Presentación del libro “70 Elecciones en el mundo (2012-2017) diálogos entre expertos” en el marco de la FIL Guadalajara 2018

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Hoy fue un día muy emocionante. En el marco de la FIL Guadalajara presenté el libro ”70 elecciones en el mundo (2012-2017), diálogos entre expertos”, una coedición entre el Canal del Congreso y el Instituto Nacional Electoral (INE). Participaron el Consejero Electoral Enrique Andrade, y Marco Arellano, director de difusión de la Dirección Ejecutiva de Capacitación Electoral y Educación Cívica – INE.

Como autora y compiladora de esta obra electrónica tuve la oportunidad de compartir los hallazgos y las conclusiones de la obra, tras observar más de 70 procesos electorales en los cinco continentes del mundo.

Las elecciones son un momento de síntesis nacional donde se plasman las vinculaciones entre la política, economía, sociedad, cultura y la psicología individual y social. Aunque son un acto eminentemente local y nacional están inscritos dentro de un contexto regional e internacional.

Este ebook es una invitación para analizar a México desde el lente externo, pues el mundo nos alumbra también sobre nuestro andar democrático, relaciones políticas, cultura cívica y sistema de partidos, entre otras referencias y comparativos.

Les comparto la liga correspondiente para que puedan consultar esta obra.

Descarga: http://bit.ly/EleccionesCC

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Los desafíos en política exterior en la era AMLO

Las elecciones del pasado 1 de julio sellaron un cambio de era en México. La llegada por primera ocasión en la historia de un partido político de izquierda a la Presidencia de la República conllevó un mensaje contundente e irreversible: no al PRI, no al bipartidismo y no al estatus quo.

En esta fecha histórica no solamente se jugó la presidencia, la totalidad del Congreso, distintas gubernaturas, congresos estatales y miles de puestos de elección popular, sino la relación de México con el mundo. Los resultados electorales también cimbran el rumbo de la diplomacia mexicana y el alcance de la política exterior, un referente que generalmente pasa desapercibido a la hora del juicio de las urnas.

La construcción del futuro de México requiere revisar su relación con el mundo y preguntarse sobre los desafíos, amenazas, dilemas y grandes oportunidades que podemos extraer para nuestro beneficio. Los mexicanos no le damos importancia a la relación de México con el mundo, contamos con una escasa cultura internacional y actuamos de forma provinciana y ombliguera en medio de la dinámica desplegada por la globalización, interdependencia y la cuarta revolución industrial.

Siendo un país miembro del G20 y contando con 12 TLC con más de 46 países, geografía envidiable, capital humano y enormes recursos naturales, no hemos definido nuestro rol en la escena internacional. ¿Qué somos y qué queremos ser en el siglo XXI? ¿Deseamos ser potencia media y país líder en América Latina? ¿Aspiramos a colocarnos como nación-puente entre el Atlántico y el Pacífico? ¿Nuestra mirada debe concentrarse en el Norte o Sur? ¿En qué temas buscamos posicionar una voz robusta en la agenda multilateral? ¿Cuáles son los intereses que deben guiar nuestra relación con China y Rusia? En fin, una cascada de cuestionamientos ante el pensamiento limitado y acotado de México frente al mundo.

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Fuente: Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

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El G20 en Argentina: entre jaloneos y y divisores

Este 2018 es un año importante para el G20, se cumplen los 10 años de aquella primera reunión de líderes celebrada en Washington y que tuvo como objetivo principal asegurar mayor coordinación entre las potencias centrales para evitar caer en nuevos desbalances económicos, después de la crisis financiera 2007/2008 que desembocó en una gran depresión global y en la necesidad de reformar la arquitectura del sistema financiero internacional tomando en cuenta el mundo multipolar y el mayor peso y talla de las economías emergentes. Desde entonces, y bajo un nuevo equilibrio del poder económico mundial, el G20 se ha convertido en un espacio privilegiado para sincronizar las políticas más importantes en materia de gobernanza económica global, aunque no tenga carácter vinculante.

Pese a la diversidad de agendas, intereses y posicionamientos, el G20 ha demostrado ser un foro eficaz: ha logrado evitar una nueva crisis financiera global, promover mayor equidad en la tributación internacional y coordinar políticas monetarias, fiscales y estructurales entre países avanzados y emergentes. Además, con la inclusión de otros temas (cambio climático, Agenda 2030, antiterrorismo, etc.), se ha consolidado como un organismo más representativo e inclusivo que el G7 y más práctico en la toma de decisiones que Naciones Unidas, la máxima instancia multilateral que vive un desprestigio mayúsculo por el asedio de la diplomacia nacionalista y unilateralista de Donald Trump. No obstante, el actual contexto internacional dificultará los consensos debido a las rivalidades geopolíticas entre países centrales y emergentes que se han impuesto sobre la toma de acuerdos. Precisamente el G20 está viviendo el mayor desafío desde su historia porque la arquitectura política y económica que dio gobernanza histórica está en cuestionamiento.

Hace un par de semanas, durante la conmemoraron de los 100 años del fin de Primera Guerra Mundial, se palparon públicamente las divisiones antagónicas entre Occidente: Donald Trump vs Merkel y Macron. Las rivalidades son muchas entre el mundo abierto, multilateral e incluyente frente al mundo cerrado, supremacista y autoritario. Cuando el mundo atestigua el quiebre de alianzas al interior del mundo liberal, se presenta un realineamiento de fuerzas al interior del G20: China, Rusia y Turquía, tres países que están desafiando a EE.UU. y que buscan llenar los huecos vacíos dejados en la escena global por Donald Trump. La guerra comercial, el abandondo del Tratado de Armas Nucleares de Rango Medio con Rusia y el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, son temas que saldrán a relucir. Por otra parte, después del fracaso de la Cumbre de APEC de Papúa Nueva Guinea -donde por primera ocasión en la historia no se logró concertar una declaración final-, disminuyen las expectativas de triunfo para el G20.

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Logo oficial de la Cumbre del G20

A la próxima Cumbre del G20 en Argentina le anteceden 84 reuniones de grupos de trabajo, 48 de Sherpas, 28 de ministros de Finanzas y 7 de grupos de compromiso que incluyen a  representantes de la sociedad civil, según lo establece la organización de la misma. Todo un conjunto de actores plurales y diversos para abordar cuatro pilares temáticos: el futuro del trabajo, la infraestructura para el desarrollo, el futuro alimentario sustentable y la perspectiva de género. Todo ello, en el marco de la IV revolución industrial. Pero, como se mencionó, serán los temas antagónicos aquellos que prevalezcan. Se pretende que una reunión bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping llegue a un acuerdo comercial sobre tarifas, cuotas y aranceles; y es que no sólo consiste en resarcir la relación bilateral, detrás de la guerra comercial hay otros temas relacionados con la reforma a la OMC, su mecanismo de solución de controversias y el bloqueo que EE.UU. le está imponiendo a su órgano de apelaciones para no reemplazar a jueces que han terminado o están finalizando su gestión. Por lo anterior, resulta fundamental para los países centrales y economías emergentes que en la Cumbre del G20 se puedan acordar las reglas básicas del sistema comercial del siglo XXI y avanzar en políticas más distributivas de los beneficios de la globalización.

Mientra tanto, Argentina se viste de manteles largos con la celebración de la primera cumbre en Sudamérica, el presidente Mauricio Macri, quien tiene como invitado especial a Chile y Países Bajos y a la comunidad del Caribe representada por Jamaica. Argentina, también será el primer destino latinoamericano que visite Donald Trump como presidente de EE.UU. –Recordemos que el inquilino de la Casa Blanca canceló su participación en la Cumbre de las Américas en Perú -un gesto negativo hacia la region- y visitó México como candidato y no presidente-. Aunque el argentine lleva la voz cantante de las economías emergentes al presidir esta cumbre, su liderazgo se ha deteriorado como producto de la crisis financiera que vive su país y el efecto arrastre de las turbulencias que padecen las economías emergentes.

Para el caso latinoamericano, resultará esencial mostrar un frente común. Con la despedida de Enrique Peña Nieto y Michel Temer –el presidente brasileño que no llegó por el juicio de las urnas- y quizá el adiós de Mauricio Macri el año entrante por la celebración de elecciones presidenciales en Argentina, en esta cumbre se perfilan más antagonismos. El Brasil de Jair Bolsonaro descuidará el Mercosur como prioridad a diferencia del posicionamiento que hace Argentina, quien defiende la negociación comercial en bloque con la UE. Además, la visita que realizará a Chile, antes que Argentina, se ve como un gesto sintomático de estos vientos de cambio en Sudamérica, las nuevas directrices geopolíticas que se abordarán en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico, la contracumbre que se celebrarán en el marco del G20. México, por otra parte, estará enfocado más en el aspecto interno que en una política exterior activa, y en buscar completar el proceso de ratificación del T-MEC tras la conformación del nuevo Congreso en Estados Unidos.

Elecciones intermedias en EE.UU., balance y stamina de Trump a 2020

La cloaca está destapada, el ADN racial en Estados Unidos se ha activado políticamente para sellar un clima de máxima tensión previo a la jornada electoral del 6 de noviembre. En estas elecciones intermedias se juega la totalidad de la Cámara Representantes, un tercio del Senado, 36 gubernaturas –más tres territorios- y la renovación de varios congresos estatales y locales, una jornada que también será de alto calibre para México, América Latina y el mundo.

Alrededor de estas elecciones se abren una serie de interrogantes. Una de las más inquietantes es ¿cómo se verá afectada la matemática electoral después de la caravana migrante, el envío de artefactos explosivos a líderes destacados del Partido Demócrata y la masacre de Pittsburg, considerada el peor ataque antisemita de las últimas décadas en Estados Unidos? A esta lista de desafortunados eventos debemos añadir la decisión reciente de Donald Trump de desplegar tropas estadounidenses en la frontera con México, pese a que por ley se les prohíbe detener a migrantes y desarrollar tareas policiales.

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Brasil, la democracia bajo ataque.

Brasil está en ascuas por el juicio de las urnas y el mundo también. El posible regreso de los militares al poder -vía el voto popular- dotaría de legitimidad a la incivilidad política y al retroceso de las libertades fundamentales en un momento donde las propuestas irracionales, violentas y ofensivas ganan adeptos en el teatro de la política internacional, pero ¿qué está sucediendo al interior del gigante sudamericano que pone a temblar la democracia latinoamericana y favorece el auge de las fuerzas nacionalistas, autoritarias y disgregadoras de la globalización al tiempo de abrirle la puerta al músculo fascista?

Bajo la reconfiguración de un mundo multipolar, Brasil toma relevancia como un nodo geopolítico especial. Se trata de la cuarta democracia más grande del mundo después de India, Estados Unidos e Indonesia, la primera economía de América Latina y un país integrante del G20 y del grupo BRICS, aunado a su aspiración de convertirse en miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a propósito de influenciar de manera directa la toma de decisiones a nivel internacional.

Precisamente, la llamada nación – continente no escapa del desencanto mundial que se ha producido con la fe democrática y la ola de liderazgos antisistémicos que repudian el estatus-quo y la política tradicional.

Bajo este grito, surge Jair Bolsonaro del Partido Social Liberal (PSL), el llamado Trump brasileño que consiguió más del 46% del voto en la primera vuelta electoral y 52 diputados de 513 en disputa, que de resultar ganador tendría que lidiar con una alta fragmentación del Congreso y un desprestigio del sistema político.

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¿La Carta de defunción del TLCAN?

Después de un año de negociaciones espinosas, sensibles y desafiantes entre México, Estados Unidos y Canadá para actualizar el TLCAN, ha terminado la incertidumbre y los gestos titubeantes para la relación bilateral más importante de nuestro país con el mundo: México y Estados Unidos llegaron a un entendimiento comercial. Un avance muy significativo si calibramos los contextos políticos y económicos que se dieron con la llegada de la furia populista, nativista y proteccionista de Donald Trump, quien supo traducir con astucia su vocación antimexicana y antiinmigrante en votos electorales sumamente rentables en materia política.

Precisamente hace un año, cuando terminaba la primera ronda negociadora y nos enfilábamos hacia la segunda etapa de las conversaciones bajo la consigna de reducir el déficit comercial de Estados Unidos y acabar con el “peor acuerdo comercial jamás pactado”, nadie imaginaba la escalada de agresiones traducidas en la cláusula sunset, las ventanas de estacionalidad agrícola o incluso la posibilidad de elevar los salarios para evitar el traslado de riqueza y empleos a México.

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Daniel Ortega: entre protestas, elecciones y violencia

El gobierno autoritario, dinástico y sin oposición (como atestiguó la elección de 2016) de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo en Nicaragua ha sufrido un revés político mayúsculo con los jóvenes indignados y las protestas sociales que han sacudido el estatus quo y puesto en jaque el carácter personalista del gobierno que ha alargado su estancia en el poder, gracias a la figura de la reelección indefinida y la falta de transparencia y rendición de cuentas en el país más pobre de Centroamérica.

El empresariado, que había formado una alianza con el mandatario, parece gradualmente buscar su remoción y simpatizar con la causa social. Empero, debe recordarse que Ortega sigue manteniendo un férreo control de los tres poderes del Estado, junto con el ejército, la policía y los medios de comunicación, como en su momento lo hiciera el régimen Somocista que él mismo aborreció y derrocó mediante el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Recordemos que Ortega logró consolidar su figura gracias a la bonanza petrolera venezolana que le permitió controlar todos los hilos del poder, brindar asistencia social a la población y pactar con el empresariado. Una vez que Venezuela cortó parte de esta ayuda, los programas sociales se vieron reducidos e incluso se forjó la bancarrota del Instituto de Seguridad Social (ISS) que tras una serie de reformas a los pensionados -incremento del 5% para recibir atención médica y aumento a las cuotas asignadas- provocó malestar y grandes protestas sociales. Bajo la inconformidad se detonó el germen del cambio y se cuestionó la gestión del gobierno encarnada en la pareja presidencial.

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Fuente: lainfo.es

Lo que inició como una protesta pacífica hace cuatro meses se convirtió en un asunto político de gran envergadura. Jóvenes portadores de frescura, liderazgo y sin experiencia política que sembraron la transformación democrática y estimulado la conciencia crítica y colectiva para demandar la salida de Daniel Ortega y la celebración de elecciones anticipadas. Un primer avance fue la participación de la Iglesia Católica como mediador y la creación de la Comisión de la Verdad. Sin embargo, el escepticismo se ha adueñado de los nicaragüenses porque en duda está el carácter autónomo e independiente de dicho órgano, compuesto por legisladores sandinistas.

En su último reporte preliminar, la Comisión de la Verdad actualizó la lista de incidencias a 279 personas fallecidas y más de 2 mil heridos, aunque algunos medios internacionales afirman que hay un mayor número de víctimas. La comisión también dictaminó ampliar hasta la primera semana de noviembre la vigencia de su trabajo, fecha para la cual habrá de empezar a redactarse una nueva reforma electoral, según el cronograma de la OEA. ¿Será esta coyuntura la que obligue a Daniel Ortega a dar un mayor espacio y oxígeno a la oposición y/o cambiar leyes electorales para repartir de manera más equitativa el poder? Probablemente sí; pero bajo reservas. Por lo pronto ha servido como instrumento para no investigarlo penalmente y disminuir la intensidad de las protestas.

Daniel Ortega entrega cuentas favorables en combate a la inseguridad y el blindaje de las drogas y pandillas que ha diezmado a muchos países centroamericanos. Pero a cambio, ha privilegiado la represión de la oposición política, la restricción de la libertad de prensa y el nepotismo, cuya práctica ha favorecido el control completo del ejercicio del poder. Por ende, será difícil que abandone el poder; considerando que la reelección indefinida está habilitada en la Constitución, y seguramente será un punto no negociable al momento de redactar la nueva ley electoral. Por lo que de haber elecciones adelantadas, no es de extrañar que aparezca él o su esposa Rosario en la misma boleta electoral.

Por otra parte, la condena internacional no ha servido de mucho. El proyecto de ley estadounidense “Nica Act”, aprobado por la Cámara de Representantes en 2017 que propone restricciones de créditos de la banca internacional al régimen de Ortega, por corrupción, violaciones a los derechos humanos, y fraudes electorales, aún sigue esperando la aprobación en el Senado. Por otra parte, México, quien fungió como país líder del Grupo de Lima ante el deterioro democrático en Venezuela pudiera haberse erigido en actor mediador en Nicaragua, por nuestra talla diplomática, zona de influencia y posición geográfica, sin embargo la administración entrante de Andrés Manuel López Obrador ha afirmado que se respetará la “autodeterminación de los pueblos”, un principio característico de la política exterior mexicana del siglo XX. Ante el despertar nicaragüense, otros países de América Latina tendrán que llenar el espacio vacío que dejará México.

El verano mexicano en el contexto político latinoamericano

El pasado 1º de julio México atestiguó un tsunami político que habilitó el cambio de régimen por la vía pacífica. Después de 77 años de gobiernos emanados del partido hegemónico y los doce de la alternancia panista, los mexicanos indignados decidieron cambiar el curso de la historia con la llegada, por primera ocasión, de la izquierda bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien dejó boquiabierto a la comunidad internacional por la matemática electoral que conquistó.

Bajo un sentimiento anti-PRI y anti-bipartidista el mensaje fue irreversible para el statu quo y la comunidad de naciones. Precisamente, el triunfo categórico de AMLO nos ensancha los parámetros de legitimidad internacional que tanto necesitamos cuando la imagen de México en el exterior se ha deteriorado y empequeñecido. El diseño institucional nos demostró que la democracia joven, precaria e incipiente y siempre perfectible podía dar un salto cualitativo, a propósito de avanzar hacia el difícil pero más certero terreno de la consolidación.

Este bono histórico y democrático adquirido por México pudiera utilizarse en el terreno de la política regional e internacional en aras de acreditar nuestra autoridad moral que camina descompuesta y cabizbaja por los flagelos de la violencia, inseguridad, impunidad y la riqueza mal habida. Justo ahora, cuando México consigue una mayor estatura democrática dentro del concierto de naciones, la diplomacia mexicana amenaza con regresar a prácticas soberanistas y de bajo perfil que se verán acompañadas de una asintonía de tiempos frente al reloj que marca el ciclo político latinoamericano.

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Colombia: la correlación de fuerzas rumbo al balotaje

Colombia celebró la primera vuelta electoral el pasado 27 de mayo, el pulso político que se midió en las urnas para despedir al presidente Juan Manuel Santos (JMS), quien gobernó durante ocho años y entregó la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno y las FARC que puso fin a 52 años de conflicto armado y a una matemática que arrojó 220,000 muertos, 25,000 desaparecidos y más de cinco millones de desplazados, según Amnistía Internacional. Una paz imperfecta que encuentra en el balotaje del próximo 17 de junio una encrucijada definitoria: avanzar con el proceso de implementación o meter reversa para rectificar lo que ha sido considerado una victoria histórica y soprendente para la comunidad internacional.

Al igual que la métrica política latinoamericana, JMS se despide de la Casa de Nariño con amplios índices de rechazo e impopularidad. No escapa a las tendencias de Enrique Peña Nieto en México (EPN), Horacio Cartés en Paraguay o Michel Temer en Brasil. El galardonado Premio Nobel de Paz, quien no encuentra reinvindicación al interior de Colombia porque la paz no empata con el respaldo social, genera resistencias e imposibilita la esperada reconciliación.

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IX Aniversario de Vértice Internacional

Vértice Internacional es un programa que analiza con ayuda de diplomáticos, académicos, legisladores, funcionarios, periodistas y activistas el acontecer mundial y sus impactos para México. Sus ejes temáticos examinan los desafíos de la seguridad colectiva global, los dilemas de la gobernanza económica, las elecciones clave para la política internacional, los retos del desarrollo sostenible, los asuntos de cooperación, así como el uso de tecnologías en las Relaciones Internacionales.

En cada emisión se pregunta por el acomodo de actores, los intereses en juego, la agenda de temas, las cuotas de poder y los costos en la toma de decisiones internacionales. Por ello el programa se ha convertido en un referente analítico de la política internacional, marcando una pauta en las cuestiones más importantes de la actualidad. Pese a la existencia de espacios dentro de la oferta informativa mexicana que dan cuenta de los asuntos globales, ninguno con la constancia y profundidad de Vértice Internacional.

De una serie inicial de 13 programas hemos estrenado 436 capítulos a lo largo de más de nueve años de trabajo. De esta manera, el programa se ha posicionado como una de las series más emblemáticas de producción original del Canal del Congreso

 

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