rusia dentro del redil del G7, esta aspiración ha sido bloqueada por la actitud irreverente de Vladimir Putin, el líder que ha sabido defender con uñas y dientes su zona de influencia y jugar con maestría a la geopolítica global, pese a violar flagrantemente el Derecho Internacional. El propósito de Occidente de marginar a Rusia de la toma de decisiones globales debe leerse con todo cuidado, porque Moscú es un actor clave de Euroasia y un líder muy influyente en el convulso Medio Oriente. ¿Podrá prescindir el mundo occidental de Rusia cuando hablamos de paz y seguridad internacionales? Tan solo contener la guerra en Siria y detener el flagelo del terrorismo internacional se torna casi impensable sin la cooperación de Moscú. Rusia es una pieza central para dirimir conflictos internacionales y sortear apuros regionales que preocupan al mundo occidental.

Alcanzar un compromiso constructivo entre Rusia y Occidente no se antoja tarea fácil ni de corto plazo. La participación de Rusia en los espacios occidentales ha sido cancelada y echada del grupo de países con mayor presencia política y económica internacional. Aunque Rusia todavía participa en el seno del G20, no olvidemos que esta institución -mucho más representativa que el G7- está coja de abordar los desafíos crecientes en materia de seguridad internacionales, ahí se apunta la guerra y los golpes bajos en materia cibernética, y la intrusión rusa en las campañas electorales en EE.UU. y Francia.

Comicios en Irán: ¿la reelección de Hassan Rouhani?

 

La República Islámica de Irán celebra elecciones el 19 de mayo, una cita para elegir al presidente, los consejos municipales y la mitad del Consejo de Guardianes de la Revolución, la célula que supervisa las elecciones, evalúa a los candidatos y rechaza postulaciones como aquella del expresidente Mahmud Ahmadineyad y su hombre más cercano: Hamid Baqai. De un total de 1,637 precandidatos, el Consejo de Guardianes aprobó seis candidaturas oficiales en las cuales no figuró ninguna mujer y en la que declinó de última hora, Mohammad Baqer Qalibaf, el alcalde de Teherán, quien quedó en segundo lugar en las elecciones presidenciales del 2013, a propósito de favorecer el liderazgo de Ebrahim Raisi.

El espectro político de Irán está disputado por fuerzas conservadores y principalistas, que luchan contra un conglomerado de voces más reformistas y moderadas que encabeza el actual presidente Hassan Rouhani. Entre los candidatos de línea dura se perfila Ebrahim Raisi, quien lidera la fundación caritativa más poderosa de Irán y que puede disputar no sólo el cargo del presidente, sino del mismo líder o guía espiritual,  hay que recordar que el Ayatola Ali Jamenei, quien cumplirá 78 años de edad, se rumora padece de un cáncer terminal. Es decir, Irán también se está preparando para atestiguar la próxima sucesión del líder religioso y máximo decisor en materia de política exterior, seguridad, defensa e inteligencia.

Recordemos que el sistema político iraní es un híbrido de instituciones electas y no electas que privilegian en conjunto la supremacía del Ayatolá -conocido como Velayat-e faqih. Se trata de un sistema complejo de balances y contrabalances que hilan este régimen teocrático donde encuentra eco la simbiosis del poder político y el poder religioso, la hegemonía que ejercen los clérigos y juristas islámicos sobre los creyentes. Precisamente, otra de las grandes tareas del Ayatola es mediar, conciliar y alternar el poder entre las dos corrientes políticas que surgieron desde la Revolución Islámica en 1979.

1d809efd-8a60-4777-863f-d0b0cce55098

Fuente: Press TV

Bajo el juicio de las urnas existen dos elementos que están jugando un papel clave en las preferencias políticas: la situación económica y el pacto nuclear firmado entre Irán y Occidente. Después de Arabia Saudita, Irán es la segunda economía más grande de Medio Oriente y con un peso demográfico significativo de alrededor de 80 millones de personas. Pese al paquete de sanciones económicas, financieras y comerciales que llevaron al país por el camino de la contracción, el alivio de las sanciones todavía no es palpable para la mayoría de la población, una de las grandes críticas que se cierne en torno al proyecto menos radical y extremista de Hassan Rouhani al tiempo de reinsertar a Irán en los circuitos mundiales. Entre sus logros más emblemáticos se coloca el crecimiento económico de más del 6% y la contención de la inflación a un solo dígito, mientras que el desempleo galopa junto con una falta de oportunidades hacia los jóvenes.

El presidente Rouhani, quien utiliza la normalización de las relaciones con Occidente su principal carta de juego político para conquistar la reelección le ha faltado tiempo para probar a la sociedad los beneficios de haber pactado con EE.UU. y otras potencias mundiales sobre su programa nuclear. Asimismo, el panorama se torna más complejo con la divisa de la incertidumbre que prevalece en la Casa Blanca ante la llegada de la furia populista encarnada en la figura de Donald Trump, el presidente de EE.UU; quien colocó a Irán dentro del veto migratorio y amenaza con desbaratar el programa nuclear, pese a los méritos de la negociación. Precisamente, una prueba de misil de largo alcance llevada a cabo por Irán en febrero del 2017, encendió el malestar en Washington, la capital de la Unión Americana que respondió con sanciones.

Irán es una potencia regional en ascenso. Su legado imperial, su posición geográfica, el peso de su demografía y sus cuantiosos recursos naturales –petróleo y gas- al igual que sus atributos religiosos la colocan como el máximo referente de la hegemonía chiita en el mundo musulmán. Sus fuentes del poder se extrapolan con el apoyo que recibe Bashar al Assad en Siria, los insurgentes hutíes pertenecientes a la rama chiita del islam en Yemen, Hezbollah en Líbano, Hamas en Palestina y los chiitas en Iraq.

 

 

 

 

VIII Aniversario de Vértice Internacional

Con una mirada clavada en el mundo, Vértice Internacional cumple ocho años de transmisiones en el Canal del Congreso, un programa que se ha consolidado como un referente para el estudio y análisis del acontecer mundial y sus impactos para México. Con el compromiso de identificar las claves que definen el entorno internacional, el programa ha concentrado su interés en los juegos geopolíticos globales, los desvelos de la gobernanza económica internacional, los retos del desarrollo sostenible, la trama política en América Latina y las relaciones de México con el mundo.

De una serie inicial de 13 programas, Vértice Internacional ha compartido en las pantallas de televisión 385 estrenos y más de 900 entrevistas especializadas en asuntos internacionales, un acervo que la colocan como una de las series más emblemáticas de producción original del Canal del Congreso. Un reconocimiento a la labor que hemos realizado fue el galardón que recibimos en 2015, el Premio Nacional de Locución “Jacobo Zabludovsky” en la categoría de reportaje y análisis de la geopolítica global.

vc3a9rtice-internacional-e28093-premio-nacional-de-locucic3b3n-2015.jpg

Con la ayuda de expertos, Vértice Internacional trae cada semana entrevistas con diplomáticos, funcionarios, legisladores, académicos, periodistas y activistas nacionales e internacionales que nos reseñan datos, hechos e historias que desmenuzan los temas políticos, económicos, sociales, ambientales y de seguridad, a propósito de comprender la realidad internacional que impacta la toma de decisiones.

El programa que busca desarrollar un periodismo vinculado al mundo académico y que utiliza la coyuntura como una invitación para realizar un ejercicio más analítico, crítico y profundo se ha convertido en un traje a la medida para explicar los hechos que ocurren en el escenario global y regional. México ya no puede permanecer ajeno del mundo que lo incide, lo afecta y lo impacta. Este es un programa para zafarnos del provincianismo que nos ha caracterizado históricamente en aras de acreditar nuestro rol y posición en el mundo.

Síganos cada martes a las 21 hrs, y en retransmisión los sábados a las 19 hrs., por el Canal del Congreso. Canal 45.1 de la señal abierta; 45 de Izzi, Axel y Totalplay; y 145 de Sky, Dish y Megacable.

México y Polonia: una relación en ascenso

Polonia, un país colocado al centro de Europa no puede esquivar su pasado dramático ni las lecciones trágicas de su historia. Su posición geográfica entre Alemania y Rusia selló el destino de un país altamente codiciado por los intereses de las potencias globales.

Recordemos que Polonia desapareció del mapa político como consecuencia de la partición de su territorio entre Prusia, Rusia y Austria al tiempo de recuperar su independencia hasta el año 1918. Bajo el reto de reunificar a sus regiones que formaron parte de tres países, pronto los polacos se enfrentaron a los nuevos designios geopolíticos que trazaron Hitler y Stalin: la invasión a Polonia por la Alemania nazi y el totalitarismo ruso cuando comenzaba la Segunda Guerra Mundial.

Polonia, un país donde los elementos del pasado y la memoria  histórica se convierten en fuentes de identidad colectiva logró sellar su transición democrática en 1989, el vértice de la transformación política de Europa del Este y el disparador de la caída final del comunismo. Bajo la firme intención de blindarse del tutelaje ruso y acreditar su posición geográfica como país puente entre Europa Occidental y Europa Oriental, pronto Varsovia inclinó el péndulo geopolítico hacia la Alemania integrada a la Unión Europea (UE). Dieciocho años después de su ingreso a la OTAN y a trece de formar parte del club comunitario, Polonia ha dado un salto cuántico en materia política, económica y social.

Para la Bruselas comunitaria, Varsovia adquiere mayor peso y talla en asuntos de seguridad y fronteras. Su vecindad con Ucrania y su anuencia de establecer una base del escudo antimisiles de la OTAN compaginan con el deseo de Estados Unidos de convertirla en el centro de operaciones militares de Europa Central. Asimismo, Varsovia lidera el grupo Vizegrado, el país más grande en extensión y población que Hungría, República Checa y Eslovaquia y cuya economía representa la sexta de la UE. Pese a que este grupo regional busca incrementar su influencia frente a Bruselas, las discrepancias se dejan sentir, mientras que Polonia se asienta en Alemania, Hungría se acerca a la Rusia de Vladimir Putin, una política de coqueteo que genera desconfianza en el seno de la OTAN y Estados Unidos.

polonia1.jpg

Perno de la bandera del mapa de Polonka. ©Sjankauskas |Dreamstime.com

Polonia hizo la tarea y se convirtió en el país con el mayor crecimiento económico dentro de las naciones que integran la OCDE. Ha sido el más grande beneficiario de los fondos de cohesión social entregados por Bruselas. Durante el periodo 2014-2020 se
habrán repartido cien mil millones de euros, capital que ha sido gestionado con disciplina en proyectos de infraestructura, conectividad e innovación. El arte de distribuir se siente en la revitalización de la ciudad de Lódz, el Parque Tecnológico de Inversión en Cracovia dedicado a apoyar incubadoras, start ups y a pequeñas y medianas empresas, así como el Pendolino o tren rápido que obtuvo el 22% de financiamiento europeo.

Ahora el quehacer más retador será mantener el ritmo de crecimiento sostenido y evitar una contracción cuando deje de recibir fondos de nivelación por parte de Bruselas. Recordemos, que Polonia fue el único país de la UE que no entró en recesión como consecuencia de la crisis financiera del 2008, una hazaña que la blindó de sus pares comunitarios como producto del dinamismo de su mercado interno, sector exportador y por no haber ingresado al euro. Sin embargo, el Brexit y la Europa a múltiples velocidades podrá traducirse en un golpe para aquellos países que han rechazado adoptar la moneda común, naciones más vulnerables de ganar estigma como periféricas.

Polonia, al igual que México, es país bisagra y nodo de conexión. Dentro de su patio regional, ambos han tenido que lidiar y sortear a sus países vecinos que son superpotencias. Pese a que la relación bilateral no refleja las dimensiones de nuestros países como jugadores clave dentro de sus respectivos continentes ahora compartimos un timing que puede potenciar el proceso de convergencia. Después de haber digerido las directivas europeas y el marco jurídico y regulatorio que impone Bruselas, Varsovia ha decidido buscar mercados extraeuropeos que le ayuden a diversificar su comercio que lo anclan a la UE y Alemania. Por su parte, México está viviendo un momento de inflexión con la llegada de la furia populista a Washington que la obliga a girar su mirada hacia mercados no tradicionales.

27732

Fuente: Invest in Poland.

El próximo año, cuando Polonia celebre los 100 años de su independencia también se cumplirán los 90 años de las relaciones México-Polonia. Para nuestro país, Polonia deberá ser la puerta de entrada a Europa Central, Europa del Este, pero también a la región euroasiática, una plataforma para llegar a terceros países desde su territorio considerando el más alto nivel de interlocución que Varsovia practica con las exrepúblicas soviéticas. Con la visita de Estado del presidente Andrzej Duda a México se incrementan las posibilidades para empoderar una relación en ascenso. En este marco se inaugurará una oficina de promoción comercial, se solicitará nuestro apoyo para que la ciudad de Lódz se convierta en la sede de la Expo 2022 y Polonia se convierta en miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU para el bienio 2018-2019.

*Este texto fue originalmente publicado en el diario Excélsior el 18 de abril de 2017: http://www.excelsior.com.mx/opinion/opinion-del-experto-nacional/2017/04/18/1158242

Una elección que puede echar para atrás la Francia de los ideales.

 

El desenlace electoral en este país, con una posible segunda vuelta, sellará el futuro de la Europa pos-brexit y del club de los 27.

En el marco del 60 aniversario del Tratado de Roma y de las negociaciones sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), Francia celebra elecciones cuando está en juego el rumbo y futuro del club comunitario. Un momento de grandes definiciones para París y Berlín, el eje franco-alemán que está llamado a relanzar el proyecto europeo conforme al Libro Blanco que presentó de manera reciente la Comisión Europea.

Con un discurso sectario y profundamente nativista se pone cuestión el proyecto identitario de la UE. El orden liberal que prevaleció tras el fin de la Segunda Guerra Mundial se está resquebrajando al calor de la Europa de la defensa, el cierre de fronteras y el credo antiglobalización. Precisamente, Marine Le Pen, la candidata del Frente Nacional encarna el peligro populista y nacionalista que puede echar para atrás la Francia de los ideales: la cuna de la libertad, el progreso y el respeto a los derechos humanos …

ver más