Venezuela, en la órbita geopolítica global

La crisis política en Venezuela opera simultáneamente en distintos niveles y dimensiones. Despliega un alcance internacional, regional y nacional y no se puede despegar del espacio geopolítico y geoeconómico por los intereses que han destilado las potencias centrales. Desde hace varias décadas -con excepción de Cuba- ningún país latinoamericano había adquirido tanta notoriedad en el teatro de la geopolítica global como lo hace ahora Venezuela, el acorralamiento entre los cálculos estratégicos de la política exterior de Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping.

La nación andina que amaneció bicéfala con dos presidentes – Juan Guaidó y Nicolás Maduro-, dos congresos – la Asamblea Nacional y la Asamblea Nacional Constituyente- y con una lista de países que se colocaron en bandos contrarios ha desafiado la aritmética convencional del conflicto, un hervidero atenazado por la crisis política, económica, institucional, humanitaria y de sus relaciones con el exterior. No pasemos por alto la Venezuela expulsada del Mercosur, desinvitada de la Cumbre de las Américas en Perú y su salida anunciada de la OEA.

El nuevo pasaje de la crisis política en Venezuela tocó las puertas del Consejo de Seguridad. En la reunión del pasado 26 de enero se evidenció la crispación entre los cinco países ganadores de la Segunda Guerra Mundial y miembros permanentes de la máxima instancia de seguridad internacional.

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Juan Guaidó: entre legitimidad e incertidumbre.

En el marco de las protestas de la oposición que gritan la destitución del presidente Nicolas Maduro, y en el marco del sexagésimo primer aniversario del derrocamiento de una dictadura militar, Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional se declaró Presidente Interino.

Aunque se trate de una movida arriesgada considerando la lealtad de algunas facciones del ejército con Maduro y del férreo control del Poder Judicial por parte del gobierno, cobra más fuerza tras el reconocimiento que Donald Trump le ha dado.

De esta manera la condena internacional, que ya hundía al gobierno de Maduro, complica mucho más la escena política en Venezuela por los riesgos de una presidencia bicéfala. A Estados Unidos le siguió el reconocimiento de Luis Almagro y seguramente de otros Jefes de Estado del G-7, G-20 y de América Latina.  México distanciado ideológicamente del Grupo de Lima y con un gobierno de izquierda enfrentará un gran dilema.

Todo apunta a que el gobierno de AMLO acreditará la visión principista de la política exterior de México del siglo XX y buscará mayores espacios de autonomía frente a Washington. El regreso al pasado es el nuevo sello de la política exterior y Venezuela le da una oportunidad al gobierno de refrendarlo.

El ‘ticket’ electoral en el mundo en el 2019

El año que inicia presenta una jornada tupida de elecciones en el mundo, el relevo de jefes de Estado y Gobierno que tendrán lugar en los cinco continentes del orbe. A simple vista y desde el punto de vista geopolítico no será un año de gran relevancia electoral porque ninguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU celebran elecciones –por el momento se descartan elecciones anticipadas en Reino Unido, después de la moción de censura que Theresa May superó el pasado 16 de enero, tras la derrota mayúscula que sufrió en el Parlamento debido al acuerdo del brexit pactado con Bruselas.

Dentro del G-7, Estados Unidos, Alemania, Italia, Francia y Japón celebraron elecciones recientemente. En el caso de China, Xi Jiping fue reelecto durante el 19º Congreso del Partido Comunista en 2017 y meses después se habilitó la reelección indefinida. El país faltante, Canadá, sí celebra elecciones este año, cuyo primer ministro Justin Trudeau busca la reelección en un contexto de repunte conservador. Recordemos que Ontario -la provincia más numerosa de Canadá y la que abriga a la capital Ottawa y la ciudad de Toronto-, ganó en los comicios generales del 7 de junio del 2018, después de 15 años de gobiernos liberales y Quebec giró a la derecha, alejándose de la causa independentista, tras la victoria de la Coalición Avenir Quebec (CAQ).

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Presentación del libro “70 Elecciones en el mundo (2012-2017) diálogos entre expertos” en el marco de la FIL Guadalajara 2018

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Hoy fue un día muy emocionante. En el marco de la FIL Guadalajara presenté el libro ”70 elecciones en el mundo (2012-2017), diálogos entre expertos”, una coedición entre el Canal del Congreso y el Instituto Nacional Electoral (INE). Participaron el Consejero Electoral Enrique Andrade, y Marco Arellano, director de difusión de la Dirección Ejecutiva de Capacitación Electoral y Educación Cívica – INE.

Como autora y compiladora de esta obra electrónica tuve la oportunidad de compartir los hallazgos y las conclusiones de la obra, tras observar más de 70 procesos electorales en los cinco continentes del mundo.

Las elecciones son un momento de síntesis nacional donde se plasman las vinculaciones entre la política, economía, sociedad, cultura y la psicología individual y social. Aunque son un acto eminentemente local y nacional están inscritos dentro de un contexto regional e internacional.

Este ebook es una invitación para analizar a México desde el lente externo, pues el mundo nos alumbra también sobre nuestro andar democrático, relaciones políticas, cultura cívica y sistema de partidos, entre otras referencias y comparativos.

Les comparto la liga correspondiente para que puedan consultar esta obra.

Descarga: http://bit.ly/EleccionesCC

Los desafíos en política exterior en la era AMLO

Las elecciones del pasado 1 de julio sellaron un cambio de era en México. La llegada por primera ocasión en la historia de un partido político de izquierda a la Presidencia de la República conllevó un mensaje contundente e irreversible: no al PRI, no al bipartidismo y no al estatus quo.

En esta fecha histórica no solamente se jugó la presidencia, la totalidad del Congreso, distintas gubernaturas, congresos estatales y miles de puestos de elección popular, sino la relación de México con el mundo. Los resultados electorales también cimbran el rumbo de la diplomacia mexicana y el alcance de la política exterior, un referente que generalmente pasa desapercibido a la hora del juicio de las urnas.

La construcción del futuro de México requiere revisar su relación con el mundo y preguntarse sobre los desafíos, amenazas, dilemas y grandes oportunidades que podemos extraer para nuestro beneficio. Los mexicanos no le damos importancia a la relación de México con el mundo, contamos con una escasa cultura internacional y actuamos de forma provinciana y ombliguera en medio de la dinámica desplegada por la globalización, interdependencia y la cuarta revolución industrial.

Siendo un país miembro del G20 y contando con 12 TLC con más de 46 países, geografía envidiable, capital humano y enormes recursos naturales, no hemos definido nuestro rol en la escena internacional. ¿Qué somos y qué queremos ser en el siglo XXI? ¿Deseamos ser potencia media y país líder en América Latina? ¿Aspiramos a colocarnos como nación-puente entre el Atlántico y el Pacífico? ¿Nuestra mirada debe concentrarse en el Norte o Sur? ¿En qué temas buscamos posicionar una voz robusta en la agenda multilateral? ¿Cuáles son los intereses que deben guiar nuestra relación con China y Rusia? En fin, una cascada de cuestionamientos ante el pensamiento limitado y acotado de México frente al mundo.

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Fuente: Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

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El G20 en Argentina: entre jaloneos y y divisores

Este 2018 es un año importante para el G20, se cumplen los 10 años de aquella primera reunión de líderes celebrada en Washington y que tuvo como objetivo principal asegurar mayor coordinación entre las potencias centrales para evitar caer en nuevos desbalances económicos, después de la crisis financiera 2007/2008 que desembocó en una gran depresión global y en la necesidad de reformar la arquitectura del sistema financiero internacional tomando en cuenta el mundo multipolar y el mayor peso y talla de las economías emergentes. Desde entonces, y bajo un nuevo equilibrio del poder económico mundial, el G20 se ha convertido en un espacio privilegiado para sincronizar las políticas más importantes en materia de gobernanza económica global, aunque no tenga carácter vinculante.

Pese a la diversidad de agendas, intereses y posicionamientos, el G20 ha demostrado ser un foro eficaz: ha logrado evitar una nueva crisis financiera global, promover mayor equidad en la tributación internacional y coordinar políticas monetarias, fiscales y estructurales entre países avanzados y emergentes. Además, con la inclusión de otros temas (cambio climático, Agenda 2030, antiterrorismo, etc.), se ha consolidado como un organismo más representativo e inclusivo que el G7 y más práctico en la toma de decisiones que Naciones Unidas, la máxima instancia multilateral que vive un desprestigio mayúsculo por el asedio de la diplomacia nacionalista y unilateralista de Donald Trump. No obstante, el actual contexto internacional dificultará los consensos debido a las rivalidades geopolíticas entre países centrales y emergentes que se han impuesto sobre la toma de acuerdos. Precisamente el G20 está viviendo el mayor desafío desde su historia porque la arquitectura política y económica que dio gobernanza histórica está en cuestionamiento.

Hace un par de semanas, durante la conmemoraron de los 100 años del fin de Primera Guerra Mundial, se palparon públicamente las divisiones antagónicas entre Occidente: Donald Trump vs Merkel y Macron. Las rivalidades son muchas entre el mundo abierto, multilateral e incluyente frente al mundo cerrado, supremacista y autoritario. Cuando el mundo atestigua el quiebre de alianzas al interior del mundo liberal, se presenta un realineamiento de fuerzas al interior del G20: China, Rusia y Turquía, tres países que están desafiando a EE.UU. y que buscan llenar los huecos vacíos dejados en la escena global por Donald Trump. La guerra comercial, el abandondo del Tratado de Armas Nucleares de Rango Medio con Rusia y el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, son temas que saldrán a relucir. Por otra parte, después del fracaso de la Cumbre de APEC de Papúa Nueva Guinea -donde por primera ocasión en la historia no se logró concertar una declaración final-, disminuyen las expectativas de triunfo para el G20.

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Logo oficial de la Cumbre del G20

A la próxima Cumbre del G20 en Argentina le anteceden 84 reuniones de grupos de trabajo, 48 de Sherpas, 28 de ministros de Finanzas y 7 de grupos de compromiso que incluyen a  representantes de la sociedad civil, según lo establece la organización de la misma. Todo un conjunto de actores plurales y diversos para abordar cuatro pilares temáticos: el futuro del trabajo, la infraestructura para el desarrollo, el futuro alimentario sustentable y la perspectiva de género. Todo ello, en el marco de la IV revolución industrial. Pero, como se mencionó, serán los temas antagónicos aquellos que prevalezcan. Se pretende que una reunión bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping llegue a un acuerdo comercial sobre tarifas, cuotas y aranceles; y es que no sólo consiste en resarcir la relación bilateral, detrás de la guerra comercial hay otros temas relacionados con la reforma a la OMC, su mecanismo de solución de controversias y el bloqueo que EE.UU. le está imponiendo a su órgano de apelaciones para no reemplazar a jueces que han terminado o están finalizando su gestión. Por lo anterior, resulta fundamental para los países centrales y economías emergentes que en la Cumbre del G20 se puedan acordar las reglas básicas del sistema comercial del siglo XXI y avanzar en políticas más distributivas de los beneficios de la globalización.

Mientra tanto, Argentina se viste de manteles largos con la celebración de la primera cumbre en Sudamérica, el presidente Mauricio Macri, quien tiene como invitado especial a Chile y Países Bajos y a la comunidad del Caribe representada por Jamaica. Argentina, también será el primer destino latinoamericano que visite Donald Trump como presidente de EE.UU. –Recordemos que el inquilino de la Casa Blanca canceló su participación en la Cumbre de las Américas en Perú -un gesto negativo hacia la region- y visitó México como candidato y no presidente-. Aunque el argentine lleva la voz cantante de las economías emergentes al presidir esta cumbre, su liderazgo se ha deteriorado como producto de la crisis financiera que vive su país y el efecto arrastre de las turbulencias que padecen las economías emergentes.

Para el caso latinoamericano, resultará esencial mostrar un frente común. Con la despedida de Enrique Peña Nieto y Michel Temer –el presidente brasileño que no llegó por el juicio de las urnas- y quizá el adiós de Mauricio Macri el año entrante por la celebración de elecciones presidenciales en Argentina, en esta cumbre se perfilan más antagonismos. El Brasil de Jair Bolsonaro descuidará el Mercosur como prioridad a diferencia del posicionamiento que hace Argentina, quien defiende la negociación comercial en bloque con la UE. Además, la visita que realizará a Chile, antes que Argentina, se ve como un gesto sintomático de estos vientos de cambio en Sudamérica, las nuevas directrices geopolíticas que se abordarán en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico, la contracumbre que se celebrarán en el marco del G20. México, por otra parte, estará enfocado más en el aspecto interno que en una política exterior activa, y en buscar completar el proceso de ratificación del T-MEC tras la conformación del nuevo Congreso en Estados Unidos.

Elecciones intermedias en EE.UU., balance y stamina de Trump a 2020

La cloaca está destapada, el ADN racial en Estados Unidos se ha activado políticamente para sellar un clima de máxima tensión previo a la jornada electoral del 6 de noviembre. En estas elecciones intermedias se juega la totalidad de la Cámara Representantes, un tercio del Senado, 36 gubernaturas –más tres territorios- y la renovación de varios congresos estatales y locales, una jornada que también será de alto calibre para México, América Latina y el mundo.

Alrededor de estas elecciones se abren una serie de interrogantes. Una de las más inquietantes es ¿cómo se verá afectada la matemática electoral después de la caravana migrante, el envío de artefactos explosivos a líderes destacados del Partido Demócrata y la masacre de Pittsburg, considerada el peor ataque antisemita de las últimas décadas en Estados Unidos? A esta lista de desafortunados eventos debemos añadir la decisión reciente de Donald Trump de desplegar tropas estadounidenses en la frontera con México, pese a que por ley se les prohíbe detener a migrantes y desarrollar tareas policiales.

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Brasil, la democracia bajo ataque.

Brasil está en ascuas por el juicio de las urnas y el mundo también. El posible regreso de los militares al poder -vía el voto popular- dotaría de legitimidad a la incivilidad política y al retroceso de las libertades fundamentales en un momento donde las propuestas irracionales, violentas y ofensivas ganan adeptos en el teatro de la política internacional, pero ¿qué está sucediendo al interior del gigante sudamericano que pone a temblar la democracia latinoamericana y favorece el auge de las fuerzas nacionalistas, autoritarias y disgregadoras de la globalización al tiempo de abrirle la puerta al músculo fascista?

Bajo la reconfiguración de un mundo multipolar, Brasil toma relevancia como un nodo geopolítico especial. Se trata de la cuarta democracia más grande del mundo después de India, Estados Unidos e Indonesia, la primera economía de América Latina y un país integrante del G20 y del grupo BRICS, aunado a su aspiración de convertirse en miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a propósito de influenciar de manera directa la toma de decisiones a nivel internacional.

Precisamente, la llamada nación – continente no escapa del desencanto mundial que se ha producido con la fe democrática y la ola de liderazgos antisistémicos que repudian el estatus-quo y la política tradicional.

Bajo este grito, surge Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal (PSL), el llamado Trump brasileño que consiguió más del 46% del voto en la primera vuelta electoral y 52 diputados de 513 en disputa, que de resultar ganador tendría que lidiar con una alta fragmentación del Congreso y un desprestigio del sistema político.

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¿La Carta de defunción del TLCAN?

Después de un año de negociaciones espinosas, sensibles y desafiantes entre México, Estados Unidos y Canadá para actualizar el TLCAN, ha terminado la incertidumbre y los gestos titubeantes para la relación bilateral más importante de nuestro país con el mundo: México y Estados Unidos llegaron a un entendimiento comercial. Un avance muy significativo si calibramos los contextos políticos y económicos que se dieron con la llegada de la furia populista, nativista y proteccionista de Donald Trump, quien supo traducir con astucia su vocación antimexicana y antiinmigrante en votos electorales sumamente rentables en materia política.

Precisamente hace un año, cuando terminaba la primera ronda negociadora y nos enfilábamos hacia la segunda etapa de las conversaciones bajo la consigna de reducir el déficit comercial de Estados Unidos y acabar con el “peor acuerdo comercial jamás pactado”, nadie imaginaba la escalada de agresiones traducidas en la cláusula sunset, las ventanas de estacionalidad agrícola o incluso la posibilidad de elevar los salarios para evitar el traslado de riqueza y empleos a México.

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Daniel Ortega: entre protestas, elecciones y violencia

El gobierno autoritario, dinástico y sin oposición (como atestiguó la elección de 2016) de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo en Nicaragua ha sufrido un revés político mayúsculo con los jóvenes indignados y las protestas sociales que han sacudido el estatus quo y puesto en jaque el carácter personalista del gobierno que ha alargado su estancia en el poder, gracias a la figura de la reelección indefinida y la falta de transparencia y rendición de cuentas en el país más pobre de Centroamérica.

El empresariado, que había formado una alianza con el mandatario, parece gradualmente buscar su remoción y simpatizar con la causa social. Empero, debe recordarse que Ortega sigue manteniendo un férreo control de los tres poderes del Estado, junto con el ejército, la policía y los medios de comunicación, como en su momento lo hiciera el régimen Somocista que él mismo aborreció y derrocó mediante el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Recordemos que Ortega logró consolidar su figura gracias a la bonanza petrolera venezolana que le permitió controlar todos los hilos del poder, brindar asistencia social a la población y pactar con el empresariado. Una vez que Venezuela cortó parte de esta ayuda, los programas sociales se vieron reducidos e incluso se forjó la bancarrota del Instituto de Seguridad Social (ISS) que tras una serie de reformas a los pensionados -incremento del 5% para recibir atención médica y aumento a las cuotas asignadas- provocó malestar y grandes protestas sociales. Bajo la inconformidad se detonó el germen del cambio y se cuestionó la gestión del gobierno encarnada en la pareja presidencial.

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Fuente: lainfo.es

Lo que inició como una protesta pacífica hace cuatro meses se convirtió en un asunto político de gran envergadura. Jóvenes portadores de frescura, liderazgo y sin experiencia política que sembraron la transformación democrática y estimulado la conciencia crítica y colectiva para demandar la salida de Daniel Ortega y la celebración de elecciones anticipadas. Un primer avance fue la participación de la Iglesia Católica como mediador y la creación de la Comisión de la Verdad. Sin embargo, el escepticismo se ha adueñado de los nicaragüenses porque en duda está el carácter autónomo e independiente de dicho órgano, compuesto por legisladores sandinistas.

En su último reporte preliminar, la Comisión de la Verdad actualizó la lista de incidencias a 279 personas fallecidas y más de 2 mil heridos, aunque algunos medios internacionales afirman que hay un mayor número de víctimas. La comisión también dictaminó ampliar hasta la primera semana de noviembre la vigencia de su trabajo, fecha para la cual habrá de empezar a redactarse una nueva reforma electoral, según el cronograma de la OEA. ¿Será esta coyuntura la que obligue a Daniel Ortega a dar un mayor espacio y oxígeno a la oposición y/o cambiar leyes electorales para repartir de manera más equitativa el poder? Probablemente sí; pero bajo reservas. Por lo pronto ha servido como instrumento para no investigarlo penalmente y disminuir la intensidad de las protestas.

Daniel Ortega entrega cuentas favorables en combate a la inseguridad y el blindaje de las drogas y pandillas que ha diezmado a muchos países centroamericanos. Pero a cambio, ha privilegiado la represión de la oposición política, la restricción de la libertad de prensa y el nepotismo, cuya práctica ha favorecido el control completo del ejercicio del poder. Por ende, será difícil que abandone el poder; considerando que la reelección indefinida está habilitada en la Constitución, y seguramente será un punto no negociable al momento de redactar la nueva ley electoral. Por lo que de haber elecciones adelantadas, no es de extrañar que aparezca él o su esposa Rosario en la misma boleta electoral.

Por otra parte, la condena internacional no ha servido de mucho. El proyecto de ley estadounidense “Nica Act”, aprobado por la Cámara de Representantes en 2017 que propone restricciones de créditos de la banca internacional al régimen de Ortega, por corrupción, violaciones a los derechos humanos, y fraudes electorales, aún sigue esperando la aprobación en el Senado. Por otra parte, México, quien fungió como país líder del Grupo de Lima ante el deterioro democrático en Venezuela pudiera haberse erigido en actor mediador en Nicaragua, por nuestra talla diplomática, zona de influencia y posición geográfica, sin embargo la administración entrante de Andrés Manuel López Obrador ha afirmado que se respetará la “autodeterminación de los pueblos”, un principio característico de la política exterior mexicana del siglo XX. Ante el despertar nicaragüense, otros países de América Latina tendrán que llenar el espacio vacío que dejará México.