EL RELEVO DE BAN KI MOON EN LA ONU

El año 2017 se estrena con dos legados que no podemos esquivar en la agenda internacional: la despedida de Barack Obama como presidente de Estados Unidos y el adiós de Ban Ki-moon como Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, dos puestos que serán reemplazados por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y Antonio Guterres como máximo líder de la organización internacional.

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Fuente: image.posta.com.mx

Después de diez años en el cargo con dos mandatos, Ban Ki-moon pudiera postularse para la presidencia de Corea del Sur, después de la dimisión de Park Guen Hye y del ciclo de inestabilidad política que padece su país de origen. De presentarse a las elecciones tendría posibilidades de ganarlas pues las encuestas lo sitúan en segundo lugar detrás de Moon Jae-in, exlíder del principal partido de oposición.

Como en toda gestión, el legado de Ban Ki-moon al frente de la ONU deja una estela de blancos, negros y grises. Sus detractores lo señalan como un líder débil, poco carismático y con respuestas tímidas a la hora de tomar decisiones y enfrentarse al gigantismo de las potencias centrales. Una figura maleable que no pudo influenciar en la geopolítica global, sobre todo en la guerra en Siria que desde un principio encontró los disensos de Estados Unidos y Rusia, dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Los frentes abiertos que deja Bank Ki-moon a su sucesor portugués son amplios y variados: la guerra en Siria, el conflicto en Ucrania, la carrera armamentista, el desentendimiento entre palestinos e israelíes, el flagelo del terrorismo, los ciberataques y las ambiciones nucleares de Corea del Norte, además de los conflictos en varios países africanos.

Siendo surcoreano, Ban Ki-moon no pudo parar las aspiraciones nucleares de Kim Jong Un, ahí está la prueba de la bomba de hidrogeno en el 2016- y otras provocaciones directas al sistema de no proliferación nuclear. Este mismo fin de año advirtió sobre los preparativos de un nuevo ensayo de misil balístico de alcance intercontinental que puede llegar a tierras de Donald Trump. Recordemos que la designación del surcoreano fue aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 9 de octubre del 2006, fecha que Corea del Norte detonó de manera exitosa un dispositivo nuclear.

De entrada, los secretarios generales de Naciones Unidas están muy acotados y limitados por la actuación de los países que tienen capacidad de veto en el Consejo de Seguridad. Se trata de uno de los trabajos más complejos del mundo porque como líderes representan los intereses mayoritarios de la población mundial y la conciencia moral de la humanidad lo que hace corto circuito con los intereses nacionales y particulares de las grandes potencias en cada coyuntura internacional. ¡La realpolitik que termina de imponerse en la toma de decisiones!

Ban Ki-moon carga con la enorme deuda en Siria y con un contexto internacional que marcó la peor crisis de refugiados y migrantes desde la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, se despide del cargo en medio de los escándalos por abusos sexuales de los cascos azules, así como el brote de cólera en Haití en el año 2010, el exsecretario general, quien pidió perdón pero ha evitado reconocer la responsabilidad de la organización en el país más pobre del hemisferio occidental portador de un ADN de atraso y subdesarrollo, inestabilidad política crónica y falta de gobernanza.

Antonio Guterres también tendrá que enfrentar los flagelos de la pobreza, desigualdad, violaciones masivas a los derechos humanos y la necesaria rectificación de la globalización que ha mostrado ser un proceso asimétrico y dispar. De manera paralela deberá encarar la reforma pendiente de la ONU en materia de institucionalidad y sobre todo la necesidad de transparentar la toma de decisiones dentro del Consejo de Seguridad y de ampliar su base para que otras economías emergentes se apunten en la toma de decisiones dentro del máximo órgano de seguridad internacional. Hasta el momento existe una falta de voluntad de las potencias centrales para llegar a un acuerdo.

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Fuente: canal44.com

Pese a que la ONU maniobra con escasos recursos financieros, la llegada de los nacionalismos en Estados Unidos y Europa, el grito proteccionista y el sentimiento antisistema que ha mermado la confianza de los ciudadanos frente a las instituciones será otra prueba de fuego para el nuevo liderazgo iberoamericano. Mientras que Antonio Guterres cuenta con experiencia política, diplomática y multilateral, Donald Trump mira con total escepticismo las organizaciones internacionales y se jacta de su perfil unilateralista, aislacionista y racista, xenófobo y antiinmigrante, el presidente electo que no se comporta como un “ciudadano del mundo”.

Donald Trump amenaza el legado de Ban Ki-moon en la ONU. Sus grandes éxitos como la aprobación de la agenda 2030, los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) y el histórico Acuerdo de París que entró en vigor en el segundo semestre del 2016 para combatir el cambio climático y transitar hacia economías verdes puede sufrir de una serie de reveses ante los nuevos cambios políticos en Washington. Donald Trump ha mostrado un enorme desdén hacia la ONU, pero se le olvida que ningún país por más poderoso que sea puede por sí solo resolver los problemas mundiales. Hoy vivimos en un orden multipolar.


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2016, LOS GIROS EN LA GEOPOLÍTICA GLOBAL

2016, fue un año completamente atípico en la escena internacional. Lo sorpresivo e inesperado tuvieron lugar con la llegada de la ola populista en Londres y Washington: el BREXIT y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca que pusieron a temblar a todo el establishment con su grito antiglobalización y signos proteccionistas, nacionalistas y de cierre de fronteras.

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Fuente: adnradio.cl

El gen pro-europeo quedó en entredicho con los resultados del referéndum del pasado 23 de junio en Reino Unido, a propósito de la decisión británica de separase de la Unión Europea (UE). Fueron los argumentos de la soberanía, toma de decisiones y el control de las fronteras que se impusieron sobre la supranacionalidad europea que mina las leyes impuestas por cada uno de los parlamentos nacionales. Otros divisores entre Londres y Bruselas estuvieron marcados por la falta de consensos en materia de impuestos, pensiones y servicios públicos. Sin embargo, ante la peor crisis de migrantes y refugiados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial fue la política migratoria de la UE lo que potenció la llamarada euroescéptica: el rechazo británico de las cuotas de inmigrantes establecidas por Bruselas.

David Cameron pasará a la historia por haber cambiado el destino del Reino Unido, una decisión que abre la puerta a la salida del club europeo con consecuencias políticas, económicas y sociales muy costosas. Además de su dimisión, Escocia pudiera convocar a un segundo referéndum para independizarse del Reino Unido y solicitar su adhesión a la Europa de los 27. No olvidemos que mientras que Gales e Inglaterra votaron a favor del BREXIT, Escocia e Irlanda del Norte se manifestaron en contra, el estatus quo que buscan revertir a través de consultas ciudadanas. ¿Seremos testigos de una nuevo mapa en Reino Unido?

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Fuente: en.mercopress.com

El rechazo a la política tradicional se dejó sentir con las elecciones en Estados Unidos del pasado 8 de noviembre. En la batalla política más importante del año se encumbró el candidato más odiado por las mujeres, migrantes, musulmanes y latinos. Con esta victoria, Estados Unidos dejo su cara más amable para atestiguar la llegada de una nueva correlación política de fuerzas: los soberanistas, supremacistas, nacionalistas, antiinmigrantes, así como los actores que se oponen a la globalización, por cierto, un proceso asimétrico y dispar, cuyos resultados han beneficiado sólo a las élites políticas, económicas y financieras a contrapelo de las clases medias y trabajadoras que portan un sentimiento más localista, nativista y de inseguridad económica.

Cabe recordar que la jornada electoral en Estados Unidos se disputó entre dos candidatos impopulares y que desagradaron profundamente al electorado, “escoger al menos peor”, fue la consigna dada para las elecciones más caras de la historia. Fueron los estados de Pensylvania, Michigan, Ohio y Wisconsin quienes inclinaron la balanza a favor de Donald Trump acompañado del voto oculto que fallaron en recoger las casas encuestadoras. Fue el mensaje del hombre blanco anglosajón menos educado y con salarios estancados lo que se reafirmó el pasado 8 de noviembre junto con un sentimiento poderoso de pérdida de identidad de la Unión Americana que terminaron por abrir la avenida de la discriminación, racismo y xenofobia.

El voto latino no hizo la diferencia para materializar el triunfo de Hillary Clinton. Por el contrario, fue la mexicanofobia uno de los sentimientos más poderosos de esta campaña junto con el credo del americanismo y antiglobalización. Nunca antes en la historia de las elecciones en Estados Unidos,  México había atrapado tanto la atención de los electores estadounidenses. Para Donald Trump, México es uno de las principales males que aquejan a la Unión Americana, de ahí su propuesta de construir un muro fronterizo, confiscar remesas, deportar a inmigrantes indocumentados y renegociar el TLCAN. Precisamente veremos privilegiar el enfoque de la militarización y securitización de la frontera en contraste con la agenda del desarrollo que abandera México.

La victoria de Donald Trump en la Unión Americana sella el fin de la relación especial México – Estados Unidos y las claves de una relación que ha generado mutuos beneficios. México pierde esta partida por no haber atendido las señales de alerta temprana: los signos del ultraconservadurismo del Tea Party, el abandono de una estrategia de cabildeo de nuestro gobierno en Washington y la falta de una estrategia de comunicación para posicionar los atributos y bondades de la diáspora mexicana en EE.UU. ¡Resulta muy tarde seguirle recordando a Donald Trump que México aporta el 8% del PIB estadounidense!

Otro acontecimiento que dejó perplejo al mundo fue el rechazo del Acuerdo de Paz sellado entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC el pasado 26 de septiembre. Otra decisión antisistema que terminó por convertirse en un referéndum sobre el desempeño del presidente cuando sus índices de popularidad rondaban el 24%. Como puntos ácidos de la paz se colocaron los temas alrededor de la reparación de las víctimas, la justicia penal y la participación política de los guerrilleros. Álvaro Uribe se encargó de recordar que los asesinatos, secuestros, homicidios, desapariciones forzadas, reclutamiento de menores de edad y violaciones sistemáticas a mujeres son actos atroces que deben ser castigados por el derecho internacional y que no pueden ser perdonados con trabajo social y comunitario. Para los detractores de la paz estos guerrilleros deben pisar la cárcel y enfrentar condenas por crímenes de lesa humanidad.

Bajo la consigna de alcanzar la paz pero de otra manera, los votantes colombianos eclipsaron el acuerdo, sin embargo dos meses después un nuevo texto fue pactado entre Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño –alias Timochenko- que cerró el conflicto armado que duró 52 años y arrojó 220,000 muertos, casi 8 millones de víctimas y 6.9 millones de desplazados.

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Fuente: prensa.com

La peor crisis de inmigrantes y refugiados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial junto con la globalización asimétrica y dispar han agravado el malestar social. La guerra en Siria ha desquiciado las fronteras de países vecinos y alzado un sentimiento de miedo e inseguridad al interior de las capitales europeas, un sentimiento que se pondrá a prueba con las elecciones que tendrán lugar el próximo año en Francia, Países Bajos y Alemania.

 


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DONALD TRUMP: LA REGRESIÓN

Lo inesperado, imprevisible e inadvertido sucedió con la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, tres características que acompañaron el largo proceso electoral y que no se pudieron despegar del BREXIT y del fuerte mensaje de desprecio y enojo de los estadounidenses frente al establishment, el estatus quo y la política de siempre de Washington. Ganó el “vendedor de humo”, tal y como lo señala Mark Singer en su libro del Show de Trump, el presidente electo que utilizó la plataforma del espectáculo, el lenguaje simple, focalizado y descabellado para manipular el voto irracional basado en los miedos y prejuicios.

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Fuente: epimg.net

El mensaje de la inseguridad económica del hombre blanco de baja escolaridad fue el mayor resonador del pasado 8 de noviembre, así como el sentimiento más localista, nativista y provinciano de aquellos que padecen salarios estancados y la imposibilidad de pagar las universidades de sus hijos. El sueño económico extraviado que se conjunta con los remanentes de la crisis financiera del 2008, que también tuvo como consecuencia castigar a los partidos políticos gobernantes de la Unión Europea, independientemente de los estandartes y posiciones ideológicas: la caída de Brian Cowen en Irlanda, José Sócrates en Portugal, José Luis Rodríguez Zapatero en España, Nicolás Sarkozy en Francia y Yorgos Papandréu en Grecia, entre otros.

La victoria de Donald Trump en EE.UU. que tuvo como trasfondo la raza, lo supremo y la intolerancia logró autoafirmar el poder del hombre blanco anglosajón, el grupo que se siente profundamente incómodo por las nuevas claves de la realidad demográfica que los convertirá en el año 2050 en un grupo minoritario. Para ese entonces, 1 de cada 4 personas en la Unión Americana será latino. Donald Trump encontró en la situación de desesperanza de los hombres blancos de clase trabajadora el mayor rédito de su campaña política y explotó con toda oportunidad la mayor debilidad del Partido Demócrata: haber descuidado el voto blanco.

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Fuente: elpais.com

Prácticamente nadie en el Partido Demócrata daba por perdido el “cinturón de óxido”. Desde 1992, Michigan, Wisconsin y Pensilvania eran demócratas y en esta ocasión se convirtieron en entidades republicanas, la voltereta del mapa electoral que cambió el destino de EE.UU. y del mundo. Asimismo, el 52% del voto femenino blanco prefirió decantarse por Donald Trump y alejar una vez más la posibilidad de que las mujeres puedan romper el techo de cristal. En otras palabras, desde 1967, los demócratas no han podido superar la barrera del 50% de apoyo del voto blanco.

Más allá de los insultos, agravios y humillaciones que Donald Trump lanzó contra mujeres, musulmanes, migrantes, latinos y discapacitados, el candidato republicano logró colocar otro mensaje de miedo en la mente colectiva: cerrar las fronteras para evitar la llegada de inmigrantes y refugiados cuando el mundo atestigua la peor crisis de desplazados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, un tanque de oxígeno para muchos liderazgos ultraconservadores como aquel practicado por Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría, quien ha utilizado la narrativa nacionalista para construir el muro de la vergüenza, a propósito de evitar la entrada de inmigrantes desde Serbia.

El regreso del nacionalismo económico en EE.UU. y en gran parte de los países europeos también se toca con la ola del proteccionismo comercial, una disyuntiva que incentivará un nuevo reacomodo de alianzas regionales e internacionales. En este contexto, México se ve sumamente afectado por el discurso anti-libre comercio en aras de renegociar el TLCAN y cancelar la participación de EE.UU. dentro del TPP –el acuerdo de Asociación Transpacífico- que luce muerto precisamente cuando tendrá lugar la cumbre del APEC en Perú en noviembre del presente año.

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Fuente: wp.com

Muchas heridas le queda por sanar a Donald Trump. Su mayor desafío será conducir la gobernanza en medio de la extrema polarización y división que afecta a la Unión Americana. Mientras que la mitad de la población se conecta con el mensaje de la diversidad, pluralidad y el respeto al otro, la otra parte de la sociedad se engarza con el ticket de la supremacía, el racismo y la xenofobia.  Precisamente, la dicotomía que hoy se juega en el siglo XXI es entre sociedades abiertas o cerradas.

Por último y no menos importante, Donald Trump obligará a que la mayoría de las políticas exteriores del mundo sufran un vuelco. La posibilidad de echar para atrás el acuerdo sobre el programa nuclear de Irán, desconocer el calentamiento global y con ello retirarse del Acuerdo de París que ya entró en vigor –una de las victorias más significativas de la diplomacia multilateral-, así como retroceder en la reconciliación histórica entre Washington y La Habana cambiarán la geopolítica global, el escenario que surtirá nuevos ganadores y perdedores en la escena internacional.

 


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LA CARRERA POR LA CASA BLANCA

Las elecciones en EE.UU. han sorprendido a propios y extraños. Una jornada electoral en donde la sorpresa, lo inesperado y lo inadvertido han tenido lugar. Una campaña que se compaginó al ritmo de un año completamente atípico en la escena de la política internacional en donde nadie perfiló con seriedad la materialización del BREXIT, la consolidación del fenómeno de Donald Trump en EE.UU. y el rechazo al acuerdo de paz de Colombia negociado entre el gobierno y las FARC durante cuatro años en La Habana. Estos tres acontecimientos comparten un común denominador: un profundo enojo colectivo con el estatus quo.

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Fuente: si.wsj.net

La carrera para elegir al presidente número 45 en EE.UU. no despertó simpatías y entusiasmo. Tanto Hillary Clinton como Donald Trump fueron candidatos que desagradaron profundamente al electorado, pese a las enormes cantidades invertidas en aras de cautivar el voto estadounidense. Escoger al menos peor, fue la consigna dada para las elecciones más caras de la historia. El Center for Responsive Politics estima que el valor total de estas elecciones fue 6.6 mil millones de dólares que ajustados a la inflación significaron 86.5 millones más que el rally electoral del 2012. Tanto dinero gastado para evitar que Donald Trump llegue a la presidencia o frenar el arribo de Hillary Clinton a la Casa Blanca.

En medio de una carrera ajustada para cortejar y seducir el poderío de los votantes y el porcentaje de indecisos, los swing states o los llamados estados batalla juegan un rol preponderante. Florida, Ohio, Nevada y Pensilvania, son entre otros, los estados báscula que inclinarán la balanza política en aras de conseguir los 270 votos electorales requeridos de los 538 en juego, aunado a los 34 escaños que se pelean en el Senado y los 435 asientos de la Cámara de Representantes. Una campaña marcada por la dificultad de captar el voto oculto por parte de las casas encuestadoras que seguramente favorecerán a Donald Trump ante el sentimiento de pérdida de identidad del hombre blanco anglosajón que han hecho resonar el mensaje racial, supremacista y antiinmigrante.

EE.UU. ya no será el mismo después de esta campaña electoral. El juego político marcó un límite con la globalización asimétrica, heterogénea y dispar, cuyos resultados han beneficiado sólo al amalgamiento de las élites políticas, económicas y financieras a contrapelo de las clases medias y trabajadoras que portan un sentimiento más localista, nativista y de inseguridad económica. El hombre blanco anglosajón y de baja escolaridad que todos los días enfrenta los salarios estancados, la frustración de no poder pagar la educación universitaria de sus hijos y el sueño americano extraviado. El credo del americanismo y la antiglobalización no serán borrados tan fácilmente de la memoria colectiva de los estadounidenses, ideas posadas, reforzadas y posicionadas que llegaron para quedarse en el ambiente político.

Independientemente de quien gane la máxima batalla política en la Unión Americana, no olvidemos que todos hemos perdido. El ruedo electoral intensificó la descomposición política en EE.UU; avivó la flama de la desunión y polarización y le restó dignidad a los estadounidenses. Fue en este ejercicio que se denigró -como nunca antes visto- a las mujeres, migrantes, musulmanes, latinos y discapacitados que con un discurso de odio utilizó los miedos y prejuicios para convertirlos en los valores más rentables de la política. Una jornada que ha dejado profundas huellas en la segmentación estadounidense: los que conectan con el factor racial, supremo y puro frente a aquellos que defienden la divisa de la diversidad, pluralidad y el respeto al otro.

 

México en el punching bag estadounidense

Nunca antes en la historia de las elecciones en EE.UU. México había atrapado tanto la atención de los electores estadounidenses. Para Donald Trump, México es una de las principales causas de los males que aquejan a la Unión Americana. Con un discurso agresivo y provocador, el candidato republicano propuso la construcción de un muro fronterizo, la confiscación de remesas, la deportación de los inmigrantes indocumentados y la renegociación e incluso la cancelación del TLCAN. Una agenda que desconoce las claves de la relación bilateral que han generado mutuos beneficios. No olvidemos que desde 1994 al 2015, el comercio entre EE.UU. ha aumentado en 480% y más de seis millones de empleos en EE.UU. dependen de la relación comercial, según datos oficiales.

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Fuente: elportal.mx

Bajo declaraciones racistas y en contra de las minorías étnicas – Donald Trump calificó a los musulmanes como terroristas y a los mexicanos como violadores y criminales. Con estas declaraciones y otras incendiarias dirigidas a las diásporas hispanas, el candidato republicano ha logrado unir a la América Latina dispar bajo un consenso anti-Trump. Su propuesta hacia México se transa en la militarización y securitización de la frontera, escrutinio antinimigrante y deportaciones masivas, así como privilegiar la visión policial antes que la agenda del desarrollo. La idea es importar la economía de guerra a México frente a los espacios acotados en Irak y Afganistán.

México reaccionó muy tarde frente al fenómeno de Donald Trump en EE.UU. El monstruo que todos ayudaron a crear no es nuevo y hubo muchas señales de ultraconservadurismo, racismo y xenofobia que ya había encontrado resorte con el Tea Party. Nuestro país está pagando las consecuencias de haber abandonado su estrategia de cabildeo y relaciones públicas que habíamos implementado de manera muy exitosa bajo la coyuntura del TLCAN. Haber abortado esta disciplina hizo llenar los espacios vacíos por otros grupos de interés que se encargaron de cuestionar las bondades y virtudes de la comunidad mexicana en EE.UU. Ahora recordarle a la Unión Americana que México aporta el 8% del PIB estadounidense llega tarde y a destiempo.

La mexicanofobia será un sentimiento con el que tendrán que lidiar republicanos y demócratas aunado al sentimiento del nacionalismo económico, proteccionismo, cierre de fronteras y antiglobalización despertado por el discurso más extremista de los conservadores. -Este será un reclamo que debe atenderse sin importar quien gane la Casa Blanca-. Con este lamentable trasfondo se tendrán que resanar las heridas de la relación México-EE.UU, una relación dañada y perjudicada por esta contienda electoral que encontró en el reality show un cauce más poderoso que el de las propuestas proactivas y la delineación de políticas públicas para enfrentar los más grandes desafíos de EE.UU. en el siglo XXI.

Sea como fuere, México enfrenta un panorama adverso en sus relaciones con EE.UU. A la Unión Americana no se le escapa la crisis de derechos humanos que vive nuestro país, el enojo social ante la epidemia de la corrupción y la falta de transparencia y rendición de cuentas que no son valores intrínsecos de nuestra democracia. La presión de EE.UU. se incrementará para que México reforme su sistema de justicia, seguridad y refuerce su Estado de derecho. Que no se nos olvide que en 2015, el Departamento de Estado bloqueó una parte de los fondos de la Iniciativa Mérida destinado a México por graves fallas en materia de libertades fundamentales y derechos humanos.

 

La diáspora hispana

La demografía es política y la conformación de las minorías tiene un juego central en las elecciones, la forma de cómo votaran los afroamericanos, los latinos, los asiáticos y otros grupos de interés. Debemos de recordar que el voto latino es un voto codiciado en EE.UU. por ser la primera minoría de mayor crecimiento pero no está sobreestimado por su tendencia histórica hacia la baja de participación política. Precisamente Barack Obama en los últimos días previo a la elección buscó movilizar a los votantes latinos en estados clave como Florida, Ohio y Carolina del Norte, tres estados clave y que estuvieron empatados hasta el último momento de la jornada electoral.

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Fuente:
elchiltepin.mx

El electorado latino es el más grande de la historia en las elecciones del 2016 en EE.UU. Prácticamente suponen el 17% de la población total y cuentan con alrededor de 53 millones de habitantes siendo aptos para votar alrededor de 27 millones. Texas, Nuevo Mexico, California, Florida y Nueva York son los estados con el mayor número de votantes latinos. Cabe subrayar que en las elecciones del 2012, Mitt Romney perdió la Casa Blanca al haber conquistado solamente el 27% del voto latino y John McCain corrió con la misma suerte –cuatro años antes- cuando se apuntó con el 31% del voto latino. Bajo este tenor, el republicano George W. Bush coronó su victoria, gracias al respaldo latino cifrado en el 42%.

México saldrá raspado con la intención del voto en EE.UU.  Es hora de que la comunidad mexicano-estadounidense salga a votar para reafirmar su presencia y poder en la Unión Americana.

 


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DONALD TRUMP: LA DEMOGRAFÍA ES POLÍTICA

Donald Trump llegó al tercer y último debate presidencial en Estados Unidos sin un intento de modificar la matemática electoral que no lo favorece en las encuestas. No buscó cortejar el voto de las mujeres y los latinos, los dos grupos decisivos para ganar estas elecciones. Con un discurso resbaladizo negó los escándalos sexuales y reafirmó el sentimiento de denigración hacia las mujeres cuando señaló a Hillary Clinton como una mujer repugnante. Nate Silver, el fundador y editor en jefe de FiveThirtyEight advierte que si sólo votaran las mujeres, Hillary Clinton recibiría 458 votos electorales de los 538 en disputa, superando por mucho el techo de los 270, que se requieren para ganar la elección.

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Fuente: mundoejecutivo.com.mx

El debate final que tuvo como antesala el declive de Donald Trump y el corto circuito con legisladores y otros pesos pesados dentro del Partido Republicano, tampoco fue mensaje suficiente para cambiar la estrategia, a propósito de seducir a los votantes indecisos y moderados que pueden favorecer los números de aceptación de su contrincante principal o bien de Gary Johnson y Jill Stein. Por el contrario, la actitud del candidato republicano invitó a precisar el voto de los estados columpio o batalla (swing states) en donde finalmente se definirá la contienda electoral.

Nuevamente Donald Trump arremetió contra los migrantes en Las Vegas, Nevada. Avaló las fronteras cerradas, propuso la construcción de un muro fronterizo con México y llamó un desastre el TLCAN, además de haber rotulado a los migrantes como malos y criminales. En esta campaña oscurantista Donald Trump buscó atraer el voto irracional con base en los miedos y prejuicios de los estadounidenses, encajó en su discurso de odio, lo puro, lo racial y lo supremo, una narrativa que en materia de política exterior se convierte en políticas unilateralistas, proteccionistas aislacionistas y de cierre de fronteras.

A Donald Trump se le olvida que la población de origen mexicano contribuye con el 8% del PIB estadounidense (SRE) y desecha el argumento poderoso que nadie puede convertirse en presidente de Estados Unidos si no consigue más del 40% del voto latino. En las elecciones del 2012, Mitt Romney obtuvo el 27% del voto latino y perdió la elección y John McCain consiguió el 31% del voto latino -cuatro años antes- y también fue derrotado en las urnas. La misma reelección de Barack Obama fue exitosa, gracias al voto latino y la victoria de George W. Bush difícilmente se puede entender sin el respaldo del 42% del voto latino. Nuestras diásporas si fueron el fiel de la balanza en los estados que más importó.

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Fuente: cvo.es

Desconocer y subestimar la demografía en Estados Unidos le puede costar la elección a Donald Trump. La esencia de su campaña refleja el grito del hombre blanco, anglosajón y protestante (wasp, por sus siglas en inglés) de seguir tomando decisiones en un Estados Unidos que ya no será de mayoría blanca. Una nostalgia por el pasado que refleja la incomodidad del establishment republicano con la nueva realidad demográfica que se extiende a través de un arcoíris de minorías y un juego de multiculturalidades. Para el 2050 se espera que los blancos en Estados Unidos sean minoría, tal y como lo ha señalado el Pew Research Center.

En esta campaña todos perdimos. Ganaron las viejas ideas que se pensaban desterradas, controladas o adormiladas en la todavía superpotencia. Perdimos con las respuestas simples, mentirosas y ambiguas de Donald Trump que nunca nos dijo cómo liderar en un mundo complejo y lleno de adversidades y que esquivó los entrecruces entre lo local, regional e internacional. Perdimos con su discurso de odio que denigró a mujeres, migrantes, musulmanes y latinos y envalentonó las fuerzas antisistema que hoy amenazan con desconocer los resultados electorales del 8 de noviembre. En este berenjenal, también pierde el Partido Republicano, quien deberá de buscar una nueva brújula, tras de su fragmentación en este rally electoral.


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REPENSAR LA PAZ

El plebiscito sobre los acuerdos de paz y la victoria del “NO” abre una estela de incertidumbres y cuestionamientos para Colombia. ¡Las encuestas se volvieron a equivocar y no anticiparon el sentir ciudadano!  Sus pronósticos que advertían una cómoda ventaja para la opción del “SÍ” chocaron con una realidad que mostraba el rechazo a los acuerdos pactados durante cuatro años en La Habana. Bajo un escenario de antipatía y abstencionismo, la negativa de la sociedad se impuso con un diferencial del 0.45%.

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Fuente: univision.com

Colombia está partida en dos. Polarizada, fragmentada y dividida nadie sabe a ciencia cierta que sucederá con este proceso de paz que puede caer en el limbo, pese a la altura de miras del presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, quienes reconocieron el resultado y prometieron mantener el cese al fuego bilateral.

Juan Manuel Santos atestiguó un fracaso estrepitoso: falló a la hora de cortejar y seducir a los colombianos con su proyecto de paz, pese al logro histórico de haber forjado un entendimiento político y económico con su máximo enemigo, la guerrilla, en contraste con los intentos fallidos bajo el mandato de los expresidentes Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana y hasta el mismo Álvaro Uribe.

El mensaje del domingo 2 de octubre fue contundente: sí a la paz pero no con este acuerdo, sí a la paz pero no de está manera, sí a la paz pero bajo otros términos y condiciones. El mandato de las urnas es un llamado de atención, a propósito de sentarse nuevamente en las mesas de negociaciones para renegociar, repensar y reacomodar, pero ¿qué debería de cambiar?

  • Saltan las dudas en materia de justicia penal. Éste ha sido uno de los puntos más espinosos y sensibles del acuerdo porque los guerrilleros, criminales y secuestradores no serían juzgados conforme a crímenes de guerra y lesa humanidad, sino de acuerdo a los parámetros que impone la justicia restaurativa y transicional. ¡Esto ha enojado a muchos! Un amplio sector de la población lo ha llamado “justicia con impunidad” o “entrega de amnistía a los guerrilleros”. Con trabajo comunitario y muy pocos años de cárcel –en el mejor de los casos- los castigos no resultan proporcionales a los delitos cometidos. Aquí se abre todo un berenjenal porque las FARC no quieren dejar las armas para pagar con cárcel ni ser enjuiciados conforme a los parámetros de la Corte Penal Internacional (CPI).
  • Otro punto que ha aderezado el enojo e inconformismo ciudadano fue el acuerdo sobre la reintegración de los combatientes a la vida política. La victoria del “NO” refleja la rotunda negativa de que guerrilleros, narcotraficantes y terroristas se conviertan en diputados y senadores. Hay que recordar que Juan Manuel Santos gratifica a la guerrilla con diez escaños en el Congreso en un contexto de rally electoral en el 2018 y cuando Álvaro Uribe y su Centro Democrático tiene encajada su mirada estratégica en las próximas elecciones, pues no olvidemos que Oscar Iván Zuluaga perdió por un diferencial de 900,000 votos (más-menos) en la jornada electoral del 2014, frente a la reelección del presidente Juan Manuel Santos. Lo anterior, contraviene algunos hilos de la historia política de América Latina, pues Dilma Rousseff, José Mujica y Daniel Ortega de guerrilleros pasaron a ser presidentes de Brasil, Uruguay y Nicaragua.
  • Otro asunto que está exigiendo la matemática electoral es la liberación de los secuestrados por las FARC y devolver a los menores de edad, así como la presión de que las negociaciones de paz cambien de sede para realizarse en Colombia y no en Cuba. En otras palabras, recortar los incentivos, reservas y concesiones a las FARC e inclinar el péndulo político hacia el estado colombiano, cuando la guerra ha dejado 220,000 muertos, casi 8 millones de víctimas y 6.9 millones de desplazados.

Quizá, otro de los elementos más sorprendentes de este proceso haya sido el comportamiento de la comunidad internacional, quien mostró un apoyo unánime y entusiasta a los acuerdos de paz. ¿Acaso no supieron leer los países garantes y facilitadores del proceso el sentir político en Colombia? ¿Qué explicación tienen las Naciones Unidas como organización acompañante y verificadora de los acuerdos de este desenlace inesperado? No olvidemos el anuncio de Federica Mogherini, la jefa de la diplomacia europea, quien señaló que las FARC serían quitadas de la lista de organizaciones terroristas y los créditos propagados por el FMI para la implementación de los acuerdos y la etapa postconflicto. Una comunidad internacional que junto con los medios de comunicación echamos campanas al vuelo, pero que fallamos en comprender el dolor tan fuerte de las víctimas, cuyos costos de transacción fueron desoídos. Nos faltó conexión con los ciudadanos y con la realidad local y nativista de Colombia.

El futuro se torna sombrío para un país desgarrado por el largo y complejo proceso de paz. La geopolítica ha cambiado y eso puede ser el mejor incentivo para la renegociación de los acuerdos. La muerte de Hugo Chávez, el fin de una Venezuela próspera y la reconciliación histórica entre Washington y La Habana obligan a trazar una nueva ruta de paz.

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Fuente: albamovimientos.org

De esta manera, el año 2016 sigue dando sorpresas, lecciones y sobresaltos para la agenda de la política internacional. El fenómeno de Donald Trump en EE.UU; la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) y ahora la decisión antisistema de los colombianos pone por delante el sentir ciudadano sobre la política convencional. Al mensaje de la desglobalización, aislacionismo, cierre de fronteras, racismo y discurso del odio se suma el rechazo que los colombianos le propinan al acomodo que le dio el Estado a los acuerdos de paz.

 


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LA PAZ EN COLOMBIA

Tras 52 años de conflicto armado y varios intentos fallidos por alcanzar la paz, el actual presidente Juan Manuel Santos, cuyo índice de popularidad es del 24%, pasará a la historia como el gran estadista que selló la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP). De esta manera se le pone punto final a un conflicto que dejó 220 mil muertos, casi 8 millones de víctimas y 6.9 millones de desplazados, las cifras que se maneja la comunidad internacional.

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Fuente: zonacero.com

La guerra en Colombia encontró un punto muerto que obligó al Gobierno y la guerrilla favorecer el espinoso y delicado camino por la paz. Aunque el gobierno de Álvaro Uribe logró dar golpes espectaculares contra las FARC-EP y consiguió un portafolio de éxitos con las muertes de Luis Edgar Devia Silva -alias Raúl Reyes- y Pedro Antonio Marín, mejor conocido como Manuel Marulanda, desmovilizaciones de las autodefensas, incautación de armas y diversas capturas, la dura realidad mostró que no se podía hablar de la victoria definitiva del Gobierno o del fin categórico de la guerrilla. Sin embargo, la geopolítica si dictó los tiempos de paz ante la muerte de Hugo Chávez, el declive de la prosperidad en Venezuela y la histórica reconciliación entre Washington y La Habana.

El apretón de manos entre Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, alias Timochenko, puso fin al conflicto más antiguo del hemisferio occidental. Una hoja de ruta que encontró negociaciones marcadas por obstáculos, dilemas, contradicciones y una serie de avances y retrocesos. La voluntad política y vocación de diálogo se pusieron a prueba con los compromisos más polémicos y espinosos del Acuerdo de Paz, que incluyeron arreglos sobre la dejación de armas, desmovilización, cultivos ilícitos y la problemática del narcotráfico, además de los siguientes:

  1. Justicia y reparación de víctimas acompañado de un proceso de justicia transicional. Aquellas personas que cometieron crímenes de guerra y lesa humanidad no serán enjuiciadas bajo los criterios que hubiera impuesto la Corte Penal Internacional, sino tendrán que cumplir con un máximo de 8 años de prisión y realizar trabajo comunitario. Mientras que unos le llaman paz otros le llaman “injusticia y una piñata de impunidad”. 
  1. Participación de la guerrilla en la vida política. Según los Acuerdos de Paz y de cara a las elecciones del 2018, las FARC-EP tendrán asegurados 10 escaños en el Congreso. ¿Podrán convertirse en diputados y senadores los criminales que formaron parte de una organización armada, guerrillera y/o terrorista? Este punto ha generado un sentimiento de desconfianza ciudadana, pese a que la historia latinoamericana enseña que es posible dejar las armas y participar en política. Dilma Rousseff, José Mujica y Daniel Ortega, son los más claros ejemplos de cómo guerrilleros pasaron a ser presidentes en Brasil, Uruguay y Nicaragua respectivamente.
  1. Reforma rural integral del campo. Se busca cerrar la brecha de desigualdad entre la ciudad y el campo, un principio de transformación social que llega después de medio siglo de conflicto armado. Las FARC-EP siempre denunciaron la alta concentración de la propiedad de la tierra en Colombia y la necesidad de conquistar una mayor justicia distributiva. Con el Acuerdo de Paz se instrumentará un plan de desarrollo rural muy ambicioso para potenciar el campo mediante créditos, subsidios y asistencia técnica, además de formalizar la tenencia de la tierra y crear un fondo de tierras.

La comunidad internacional fue testigo de la firma del Acuerdo de Paz. A Cartagena de Indias asistieron más de 10 presidentes latinoamericanos, líderes de la diplomacia europea y jefes de los principales organismos multilaterales. Asimismo, en el marco del 71 periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU y bajo la celebración del Día Internacional de la Paz, el presidente Santos dirigió un discurso sobre el fin del conflicto armado en Colombia, un mensaje histórico que coloca a América Latina como la única región libre de conflictos armados.

La firma del Acuerdo de Paz en Cartagena fue un momento histórico y decisivo. Sin embargo, para garantizar el desenlace definitivo del conflicto, los reflectores se dirigen hacia el referendo que tendrá lugar el 2 de octubre. La pregunta “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?” ha sido blanco de críticas, particularmente en la redacción por considerarla “tendenciosa”. Antes de hacer pública la pregunta, existían enormes variaciones en las encuestas sobre el posible comportamiento del voto ciudadano; mientras que los estudios más recientes arrojan una victoria holgada a favor de la paz con alrededor del 70%, frente a un 25-28% que optarían por la opción del “no”.

Detrás de las fuerzas detractoras de la paz se inscriben los expresidentes Andrés Patraña y Álvaro Uribe (hoy senador), y el exprocurador de justicia Alejandro Ordoñez. Extraña que estos líderes colombianos no se hayan subido al tren de la paz, un proceso irreversible y definitivo que busca priorizar más la reconciliación que el olvido.

Con la certeza de alcanzar el umbral del 13% de los votos a favor de la paz, el verdadero reto será enfrentar los desafíos del posconflicto. Hay temor de que la paz genere vacíos que puedan ser aprovechados por los grupos de sombra y redes de organizaciones criminales, y actores comprometidos con la economía de guerra y la ilegalidad. Por otro lado, en el ambiente social hay miedo de que la paz no cierre la pinza por completo. Algunos combatientes de las FARC-EP, desconfiados del proceso, han buscado engrosar las filas del otro actor de importancia guerrillera en Colombia que sigue activo: el Ejército de Liberación Nacional (ELN), movimiento insurgente que estuvo inspirado en la Revolución Cubana y respaldado ideológicamente por Fidel Castro.

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Fuente: lanacion.com.ar

El Acuerdo de Paz seguramente se convertirá en un referente a nivel internacional. Hay que esperar sus primeros resultados y no sorprendernos por los dolores de cabeza que pueda traer su implementación y fase posconflicto. ¡Una paz imperfecta, pero al final de cuentas paz!; loable es también la política de comunicación social del gobierno de Juan Manuel Santos. Después de cuatro años de negociaciones, el gran reto era comunicar de manera pedagógica qué es la paz y cómo socializar entre la población sus principales conceptos difundidos en 297 páginas.

Tampoco se puede dejar de lado la participación de Noruega y Cuba en la diplomacia de la paz en Colombia. El primero como principal facilitador de las negociaciones y el segundo sede y garante de las pláticas de paz. Vale la pena recordar que México tuvo una destacada participación cuando los diálogos de negociación se trasladaron a la ciudad de Tlaxcala, tras el golpe de Estado en Venezuela de 1992, conversaciones que terminaron en el fracaso ante el secuestro y muerte del exministro Argelino Durán. Empero, y con un enorme prestigio de mediador y reconocido a nivel internacional por su apoyo al derecho internacional humanitario y las causas del desarme, nuestro país, en esta ocasión no fue partícipe dentro de los diálogos que llevaron a la paz en Colombia. Acompañamos el proceso, pero nuestra participación ha sido marginal. Con el interés y la aspiración de recuperar espacios en América Latina, México perdió esta apuesta y solo se contentó con la creación del Grupo de Amigos por la Paz en Colombia y con la Iniciativa Global para el Desminado, a la que contribuiremos con un millón de dólares y 11 efectivos –por lo pronto- para ayudar en esta tarea, que ha hecho de Colombia el segundo país más minado del mundo, después de Afganistán y cuyas muertes causadas han superado las 10 mil personas.


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EL CESE AL FUEGO EN SIRIA

La guerra en Siria ha sacudido la estabilidad del mundo árabe y occidental. El saldo de más de 400,000 muertos –una cifra que maneja Sttafan de Mistura, el mediador de Naciones Unidas para las negociaciones de paz- y una crisis humanitaria con cerca de 7.6 millones de desplazados internos y 4.2 millones de refugiados en países vecinos como Líbano, Turquía, Irak y  Egipto ha obligado al mundo a pactar un cese al fuego, después de varios intentos fallidos de la comunidad internacional y el grito frustrante de las organizaciones humanitarias que buscan frenar una tragedia de enormes proporciones.

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Fuente: m-x.com.mx

En un territorio de alto valor geopolítico y estratégico un enjambre de intereses entre potencias regionales e internacionales tiene lugar al tiempo de divisiones sectarias, tribales y religiosas que se presentan en su entorno local. La guerra en Siria tiene como piso el liderazgo comandado por una minoría alauita representada por el presidente Bashar al Assad y la exclusión de la toma de decisiones de la mayoría sunita, una lógica étnica y tribal que encuentra un correlato geopolítico cuando en juego se engarzan los intereses de las potencias regionales. Mientras que Arabia Saudita representa el corazón del poder sunita, Irán enarbola el liderazgo chiita tratando de expandir sus vasos comunicantes hasta Líbano con Hezbolah, Gaza con Hamas, Yemen con los huthies, así como reforzar su alianza tribal con Irak.

La guerra en Siria no es un conflicto monolítico sino un juego de multilateralidades, tal y como ya se ha establecido por algunos expertos. El coctel de intereses disimiles y contradictorios entre las potencias centrales y regionales ha llevado a una especie de empate con sentimientos de impotencia y frustración por parte de la comunidad internacional. En un conflicto atenazado ningún bando o correlación de fuerzas se ha podido imponer de manera hegemónica sobre otro. Cuando Assad sufre derrotas, pronto la ayuda se empodera desde Irán y Rusia, pero cuando los rebeldes y opositores sirios se encogen EE.UU., Arabia Saudita y Turquía alzan la cabeza. A esta tragedia también se le suman la complejidad de las relaciones bilaterales: los juegos entre Moscú y Teherán, las tensiones entre Rusia y Turquía y los vínculos entre EE.UU. y Arabia Saudita, un lodazal de intereses globales, regionales y bilaterales que se entrelazan al calor de las relaciones personales.

Ante las posiciones encontradas y los intereses disimiles entre potencias regionales e internacionales hay otro factor que debemos de agregar al tablero geopolítico sirio: a Bashar Al Assad lo quieren enjuiciar ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra y lesa humanidad, un hecho que encuentra el impedimento de Rusia. El uso de armas químicas, los ataques indiscriminados contra civiles y las ejecuciones masivas de opositores dan cuenta de la maquinaria represiva de la dictadura de Assad. Sin embargo, es importante recordar que Siria no ha firmado ni ratificado el Estatuto de Roma, lo que significa que la corte no tiene jurisdicción sobre los hechos ocurridos durante la guerra. Asimismo la comunidad internacional se enfrenta al obstáculo de no poderlo enjuiciar debido a la inmunidad que posee como jefe de estado.

La intervención terrestre de Turquía

La guerra en Siria ha tomado un nuevo giro desde que Turquía decidió desplegar operaciones militares terrestres en su territorio. Según el jefe de la diplomacia turca, la intervención directa en Siria tiene como objetivo principal barrer al Estado Islámico (EI) en la frontera y crear una zona tapón para que sea ocupada por la oposición siria. Aunado al esfuerzo antiterrorista, el verdadero propósito de Recep Tayyip Erdogan es frenar el avance de la milicia kurda-siria y contener la creación del estado independiente del Kurdistán, una aspiración geopolítica negada por Reino Unido y Francia cuando se firmaron los acuerdos secretos de Sykes-Picot –hace 100 años- y que delinearon las fronteras del Medio Oriente.

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Fuente: codigoabierto360.com

Borrar la frontera entre Siria e Irak ha sido una de las principales aspiraciones del califato sunita. Precisamente en este esfuerzo se colocan los kurdos a la hora de contener el avance terrestre del EI, este grupo étnico desperdigado por Irán, Irak, Siria y Turquía que ha hecho una labor de contención y merma frente a los extremistas y radicales yihadistas. ¡Recordemos la victoria kurda y yazidie en Sinjar y la ganancia estratégica de la ciudad de Kobane! Mientras que la comunidad internacional celebra los avances de los kurdos, éstos son leídos con temor y recelo por Ankara debido a su aspiración de crear un territorio autónomo e independiente. Bajo este armazón, los kurdos, yazidies, chiitas y cristianos se muestran en contra del yihadismo practicado por el EI.

Con este entretelón, Turquía sufrió un golpe de estado fallido el pasado 15 de julio que volvió a tensar las relaciones entre Ankara y Washington. La intentona golpista que dio como resultado una purga y larga cacería de brujas para arrestar a militares y despedir de sus trabajos al personal vinculado al clérigo Fetullah Gulen, quien se le acusa de ser el autor intelectual del golpe. Acusado por haber creado un “Estado paralelo”, Erdogan ha solicitado entregar al personaje que se aloja en Pensilvania. Precisamente este clérigo exiliado en EE.UU. abandera una visión más moderada, laica y centrista del Islam en serio contraste con la perspectiva más ortodoxa y extremista que escala bajo el presidente Erdogan.

Bajo este contexto, el mundo occidental ha logrado materializar el declive y acorralamiento del Califato Islámico. Muchos argumentan que vive su peor momento desde su creación a mediados del 2014. Con bases en Raqqa (Siria), Mosul (Irak) y Sirte (Libia), el EI ha perdido alrededor del 45% de su territorio en Siria y el 20% en Irak (Stratfor Intelligence). No olvidemos que el segundo de abordo, Abu Muhammad al Adnani, murió en Alepo tras una serie de ataques de la coalición internacional liderada por EE.UU. A estas actividades debemos agregarle las resoluciones del Consejo de Seguridad que han buscado quebrar los brazos de su financiamiento y cortar el acceso a compras de armas y equipo militar.

El Estado Islámico es la célula que todos ayudaron a crear. La invasión de EE.UU. en Irak fue el mismo laboratorio de gestación de este grupo sunita radical. Fue también Nuri Al Maliki, el presidente de Irak, quien apoyo con sus políticas la exclusión étnica y religiosa de los sunitas en la toma de decisiones. Arabia Saudita no se queda atrás con su tradicional apoyo al islamismo radical y violento al tiempo que Turquía carga sobre su espalda el haber tolerado una frontera flexible y porosa con el tránsito de armas y combatientes hacia Siria.

El acuerdo entre Rusia y EE.UU. que pone un alto a la guerra en Siria dota de oxígeno a ese conflicto, a propósito de reducir la violencia, entregar asistencia humanitaria y coordinar de manera más eficaz los ataques aéreos entre Washington y Moscú en contra del EI, una tregua que deberá leerse con todo cuidado debido al escepticismo y sentimiento de desconfianza que prevalece entre los actores estatales y no estatales que participan en esta guerra. Precisamente en este 2016 que recordamos el  centenario de los Tratados Sykes-Pikot, la geopolítica se impondrá en el Medio Oriente, los mapas cambiarán después de esta guerra y quizá surgirá una nueva respuesta colectiva para un pueblo que clama un lugar en este mundo: el Kurdistán.


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