Elecciones 2020: el Ucraniagate en Estados Unidos


La activación de un juicio político en contra del presidente Donald Trump despertó el interés mundial desde su primer año de gobierno, cuando se filtró a los medios la presunta intervención rusa en las elecciones de 2016, que buscó descarrillar la campaña de la demócrata Hillary Clinton. No obstante, el reporte Mueller no encontró evidencia de colusión entre Trump y Moscú ni delito jurídico que perseguir, pese a las pruebas contextuales relacionadas con Cambridge Analytica y los encuentros entre funcionarios rusos con el equipo trumpista. Empero, en plena campaña para buscar su reelección, el inquilino de la Casa Blanca podría ahora ser destituido por haber puesto en entredicho la seguridad nacional y la integridad electoral de la máxima cita política del próximo año.

En la narrativa demócrata, Trump abusó de su poder y cargo público, a propósito de promover una investigación con fines políticos, electorales y personales en contra de Joe Biden, el único contendiente que podría ganarle de acuerdo con diversos sondeos. Una trama desarrollada gracias a la denuncia formal de un trabajador anónimo de los servicios de inteligencia -hasta ahora no identificado-, quien hizo notar las llamadas telefónicas de Trump con Volodymyr Zelensky, solicitándole al presidente ucraniano investigar al hijo del exvicepresidente Biden, a cambio de liberar ayuda financiera con fines militares.

Este abuso de poder permitió a Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representante, presentar un frente común demócrata a favor del juicio político. Este frente, antes fragmentado y dividido, no encontraba una transgresión directa o una historia más convincente y simple de comunicar que sedujera a los votantes sobre los malos comportamientos del presidente relacionados con los conflictos de intereses, mentiras, intrigas, renuncias, escollos legales y acciones ofensivas, así como la proclamación de “emergencias nacionales” inventadas por el propio presidente.

¿Bastará el juicio político para desacreditar al Presidente en la próxima elección? No, la misma Pelosi ha señalado que la campaña se libraría en otros términos. Es decir, en los temas y políticas en los que se diferencian de los republicanos, y que les dio éxito en las elecciones de medio término en 2018 cuando enfocaron su atención en medidas sanitarias y en políticas públicas basadas en el cambio. Sin embargo, no se debe menospreciar las armas políticas de Trump en los que ha basado su rentabilidad política, sus tres temas ejes – seguridad, migración y economía- en el que ha dado resultados, pese al enorme cuestionamiento generado en torno a los medios utilizados y el reconocimiento adquirido por las cifras positivas que ha arrojado en materia económica.  

Por otro lado, la experiencia estadounidense en estos procesos ha demostrado siempre estar en favor del acusado. Tanto Andrew Johnson como Bill Clinton salieron ilesos; un caso aparte es Richard Nixon, quien renunció previo a que se completara el juicio político en su contra por haber habilitado un espionaje al Partido Demócrata. En el aspecto negativo de Trump sobresale su impopularidad, su nivel de aprobación no baja del 35% pero tampoco supera el 46%, y la falta de apoyo de algunos militantes del partido a su reelección; aunque mantiene mayoría republicana (53-47) en el Senado, la cámara que a final de cuentas sirve como jurado y que necesitaría el voto de dos terceras partes para destituirlo. Hay que recordar que su veredicto es inapelable.

Asumiendo que el presidente Trump salga intacto, su imagen resultará dañada interna y externamente, pero habría que preguntarse qué tan perjudicados salen los demócratas y el propio Biden, quien se encuentra implicado en el centro del Ucraniagate. Pese a ser el favorito, no se puede omitir que es un político convencional, una figura racional y moderada que no genera rÍspidez dentro de los círculos políticos, muy similar a la imagen de Hillary Clinton en 2016, un candidato del establishment. ¿Podrá una figura del statu quo ganar las elecciones del 2020? ¿Después de las excentricidades, arrogancia y agresiones de Trump basadas en su ideología de extrema derecha, los votantes se inclinarán por un candidato tradicional en aras de regresar al centro-político?

Por ahora, hay otros 19 candidatos demócratas que compiten por la nominación y por atraer a la clase obrera, jóvenes y minorías -una enorme cantidad de postulantes que refleja la fragmentación del partido-. Los más sobresalientes, además de Biden son: Bernie Sanders, el senador por Vermont quien representa la izquierda más radical -y sufrió un ataque reciente al corazón; Elizabeth Warren, la senadora de Massachussets y profesora de derecho de la Universidad de Harvard; Kamala Harris, exfiscal general de California, y ahora senadora, así como Pete Buttigieg de 37 años, quien ha sido muy exitoso en su campaña de recaudación de fondos.

Es precipitado hacer un análisis completo sobre la elección presidencial. Aunque algo seguro, sin importar el resultado del juicio político en contra de Trump, es la demografía electoral. Tanto el primer debate demócrata (Miami), como el inicio de la campaña del actual presidente (Orlando) fueron en Florida, el estado columpio clave por los 29 votos que representa en el Colegio Electoral. No desdeñemos el rol que pudiera jugar el voto latino en el 2020. En 2018, votaron casi el doble que en 2014, y muchos de ellos en favor de los demócratas. El ataque del del Paso, Texas, del 3 de agosto del 2019, cuyo blanco fueron los mexicanos debe acreditarse políticamente en la agenda electoral.

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