La III Cumbre Intercoreana


La fragmentación de la península coreana en dos estados soberanos fue un hecho histórico que obedeció a la lógica de la Guerra Fría. Desde entonces muchas hostilidades y pocos acercamientos han tenido lugar en la búsqueda por la pacificación. Dos Cumbres se han celebrado únicamente (una en el año 2000 y la otra en 2007) más un diálogo con seis países -llamado coloquialmente a seis bandas-, pero que por el arribo de liderazgos conservadores en Corea del Sur y la actitud desafiante de su símil del Norte eclipsaron el impulso reconciliador. Ante los ojos de Pyongyang mostrar músculo nuclear resulta clave a la hora de colocarse en una posición de fuerza frente a enemigos y rivales.

Los años 2016 y 2017 no fueron distintos a los años anteriores. Corea del Sur probó su sistema antimisiles (THAAD) y Corea del Norte realizó, durante el primer año de Donald Trump como presidente, 20 pruebas de misiles balísticos, más del doble que durante la gestión de Barack Obama en el mismo periodo. Además, realizó una prueba con bomba de hidrógeno capaz de ser colocada en misiles balísticos intercontinentales, a propósito de alcanzar suelo estadounidense. Lo anterior obligó a Donald Trump prometer “fuego y furia” sobre Pyongyang.

Aunque desde el abandono norcoreano del TNP, se habían acompañado una espiral de sanciones económicas y diplomáticas, ninguna resultó ser suficiente para detener su ambición nuclear. Sin embargo, el recrudecimiento de la crisis económica de Corea del Norte, su aislamiento diplomático sumado a la amenaza de un ataque militar preventivo por parte de EE.UU. quizá presionó para cambiar la ecuación. Otros acontecimientos también ayudaron a los esfuerzos de distensión: el viaje que realizó Kim Jong-Un en marzo a Beijing, primero al exterior y único encuentro sostenido hasta ahorita con otro jefe de Estado. China es el principal aliado y socio comercial de Corea del Norte, y fuente primaria de energía y alimentos. China sabe que una crisis en ese país lo inundaría con miles de refugiados y, al fungir como facilitador, obtiene una carta para negociar otros temas o mejores términos con Washington.

Por otro lado, el cambio de gobierno en Corea del Sur bajo la llegada del Partido Demócrata Liberal en manos de Moon Jae-In, lo instó a reabrir los canales diplomáticos facilitando una invitación para que el equipo de Corea del Norte participara en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang, a los cuales asistió Kim Yo-jong, hermana menor de Kim Jong-Un, quien a su vez presentó una carta sobre el interés de su hermano de mejorar las relaciones entre las dos naciones. Tegamos en mente que el nuevo presidente de Corea del Sur, es un personaje altamente conocedor y experimentado en asuntos norcoreanos, su propósito en materia de relacionamiento internaccional es alentar un nuevo acercamiento con Corea del Norte al tiempo de balancear sus relaciones con Beijing y Washington.

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Kim Jong -Un y Moon Jae-in se preparan para estrechar manos sobre la línea de demarcación militar. Getty Images

De esta manera, se ha abierto una línea directa de diálogo y se han puesto de manifiesto algunas concesiones norcoreanas: la cumbre se realizará el 27 de abril en la zona desmilitarizada de Panmunjom, y no en Pyongyang como en ocasiones previas, además de prometer una moratoria sobre las pruebas nucleares y de misiles en función del avance del diálogo con EE.UU. La agenda estará enfocada en la desnuclearización de la península coreana, dejando de lado la situación de derechos humanos. De ella dependerá que se produzca, por primera vez, un encuentro entre los presidentes [en funciones] de Corea del Norte y EE.UU. Recientemente Mike Pompeo, el ya ratificado Secretario de Estado, se entrevistó en secreto con el mismo presidente norcoreano.

Aunque se trata de un hecho histórico, preocupa que tan ansiado encuentro se lleve a cabo cuando Joseph Yun, uno de los hombres claves del Departamento de Estado para Corea del Norte se haya retirado en febrero del 2018; y que Donald Trump no haya designado todavía un embajador en Corea del Sur.

Dentro del acertijo coreano se apunta el mensaje interno que Donald Trump busca propagar en la escena política en Washington: pese a los numerosos frentes abiertos, escándalos e intrigas alrededor de la Casa Blanca y las cuantiosas renuncias de su gabiente en los primeros quince meses de gobierno, el mandatario estadounidense sacude el tablero geopolítico global y concede un halo de esperanza al mundo con un acercamiento inédito con el regimen dictatorial de Corea del Norte. De esta manera desvía la atención del Russiagate y empodera su iniciativa internacional de cara a las elecciones intermedias de noviembre del 2018.

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