EL ÉBOLA Y LOS NUDOS SANITARIOS GLOBALES


La seguridad internacional se ve convulsionada por un repertorio de crisis: la crisis económica, energética, climática y alimentaria a la que se le debe sumar un riesgo sanitario global: la actual epidemia del ébola que afecta a varios países de África occidental. Este reciente brote -el más letal de la historia- nos recuerda otras amenazas sanitarias que han acompañado al ser humano en su constante evolución: la viruela, tuberculosis, peste negra, gripe española, cólera, sida y gripe aviar que han producido muertes a gran escala y puesto a temblar las capacidades del Estado para evitar su transmisión.

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Fuente: masmedicina.com

La propagación de virus mortales y enfermedades infecciosas no son una manifestación nueva. Las fuerzas motoras del comercio, la migración, la urbanización y los medios de transporte, así como las guerras han ampliado sus posibilidades de contagio. En un mundo globalizado la intensidad, el ritmo y la amplitud sobrepasan los marcos territoriales acotados desde lo local y nacional.

Tan sólo veamos el caso de Nigeria, el gigante económico que ha superado a Sudáfrica como la economía más grande y potente y que ha prendido las campanas de alerta mundial, -no sólo por el grupo terrorista y sanguinario Boko Haram-, sino porque su economía más interconectada incrementa el riesgo de exportar el ébola a otros continentes, lo que la convertiría en una pandemia global. Este brote que se ha extendido entre Guinea, Sierra Leona, Liberia y Nigeria –además de otros países- obligó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha tratarlo como un “evento extraordinario” y a declarar una “emergencia de salud pública de alcance mundial”. Y es que con toda la atención puesta en el ébola cunde la preocupación de desatender otras enfermedades infecciosas en África y el mundo.

La pandemia del ébola tiene muchas lecturas. Más allá de la médica, científica y de investigación también debe entenderse dentro de su dimensión política y de política internacional. Es un problema de actores porque están implicados los Estados, los tomadores de decisiones, los donantes de fondos y las organizaciones sanitarias globales, así como ONG´s. Además de conllevar a una conflictiva presupuestaria también implica un problema de coordinación, de capacidad de respuesta y de falta de liderazgo político de la comunidad internacional.

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Fuente: tiempoinestable.com

Muchas enfermedades infecciosas como el ébola están ligadas a las condiciones de pobreza y desnutrición que padece una parte de la población mundial y a las desigualdades que ensancha la globalización asimétrica. Hoy no todos tienen acceso a los sistemas básicos de salud, un ingrediente que abona, de una manera u otra, a la transferencia internacional de riesgos. Prevenir las epidemias significa trabajar para fortalecer y crear nuevas capacidades sanitarias en países pobres y menos desarrollados, incrementar la vigilancia y monitoreo de las enfermedades y aumentar el acceso universal al sistema de salud al tiempo de calzar a la industria farmacéutica global para que atienda las necesidades primarias de las poblaciones y no ser rehén de sus propias ambiciones económicas.

Desactivar epidemias en el mundo también implica gestionar los retos que impone el cambio climático debido al incremento de la competencia por los recursos naturales, las pérdidas de territorios, las migraciones forzadas y el aumento en el número de sequías, inundaciones, huracanes e incendios. Hoy existen voces críticas que le dan una explicación al brote de ébola en África occidental y que colocan a la agroindustria exportadora como uno de los actores responsables, sobre todo por el desarraigo de millones de pequeños productores empobrecidos que siguiendo algunas de sus tradiciones y en busca de alimento y “proteínas” los obligan a consumir pequeños roedores, monos y murciélagos, los principales portadores del virus.

Frente al brote más largo de la historia del ébola la comunidad internacional ha dado una respuesta tardía y débil. La rapidez es un factor clave de contención y en la mayoría de los casos, los trabajadores sanitarios y organizaciones especializadas coinciden en señalar que las medidas y los protocolos han llegado de forma inadecuada y dilatada. Esta desafortunada realidad se combina con países que portan democracias débiles e instituciones frágiles que los hacen incapaces de reaccionar con asertividad y prontitud. De poco sirve la cooperación internacional cuando ésta no se encadena a instituciones eficientes y transparentes que tengan capacidad para drenar los beneficios hacia el terreno local y comunitario.

El brote reciente del ébola en África occidental nos lleva obligadamente a  preguntarnos sobre el papel que la industria farmacéutica ha tenido en la producción o no de medicamentos adecuados. El criterio comercial y de negocio se sella en estas compañías que tienen pocos incentivos para invertir millones de dólares en investigaciones para una enfermedad que ha aparecido de manera esporádica desde 1976. John Ashton, presidente de la Facultad de Salud Pública de Reino Unido denuncia la bancarrota moral del capitalismo que no actúa bajo criterios éticos y sociales. La gran tragedia deviene cuando la defensa de la salud pública se topa con los criterios del mercado, las ganancias y la rentabilidad del capital.

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Fuente: telegraph.co.uk

África occidental está rebasada frente a la epidemia del ébola, aún cuando la OMS haya decretado medidas específicas y extraordinarias para detener su propagación. El cierre de fronteras entre Guinea, Sierra Leona y Liberia ha logrado reducir las zonas de transmisión pero ello envuelve consecuencias devastadoras para las economías. Las previsiones de crecimiento caen, las exportaciones se retraen y los proyectos empresariales extranjeros quedan abandonados. Además las “cuarentenas” aplicadas a ciudades enteras con apoyo militar se antojan medidas que pueden potencializar el desabasto de alimentos lo que pudiera encender la violencia y el descontento.

La situación es delicada. Algunos gobiernos han desplegado al ejército en la puerta de los hospitales para evitar que los enfermos del ébola huyan. Muchos hospitales están cerrados, otros enfrentan la escasez de médicos y otros tantos sufren por la muerte de los mismos empleados sanitarios. La gente tiene miedo de declarar la enfermedad y muestra desconfianza de las autoridades. Todavía peor, la mayoría de las personas no cuentan con información básica sobre este virus mortal. Algunos gobiernos como el de Liberia optaron por la política de limitar las coberturas periodísticas sobre la enfermedad. Justamente esto ha sido un error mayúsculo de los Estados irresponsables que buscan abonar a la ignorancia e incertidumbre y a cancelar la posibilidad de salvar vidas bajo la identificación de un tratamiento a tiempo.

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Fuente: mexico.cnn.com

El ébola en África occidental le recuerda a los mexicanos la contingencia sanitaria que sufrimos ante la presencia de la influenza A H1N1, -un momento lleno de estragos para la vida nacional- que nos sensibilizó de las enormes bondades de la solidaridad y cooperación internacional.


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