Perú llega a la segunda vuelta presidencial del 7 de junio atrapado en una fractura política y social que no ha logrado cerrar. Aquel Perú costero, urbano, más integrado a los mercados internacionales y beneficiario del crecimiento económico de las últimas décadas; frente al Perú andino, rural e indígena, que percibe haber quedado al margen del desarrollo y que demanda una transformación profunda del modelo político y económico. Esta división continúa moldeando los votos, las emociones y el rumbo del país.
La elección se desarrolla en uno de los momentos de mayor fragilidad institucional de la historia reciente peruana. A la polarización ideológica del histórico choque entre el fujimorismo y el antifujimorismo, se suma una confrontación con el bloque de izquierda radical. Así, la atomización del sistema de partidos, la debilidad del Estado y la profunda desconfianza ciudadana hacia las instituciones se han combinado con una crisis política permanente marcada por vacancias presidenciales, renuncias, escándalos de corrupción y una confrontación constante entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo.
Los números reflejan con claridad esta inestabilidad. En apenas una década, Perú ha tenido ocho presidentes y llegó a ver desfilar a tres mandatarios en el transcurso de una sola semana en noviembre de 2020: Martín Vizcarra, Manuel Merino y Francisco Sagasti. Aquella crisis simbolizó el colapso de la gobernabilidad y evidenció la incapacidad del sistema político para construir consensos duraderos. La actual administración interina, encabezada por José María Balcázar, tiene precisamente la misión de conducir al país hacia una nueva transición democrática.
La inestabilidad se remonta a la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) y desde entonces ningún gobierno ha logrado completar su mandato sin enfrentar severas turbulencias políticas. El resultado ha sido un Estado atrapado en una dinámica de supervivencia permanente, incapaz de impulsar reformas estructurales y responder a las demandas sociales. En este contexto se celebró la primera vuelta electoral del pasado 12 de abril, una contienda marcada por la fragmentación extrema del voto.
De un total de 36 contendientes, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez lograron avanzar al balotaje, aunque con un porcentaje conjunto menor al 30% del total de votos. Es decir, 70% de los peruanos respaldó a candidatos distintos a los dos finalistas, una señal inequívoca de la crisis de representación que afecta a la democracia peruana. En este escenario, la gran incógnita será el destino de los votos de quienes en tercer y cuarto lugar: Rafael López Aliaga, conocido como el “Trump peruano”; y Jorge Nieto, exministro identificado con posiciones liberales y de centro.
No son pocos quienes observan paralelismos con la elección de 2021, cuando Keiko Fujimori se enfrentó a Pedro Castillo. Una vez más, la disputa parece articularse entre el bloque fujimorista y una corriente que reivindica las demandas del Perú andino y popular. Roberto Sánchez ha prometido mantener buena parte del ideario de Castillo, incluyendo la convocatoria a una nueva Constitución, una mayor participación del Estado en la economía, el fortalecimiento del control nacional sobre los recursos naturales y la revisión de algunos acuerdos comerciales. Más allá de quién resulte vencedor, la elección difícilmente resolverá la fractura política y social que divide al país.
La novedad electoral recae entonces en el regreso a un Congreso bicameral, que con la elección de los 60 nuevos escaños del Senado, busca reducir la fragmentación partidista, fortalecer la formación de mayorías y facilitar la construcción de acuerdos políticos más estables. Su éxito aún está por demostrarse, pero representa uno de los principales intentos por corregir los problemas de gobernabilidad que han marcado la vida política peruana durante los últimos años. A ello se suman desafíos urgentes como la inseguridad, el avance del crimen organizado, el incremento de la violencia y la persistente percepción de corrupción que continúa erosionando la confianza ciudadana.
Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Expansión
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