El juicio de las urnas, ¿freno a la Unión Europea?

Contra todo pronóstico, Reino Unido participará en la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo del 23 al 26 de mayo. Nadie pensó que los británicos esquivarían la fecha del 29 de marzo para retrasar la salida del bloque comunitario hasta el 31 de octubre o inclusive antes de la instalación de la novena legislatura del Parlamento Europeo. Pese a ello, la despedida de la dupla -Donald Tusk y Jean Claude Juncker- los líderes que dirigieron los destinos de la Unión Europea (UE) serán recordados por una falla mayúscula que marcarán indiscutiblemente su legado: el divorcio entre Londres y Bruselas que selló la ruptura del bloque supranacional europeo. Con todo y ello, los británicos llamados a las urnas deberán elegir a 73 eurodiputados de los 751 que componen la Eurocámara.

Resulta sintomático que bajo la presidencia semestral de Rumania de la UE se celebren elecciones del Parlamento Europeo bajo el gobierno populista de Viorica Dancila, estas fuerzas extremistas, nacionalistas y nativistas que amenazan desde dentro el establishment europeo, a propósito de modificar el statu quo. La embestida busca frenar la ruta de integración de la UE, enterrar la visión democrática liberal y construir una “Europa soberana de naciones” que degrade el rol del bloque europeo en materia de legislación, fronteras y política exterior rechazando la política colectiva de convergencias, que según sus parámetros ha caído en una franca intrusión.

¿Impulso o freno a la UE? La respuesta a esta incógnita deberá guiar los trabajos de los próximos cinco años de la nueva legislatura del Parlamento Europeo que iniciará el 2 de julio y que deberá anclarse directamente a sus resultados. Todo indica que el mensaje de trabajar por “otra Europa” será aquel que se impondrá con el juicio de las urnas. Esta jornada que se convertirá en una especie de referéndum sobre el desempeño, la eficacia y el estilo de gobernar del bloque comunitario, una unión de 28 países que camina a ritmos dispares, asimétricos y distintas velocidades entre países pequeños y grandes, industrializados y menos desarrollados, centrales y periféricos y bajo su condición de acreedores o deudores. Será la Europa más abierta, tolerante y solidaria la que se enfrente a la Europa más cerrada, xenófoba y portadora de un sentimiento localista y anti-globalización.

En un momento delicado y cuando los signos del malestar son muchos, urge robustecer la “identidad europea” y reconectar el proyecto comunitario con el ciudadano de a pie. A los jóvenes que han mostrado indiferencia y votado poco en las elecciones europeas se les debe recordar que se debe defender la arquitectura institucional europea, pues la democracia no está garantizada y el portafolio de libertades está completamente amenazado con los liderazgos autoritarios. El programa Erasmus, la conexión wifi gratuita en espacios públicos, la libertad de circulación de las personas junto con el combate al calentamiento global son conquistas de la Europa común.

La Europa volcada por los miedos, identidades y prejuicios ha salido a flote con el brexit, los chalecos amarillos en Francia, la crisis de migración, la alianza del gobierno antisistémico en Italia -la tercera economía del bloque y miembro fundador de la Comunidad Europea del Carbón y Acero-, así como los gobiernos ultraderechistas y extremistas de Hungría y Polonia, entre muchos otros. Precisamente, todo ello sucede cuando el eje franco-alemán, pese a su estrecha cooperación, enfrenta dificultades, pues Emmanuel Macron ha desencantado a su población y la canciller Angela Merkel anunció que no buscará una nueva reelección al frente de la nación germana.

descarga

Fuente: Expansion.mx

Otra de las grandes incógnitas que se abre en esta cita electoral está relacionada con la correlación de fuerzas al interior de la Eurocámara. ¿Podrán las dos familias políticas más grandes y relevantes retener el voto de la mitad de la población total europea? En 1999 el respaldo ciudadano hacia el Partido Popular Europeo (EPP) y la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) fue del 66%, 15 años después con las elecciones europeas del 2014 disminuyó al 55%. Ello inquieta porque las encuestas advierten que las fuerzas anti-europeas arrancarán un tercio de los escaños totales. Debemos recordar que cualquier partido político debe contar al menos con 25 eurodiputados de siete países distintos.

Esta Europa nacionalista, nativista y xenófoba que se enfrenta a la Europa integracionista, supranacional y comunitaria no ha podido presentar un bloque simple, unitario y homogéneo, porque sus partidos políticos comulgan dentro de las diversas familias políticas europeas. Tampoco han presentado propuestas ideológicamente consistentes debido a las fisuras y divergencias que prevalecen. Italia ejemplifica bien lo que sucede con la alianza de gobierno entre el Movimiento Cinco Estrellas y La Liga: las desavenencias entre el primer ministro Giusseppe Conte y Matteo Salvini, quienes han disentido por cuestiones migratorias y otros asuntos. Sus partidos no están inscritos en la misma coalición europea e inclusive se tratan de partidos competidores.

Bajo el armazón del tercer grupo más importante dentro de la Eurocámara -el grupo de Conservadores y Reformistas (ACRE)- comulgan partidos como Ley y Justicia de Polonia, los Verdaderos Finlandeses y el conservador de Theresa May que contrastan con otra familia política llamada Europa de la Libertad y Democracia Directa que incluye al Movimiento Cinco Estrellas (M5S) en Italia, el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), los Demócratas de Suecia (SD) y la Alternativa para la Alemania (AfD), éste último un partido que logró conquistar casi el 13% de la votación total del Bundestag en las elecciones del 2017.

Adicionalmente cabe mencionar que las elecciones europeas buscan ser influenciadas por Steve Bannon, el autor intelectual del fenómeno Trump. Mediante la conexión tripartita entre el abogado belga Michel Modrikamen, el autor del brexit, Nigel Farage, y el Ministro del Interior del gobierno italiano Matteo Salvini se busca deconstruir el orden liberal europeo que se forjó como producto del fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la Cumbre de Milán –convocada por Salvini- el 8 de abril no dio los resultados esperados: Marine Le Pen y Víktor Orbán se ausentaron, al igual que el partido español VOX, que logró conquistar más del 10% de los escaños en las pasadas elecciones del 28 de abril, bajo su grito nacionalista, antiinmigrante y defensor de la dictadura de Franco.

En el ámbito de la política exterior las contrariedades se ensanchan entre los grupos nacionalistas y populistas. Mientras que Matteo Salvini es partidario de levantar las sanciones contra Rusia por la anexión de Crimea y el apoyo a los separatistas ucranianos, el Partido Ley y Justicia en Polonia promueve una posición anti-Rusia, anti-Kremlin y anti-Moscú por cuestiones históricas.

De esta manera, se espera una Europa más fragmentada, lo que obligará a generar distintas alianzas dentro de la Eurocámara, la consigna que deberá sortear con toda astucia la nueva dirigencia europea.

Este artículo fue publicado originalmente en CNN-Expansión

Anuncios

Vértice Internacional, 10 años descifrando al mundo.

Un día como hoy hace diez años iniciamos las transmisiones de Vértice Internacional en el Canal Congreso, un programa que se ha convertido en un referente del análisis político global marcando una pauta en los temas más importantes de la actualidad. Desde entonces nuestro compromiso sigue siendo el mismo: identificar y explicar las claves que definen el convulso entorno internacional para abonar a una mejor toma de decisiones en nuestro entorno local y nacional.

De una serie inicial de 13 programas que compartimos con ustedes en aquel lejano 2009, seguimos siendo el único programa que revisa de manera disciplinada, sostenida y profunda el acontecer del mundo y sus impactos para México. Nuestros contenidos abordan la agenda geopolítica global, la gobernanza económica, el desarrollo sostenible, la agenda electoral, el nuevo paradigma tecnológico y por supuesto la política exterior y la diplomacia parlamentaria.

Durante esta década hemos llevado hasta sus pantallas 480 estrenos y 1163 entrevistas especializadas en asuntos internacionales. Nuestro mirador ha sido el acontecer en las Américas, Europa, Asia, África y Medio Oriente y bajo un juego plural de voces hemos compartido con Ustedes entrevistas con personalidades relevantes del mundo legislativo, diplomático, académico, periodístico, así como  funcionarios y activistas nacionales e internacionales. Ello nos ha convertido en una de las series más emblemáticas y con mayor trayectoria en el Canal del Congreso, caracterizada por la fusión de un periodismo crítico junto con el rigor del mundo académico.

Vértice Internacional – Premio Nacional de Locución 2015

Precisamente, lo anterior nos valió el Premio Nacional de Locución “Jacobo Zabludovsky” en la categoría de reportaje y análisis de la geopolítica global en 2015. Analizar el acontecer político, económico y social en los cinco continentes del mundo ha sido nuestra principal tarea de cara al desarrollo de un mundo globalizado y altamente interdependiente que debe de ser explicado y socializado.

Me siento sumamente privilegiada de seguir conduciendo este programa que nos permite conocer las claves del mundo, a propósito de descifrar su naturaleza y rumbo. En esta fecha tan especial, aprovecho para expresar mi enorme gratitud con el Canal del Congreso. Me siento en deuda con el apoyo que he recibido de directores, exdirectores, productores, camarógrafos, reporteros, asistentes y a Ustedes televidentes que han hecho posible este programa que busca ampliar nuestro campo visual hacia el mundo.

Los invito a que sigan sintonizándonos cada martes a las 21 hrs, y en retransmisión los sábados a las 19 hrs., por el Canal del Congreso, canal 45.1 de la señal abierta; 45 de Izzi, Axel y Totalplay; y 145 de Sky, Dish y Megacable.

Brexit: incertidumbre, divergencias y ¿resignación?

El 23 de junio del 2016, el mundo atestiguó un terremoto político que cambiará la configuración de las relaciones intraeuropeas. El voto al “sí” para la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE) reafirmó una vez más la tormentosa relación britano-europea, iniciada en 1974, cuando se propuso por primera ocasión un referéndum para pertenecer en ese entonces a la Comunidad Económica Europea, a la que se habían unido un año antes. Hoy, el Brexit no sólo amenaza con llevar a cabo el divorcio entre la isla y el continente, sino que su proceso podría ser unilateral y accidentado, tras la propuesta negociada con Bruselas que sometió la primera ministra Theresa May por tres ocasiones recibiendo el rechazo del Parlamento.

Las consecuencias inmediatas del referéndum fueron la renuncia de David Cameron como Primer Ministro, y su sustitución por la nueva lideresa del partido, Theresa May, quien -para complicar la situación- cometió el mismo error que su predecesor: apostarle todo a las elecciones. Cameron, tras el hung parliament de 2010, coqueteó con un UKIP que venía ganando fuerza tras las parlamentarias europeas del 2014, prometiéndoles la celebración del referéndum si le apoyaban en la elección de 2015. Promesa que tuvo que cumplir por los resultados abrumadores a su favor, y de la que quiso distanciarse haciendo campaña por el “no”, una vez que consiguió un acuerdo con Bruselas para frenar la entrada de inmigrantes, aunque tarde, pues el poderoso ambiente antiinmigrante estaba ya esparcido en la mayoría del electorado. May, quien heredó la mayoría absoluta de Cameron, convocó a una nueva elección para fortalecer su posición parlamentaria con la finalidad de facilitar el Brexit, y legitimarse a sí misma como Primer Ministro. No obstante, los resultados jugaron en su contra y para mantener mayoría, relativa en esta ocasión, la orillaron a coaligar con el Partido Unionista Democrático de Ulster (DUP), el partido protestante irlandés, que rechaza mantener una frontera invisible en Irlanda, única delimitación territorial terrestre de Reino Unido.

Desde que perdió la mayoría absoluta en el parlamento, Theresa May luce muy debilitada y desgastada, al grado de haber enfrentado incluso una moción de censura. Pese a un esfuerzo de reingeniería dentro de su gobierno -diversos ministros han dimitido y otros cambiado de cartera- el Partido Conservador luce desangelado. Una guerra interna entre posiciones más radicales y euroescépticas frente a las conservadoras o moderadas que han llevado a varios legisladores considerarse tories disidentes y bloquear las decisiones de la primera ministra. Sus márgenes de maniobra para negociar afuera se lo imponen los límites de adentro, un escenario político que se desarrolla al calor de una profunda división en el seno del gobierno, su partido y la oposición laborista fortalecida. Una gama de diferencias, matices y formas de operar que se combinan con la inestabilidad de su gobierno.

Brexit

Autor. Oliver Boehmer
Crédito:bluedesign – Fotolia

Considerando lo anterior, y retomando la alianza de May con el DUP, cobra especial relevancia la región de Ulster, frontera de Irlanda del Norte (que conforma parte de Reino Unido) y la República de Irlanda (que pertenece a la UE), pues el Brexit podría poner en peligro los acuerdos de paz del Viernes Santo de los años noventa, que pusieron fin a décadas de violencia protagonizadas por el Ejército Republicano Irlandés, considerando que se instauraría una frontera entre ambas naciones con controles y aduanas, que irían en contra de los acuerdos mencionados. Para solventarlo, May propuso una “salvaguarda” que busca garantizar que no haya una frontera “dura” entre las dos Irlandas, incluso si no se llegara a un acuerdo formal en temas comerciales y de seguridad, e implicaría mantener temporalmente a Irlanda del Norte dentro de la unión aduanera y del mercado único mientras el resto de Reino Unido los abandona. Cabe mencionar que esta salvaguarda ha sido frenada desde el Parlamento, pues, aunque establece el 2020 como fecha límite, hay quienes consideran pueda ser permanente, además que el DUP busca imponer la frontera dura.

Es entonces que se entiende la triple derrota que ha tenido May para aprobar su acuerdo en Westminster, que llevaron a retrasar la fecha de salida prevista originalmente para el 29 de marzo. Sin apoyo dentro de su propia facción parlamentaria, la primera ministro incluso sugirió dimitir si su acuerdo era aprobado; pero no resulto tan atractivo, y la iniciativa quedó entonces en manos del legislativo, que propuso un Brexit más suave. Así, bajo el impulso del Partido Laborista, el 1º de abril se votó sin éxito por el denominado “Norway Plus”, en el que Reino Unido se incorporaría, junto a Noruega, Liechtenstein e Islandia, a la Asociación Europea de Libre Comercio, permaneciendo dentro de la unión aduanera, y con ello, mantener la libertad de movimiento de los ciudadanos europeos en territorio británico. Ambos, temas por los que se optaba originalmente para salir del bloque comunitario.

Elegir abandonar la UE con un acuerdo negociado es a todas luces la opción más sensata y la que mayor certidumbre generaría. No obstante, las opciones se agotan y se reducen. La iniciativa regresa nuevamente a May, y aunque se espera que un acuerdo suyo vuelva a ser derogado, sigue sumando más apoyos que cualquier otra opción. La pregunta ahora es si pedir una prórroga más larga a la UE para volver a buscar con calma una solución, y con ello participar en las elecciones al parlamento europeo de este año o dejar que transcurran los plazos y encaminar al país, el próximo 12 de abril, a un Brexit brusco y salvaje, que según el Banco de Inglaterra pudiera provocar una crisis financiera con repercusiones globales.

Después de una construcción de vínculos multidimensionales entre Reino Unido y la Unión Europea por 46 años ¿cómo deconstruir esta amalgama de temas, intereses y lazos en menos de dos años?

 

De Singapur a Vietnam: el encuentro entre Trump y Kim Jong-Un

El mundo vive la constante amenaza de una posible guerra nuclear, un apocalipsis potencialmente dibujado por las relaciones tirantes entre Estados Unidos con Rusia, Irán y Corea del Norte, tres países con capacidad nuclear considerados enemigos de Washington; sin embargo, la guerra nuclear ha sido contenida desde hace 70 años porque en el juego de la realpolitik las armas nucleares están destinadas a desarrollarse para no ser empleadas porque garantizan la “destrucción mutua asegurada”. Han probado ser útiles como arma política, herramienta de negociación y para exhibir el músculo militar de los países en aras de disuadir amenazas externas, gracias al miedo que propagan y el sentimiento todopoderoso que se transa en el rompecabezas de las relaciones internacionales.

Cercada entre enemigos y rivales, Corea del Norte busca influenciar la toma de decisiones regionales gracias a la posesión de armamento nuclear. Así lo dicta el juego de sus propias inseguridades: sin poderío económico, recursos naturales y energéticos, bono demográfico y sin la posibilidad de promover su poder blando en el orden global por considerarse un país autárquico y dictatorial y producto de sanciones internacionales. El régimen de Pyongyang le ha apostado desmedidamente al poder supremo nuclear, la fuerza militar y los servicios de inteligencia.

Corea del Norte comprende que no cuenta con los factores que determinan el verdadero poder de un Estado en el escenario internacional, salvo su capacidad bélica y combativa, esa que sí le da el poder para sentarse a la mesa de negociaciones con las potencias centrales y los tomadores de decisiones. El mismo Trump se habrá sentado por segunda ocasión con su rival Kim Jong-Un en Vietnam porque posee la bomba atómica.

descarga

(Jonathan Ernst/REUTERS)

Enfilado hacia desarrollar capacidades militares asimétricas, Corea del Norte cuenta con uno de los ejércitos más grandes del mundo. Este país conformado por alrededor de 25 millones de personas destina el 16% de su PIB al ejército y ha exhibido su capacidad bélica con seis ensayos nucleares desde el 2006 y con misiles balísticos de alcance intercontinental.

Todo esto sucede cuando Corea del Norte es uno de los países más pobres y que más hambruna padece, reducto del comunismo y de la economía planificada, el país que contrasta fuertemente con su vecino del sur, con economía de libre mercado y miembro del G20 y OCDE.

El primer contacto cara a cara entre Donald Trump y Kim Jong-Un para desnuclearizar la península coreana fue el pasado 12 de junio en la Cumbre de Singapur, un encuentro de alto calibre que forjó un ambiente positivo para disipar los peligros del programa nuclear norcoreano, pero que se quedó corto a la hora de sellar compromisos concretos y tangibles en el largo y tortuoso camino hacia la desnuclearización.

El primer contacto cara a cara entre Donald Trump y Kim Jong-Un para desnuclearizar la península coreana fue el pasado 12 de junio en la Cumbre de Singapur, un encuentro de alto calibre que forjó un ambiente positivo para disipar los peligros del programa nuclear norcoreano, pero que se quedó corto a la hora de sellar compromisos concretos y tangibles en el largo y tortuoso camino hacia la desnuclearización.

El quiebre histórico encuentra su mayor desafío con el propósito de alcanzar la desnuclearización “completa, irreversible y verificable”. El clamor de Washington que no será fácilmente concedido por Kim Jong-Un, aunque Pyongyang dio muestras positivas de seguir negociando cuando entregó los restos de 55 antiguos prisioneros de guerra y desaparecidos en combate del servicio estadounidense, un acuerdo pactado en el primer encuentro en Singapur.

Sin una hoja de ruta y cronograma de tiempos subsisten numerosos obstáculos que ponen a prueba la voluntad política de negociación. Los norcoreanos han solicitado el levantamiento de sanciones económicas y diplomáticas y la firma de una declaración oficial del fin de la guerra (el armisticio de 1953 que cesó las hostilidades sin alcanzar un acuerdo de paz definitivo). Esta demanda no se ha cumplido, lo que ha generado estancamiento y hostilidad.

Aunque se han suspendido pruebas con misiles y se cerró parcialmente el sitio de pruebas nucleares en Pyongye-ri, Kim Jong-Un ha contraofertado la inspección de Yongbyon, la instalación más importante de su programa nuclear. Ello no significa que Corea del Norte haya frenado la producción de armamento nuclear, el doble lenguaje que también forma parte de la estrategia diplomática para no perder capacidad de negociación.

No olvidemos que son muchos los factores que molestan al gobernante norcoreano educado en Suiza: los ejercicios militares y navales entre Estados Unidos y Corea del Sur, los casi 30 mil soldados estadounidenses estacionados en suelo surcoreano y el sistema antimisiles THAAD que protege a su país vecino y rival, aunado al enojo que le generan las sanciones internacionales que impiden la prosperidad de la economía norcoreana.

Además, los signos de la desconfianza también se tocan con el carácter impredecible de Trump, pues el régimen de Pyongyang ve con total suspicacia que Washington haya revocado la certificación del programa nuclear iraní, después de años de negociación y que inclusive rivalice con países amigos, aliados y socios.

Pese a que en su segundo discurso a la Unión, Donald Trump mencionó el “histórico impulso por la paz en la península coreana” no perdamos de vista que gracias a la anuencia de China se avanza en este proceso espinoso. El país es el único actor que puede meter en cintura a Corea del Norte debido a su apoyo económico, financiero y a la exportación de alimentos y energía, la potencia central enemistada con Washington por la guerra comercial y por haberla tachado de ladrona de empleos, manipuladora de monedas y robo de propiedad intelectual.

Aunque haber escogido Vietnam como sede del máximo encuentro deja lecciones reveladoras no perdamos de vista que la desnuclearización de la península coreana es un nudo gordiano que hay que deshilvanar en todas sus aristas para comprender a cabalidad lo que hoy acontece.

Este artículo fue publicado originalmente en CNN-Expansión

Venezuela, en la órbita geopolítica global

La crisis política en Venezuela opera simultáneamente en distintos niveles y dimensiones. Despliega un alcance internacional, regional y nacional y no se puede despegar del espacio geopolítico y geoeconómico por los intereses que han destilado las potencias centrales. Desde hace varias décadas -con excepción de Cuba- ningún país latinoamericano había adquirido tanta notoriedad en el teatro de la geopolítica global como lo hace ahora Venezuela, el acorralamiento entre los cálculos estratégicos de la política exterior de Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping.

La nación andina que amaneció bicéfala con dos presidentes – Juan Guaidó y Nicolás Maduro-, dos congresos – la Asamblea Nacional y la Asamblea Nacional Constituyente- y con una lista de países que se colocaron en bandos contrarios ha desafiado la aritmética convencional del conflicto, un hervidero atenazado por la crisis política, económica, institucional, humanitaria y de sus relaciones con el exterior. No pasemos por alto la Venezuela expulsada del Mercosur, desinvitada de la Cumbre de las Américas en Perú y su salida anunciada de la OEA.

El nuevo pasaje de la crisis política en Venezuela tocó las puertas del Consejo de Seguridad. En la reunión del pasado 26 de enero se evidenció la crispación entre los cinco países ganadores de la Segunda Guerra Mundial y miembros permanentes de la máxima instancia de seguridad internacional.

Seguir leyendo.

Juan Guaidó: entre legitimidad e incertidumbre.

En el marco de las protestas de la oposición que gritan la destitución del presidente Nicolas Maduro, y en el marco del sexagésimo primer aniversario del derrocamiento de una dictadura militar, Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional se declaró Presidente Interino.

Aunque se trate de una movida arriesgada considerando la lealtad de algunas facciones del ejército con Maduro y del férreo control del Poder Judicial por parte del gobierno, cobra más fuerza tras el reconocimiento que Donald Trump le ha dado.

De esta manera la condena internacional, que ya hundía al gobierno de Maduro, complica mucho más la escena política en Venezuela por los riesgos de una presidencia bicéfala. A Estados Unidos le siguió el reconocimiento de Luis Almagro y seguramente de otros Jefes de Estado del G-7, G-20 y de América Latina.  México distanciado ideológicamente del Grupo de Lima y con un gobierno de izquierda enfrentará un gran dilema.

Todo apunta a que el gobierno de AMLO acreditará la visión principista de la política exterior de México del siglo XX y buscará mayores espacios de autonomía frente a Washington. El regreso al pasado es el nuevo sello de la política exterior y Venezuela le da una oportunidad al gobierno de refrendarlo.

El ‘ticket’ electoral en el mundo en el 2019

El año que inicia presenta una jornada tupida de elecciones en el mundo, el relevo de jefes de Estado y Gobierno que tendrán lugar en los cinco continentes del orbe. A simple vista y desde el punto de vista geopolítico no será un año de gran relevancia electoral porque ninguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU celebran elecciones –por el momento se descartan elecciones anticipadas en Reino Unido, después de la moción de censura que Theresa May superó el pasado 16 de enero, tras la derrota mayúscula que sufrió en el Parlamento debido al acuerdo del brexit pactado con Bruselas.

Dentro del G-7, Estados Unidos, Alemania, Italia, Francia y Japón celebraron elecciones recientemente. En el caso de China, Xi Jiping fue reelecto durante el 19º Congreso del Partido Comunista en 2017 y meses después se habilitó la reelección indefinida. El país faltante, Canadá, sí celebra elecciones este año, cuyo primer ministro Justin Trudeau busca la reelección en un contexto de repunte conservador. Recordemos que Ontario -la provincia más numerosa de Canadá y la que abriga a la capital Ottawa y la ciudad de Toronto-, ganó en los comicios generales del 7 de junio del 2018, después de 15 años de gobiernos liberales y Quebec giró a la derecha, alejándose de la causa independentista, tras la victoria de la Coalición Avenir Quebec (CAQ).

Seguir Leyendo

Presentación del libro “70 Elecciones en el mundo (2012-2017) diálogos entre expertos” en el marco de la FIL Guadalajara 2018

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Hoy fue un día muy emocionante. En el marco de la FIL Guadalajara presenté el libro ”70 elecciones en el mundo (2012-2017), diálogos entre expertos”, una coedición entre el Canal del Congreso y el Instituto Nacional Electoral (INE). Participaron el Consejero Electoral Enrique Andrade, y Marco Arellano, director de difusión de la Dirección Ejecutiva de Capacitación Electoral y Educación Cívica – INE.

Como autora y compiladora de esta obra electrónica tuve la oportunidad de compartir los hallazgos y las conclusiones de la obra, tras observar más de 70 procesos electorales en los cinco continentes del mundo.

Las elecciones son un momento de síntesis nacional donde se plasman las vinculaciones entre la política, economía, sociedad, cultura y la psicología individual y social. Aunque son un acto eminentemente local y nacional están inscritos dentro de un contexto regional e internacional.

Este ebook es una invitación para analizar a México desde el lente externo, pues el mundo nos alumbra también sobre nuestro andar democrático, relaciones políticas, cultura cívica y sistema de partidos, entre otras referencias y comparativos.

Les comparto la liga correspondiente para que puedan consultar esta obra.

Descarga: http://bit.ly/EleccionesCC

Los desafíos en política exterior en la era AMLO

Las elecciones del pasado 1 de julio sellaron un cambio de era en México. La llegada por primera ocasión en la historia de un partido político de izquierda a la Presidencia de la República conllevó un mensaje contundente e irreversible: no al PRI, no al bipartidismo y no al estatus quo.

En esta fecha histórica no solamente se jugó la presidencia, la totalidad del Congreso, distintas gubernaturas, congresos estatales y miles de puestos de elección popular, sino la relación de México con el mundo. Los resultados electorales también cimbran el rumbo de la diplomacia mexicana y el alcance de la política exterior, un referente que generalmente pasa desapercibido a la hora del juicio de las urnas.

La construcción del futuro de México requiere revisar su relación con el mundo y preguntarse sobre los desafíos, amenazas, dilemas y grandes oportunidades que podemos extraer para nuestro beneficio. Los mexicanos no le damos importancia a la relación de México con el mundo, contamos con una escasa cultura internacional y actuamos de forma provinciana y ombliguera en medio de la dinámica desplegada por la globalización, interdependencia y la cuarta revolución industrial.

Siendo un país miembro del G20 y contando con 12 TLC con más de 46 países, geografía envidiable, capital humano y enormes recursos naturales, no hemos definido nuestro rol en la escena internacional. ¿Qué somos y qué queremos ser en el siglo XXI? ¿Deseamos ser potencia media y país líder en América Latina? ¿Aspiramos a colocarnos como nación-puente entre el Atlántico y el Pacífico? ¿Nuestra mirada debe concentrarse en el Norte o Sur? ¿En qué temas buscamos posicionar una voz robusta en la agenda multilateral? ¿Cuáles son los intereses que deben guiar nuestra relación con China y Rusia? En fin, una cascada de cuestionamientos ante el pensamiento limitado y acotado de México frente al mundo.

Canito44dr-678x380

Fuente: Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

Seguir leyendo

El G20 en Argentina: entre jaloneos y y divisores

Este 2018 es un año importante para el G20, se cumplen los 10 años de aquella primera reunión de líderes celebrada en Washington y que tuvo como objetivo principal asegurar mayor coordinación entre las potencias centrales para evitar caer en nuevos desbalances económicos, después de la crisis financiera 2007/2008 que desembocó en una gran depresión global y en la necesidad de reformar la arquitectura del sistema financiero internacional tomando en cuenta el mundo multipolar y el mayor peso y talla de las economías emergentes. Desde entonces, y bajo un nuevo equilibrio del poder económico mundial, el G20 se ha convertido en un espacio privilegiado para sincronizar las políticas más importantes en materia de gobernanza económica global, aunque no tenga carácter vinculante.

Pese a la diversidad de agendas, intereses y posicionamientos, el G20 ha demostrado ser un foro eficaz: ha logrado evitar una nueva crisis financiera global, promover mayor equidad en la tributación internacional y coordinar políticas monetarias, fiscales y estructurales entre países avanzados y emergentes. Además, con la inclusión de otros temas (cambio climático, Agenda 2030, antiterrorismo, etc.), se ha consolidado como un organismo más representativo e inclusivo que el G7 y más práctico en la toma de decisiones que Naciones Unidas, la máxima instancia multilateral que vive un desprestigio mayúsculo por el asedio de la diplomacia nacionalista y unilateralista de Donald Trump. No obstante, el actual contexto internacional dificultará los consensos debido a las rivalidades geopolíticas entre países centrales y emergentes que se han impuesto sobre la toma de acuerdos. Precisamente el G20 está viviendo el mayor desafío desde su historia porque la arquitectura política y económica que dio gobernanza histórica está en cuestionamiento.

Hace un par de semanas, durante la conmemoraron de los 100 años del fin de Primera Guerra Mundial, se palparon públicamente las divisiones antagónicas entre Occidente: Donald Trump vs Merkel y Macron. Las rivalidades son muchas entre el mundo abierto, multilateral e incluyente frente al mundo cerrado, supremacista y autoritario. Cuando el mundo atestigua el quiebre de alianzas al interior del mundo liberal, se presenta un realineamiento de fuerzas al interior del G20: China, Rusia y Turquía, tres países que están desafiando a EE.UU. y que buscan llenar los huecos vacíos dejados en la escena global por Donald Trump. La guerra comercial, el abandondo del Tratado de Armas Nucleares de Rango Medio con Rusia y el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, son temas que saldrán a relucir. Por otra parte, después del fracaso de la Cumbre de APEC de Papúa Nueva Guinea -donde por primera ocasión en la historia no se logró concertar una declaración final-, disminuyen las expectativas de triunfo para el G20.

G20_2018_logo

Logo oficial de la Cumbre del G20

A la próxima Cumbre del G20 en Argentina le anteceden 84 reuniones de grupos de trabajo, 48 de Sherpas, 28 de ministros de Finanzas y 7 de grupos de compromiso que incluyen a  representantes de la sociedad civil, según lo establece la organización de la misma. Todo un conjunto de actores plurales y diversos para abordar cuatro pilares temáticos: el futuro del trabajo, la infraestructura para el desarrollo, el futuro alimentario sustentable y la perspectiva de género. Todo ello, en el marco de la IV revolución industrial. Pero, como se mencionó, serán los temas antagónicos aquellos que prevalezcan. Se pretende que una reunión bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping llegue a un acuerdo comercial sobre tarifas, cuotas y aranceles; y es que no sólo consiste en resarcir la relación bilateral, detrás de la guerra comercial hay otros temas relacionados con la reforma a la OMC, su mecanismo de solución de controversias y el bloqueo que EE.UU. le está imponiendo a su órgano de apelaciones para no reemplazar a jueces que han terminado o están finalizando su gestión. Por lo anterior, resulta fundamental para los países centrales y economías emergentes que en la Cumbre del G20 se puedan acordar las reglas básicas del sistema comercial del siglo XXI y avanzar en políticas más distributivas de los beneficios de la globalización.

Mientra tanto, Argentina se viste de manteles largos con la celebración de la primera cumbre en Sudamérica, el presidente Mauricio Macri, quien tiene como invitado especial a Chile y Países Bajos y a la comunidad del Caribe representada por Jamaica. Argentina, también será el primer destino latinoamericano que visite Donald Trump como presidente de EE.UU. –Recordemos que el inquilino de la Casa Blanca canceló su participación en la Cumbre de las Américas en Perú -un gesto negativo hacia la region- y visitó México como candidato y no presidente-. Aunque el argentine lleva la voz cantante de las economías emergentes al presidir esta cumbre, su liderazgo se ha deteriorado como producto de la crisis financiera que vive su país y el efecto arrastre de las turbulencias que padecen las economías emergentes.

Para el caso latinoamericano, resultará esencial mostrar un frente común. Con la despedida de Enrique Peña Nieto y Michel Temer –el presidente brasileño que no llegó por el juicio de las urnas- y quizá el adiós de Mauricio Macri el año entrante por la celebración de elecciones presidenciales en Argentina, en esta cumbre se perfilan más antagonismos. El Brasil de Jair Bolsonaro descuidará el Mercosur como prioridad a diferencia del posicionamiento que hace Argentina, quien defiende la negociación comercial en bloque con la UE. Además, la visita que realizará a Chile, antes que Argentina, se ve como un gesto sintomático de estos vientos de cambio en Sudamérica, las nuevas directrices geopolíticas que se abordarán en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico, la contracumbre que se celebrarán en el marco del G20. México, por otra parte, estará enfocado más en el aspecto interno que en una política exterior activa, y en buscar completar el proceso de ratificación del T-MEC tras la conformación del nuevo Congreso en Estados Unidos.