Colombia: los duelos del poder de Abelardo de la Espriella.


La polarización en Colombia está lejos de ceder. La confrontación entre el presidente saliente, Gustavo Petro y el presidente electo, Abelardo de la Espriella, apenas comienza. Un primer indicio fue el intento fallido del próximo ocupante de la Casa de Nariño de asumir el cargo el 7 de agosto en una instalación mlitar, a propósito de proyectar una imagen de orden, fortaleza y autoridad. La consigna de Petro fue criticar la decisión del nuevo presidente de romper con la tradición de realizar la investidura presidencial en Bogotá y prestar juramento ante el Congreso, un hecho que obligó al próximo presidente a trasladar la ceremonia a Cali en un recinto civil. La misión del presidente saliente queda clara antes de realizar el cambio de estafeta: ser líder de una oposición frontal, reorganizar el Pacto Histórico, defender su legado y preparar a la izquierda para las próximas elecciones.

Recordemos que Petro, mantiene una denuncia del supuesto fraude electoral por 848,000 votos y sostiene que Iván Cepeda fue el verdadero ganador de la segunda vuelta presidencial de mayo pasado, pese a que la autoridad electoral de Colombia certificó la victoria de Abelardo de la Espriella con una ventaja del 0.96%. Bajo una estrategia centrada en cuestionar la legitimidad del proceso electoral, el presidente saliente buscará obstaculizar la agenda conservadora y de derecha radical del nuevo gobierno. Su apuesta será abrir una etapa de movilización, resistencia pacífica y desobediencia civil, a fin de activar a su base política y preservar la influencia de su movimiento.

Los cuatro años venideros serán testigos del duelo de poderes entre estos dos antagonistas políticos. Aunque en Colombia la reelección está prohibida desde 2015, ello no exime que Petro se retire de la vida pública. Él ha dejado claro que continuará siendo un actor central en el debate nacional, en la vigilancia de los asuntos públicos y férreo defensor de su legado progresista. No resulta menor los 65 congresistas con los que cuenta el Pacto Histórico en este nuevo periodo legislativo, que lo convierte en la primera fuerza política.

Las tensiones entre la administración entrante y saliente no disminuirán, tras el cambio de gobierno. La gobernabilidad en Colombia dependerá de la capacidad para contener la extrema polarización, aquella que dificulta la construcción de consensos en un momento en donde se demandan repuestas urgentes para las problemáticas de la inseguridad, violencia, guerrillas, grupos criminales y la preocupación por el déficit fiscal, alto costo de vida y la agenda de desarrollo. La polarización condicionará su gestión, un desafío que atraviesa los proyectos ideológicos divergentes y visiones contrapuestas entre la agenda conservadora y la progresista sobre el papel del Estado, la seguridad, la economía y el rumbo del país.

A estos retos, se suma la compleja relación que Abelardo de la Espriella tendrá con la derecha tradicional. Su relación con Álvaro Uribe del Centro Democrático no será fácil, y la eficacia de su gobierno dependerá de la formación de coaliciones en el Congreso y de cómo logre transformar sus promesas de campañas en políticas viables. El presidente entrante no tiene partido en el Congreso, Salvación Nacional le dio su aval político, pues él inicio su proyecto presidencial mediante la recolección de firmas de su movimiento Defensores de la Patria. De la Espriella cuenta con cinco congresistas frente a los 45 de Álvaro Uribe, la principal fuerza de la derecha que había apoyado a Paloma Valencia como su candidata. Aunque ambos se necesitan, recelan sus parcelas de poder y luchan por dirigir la derecha colombiana.

Las primeras señales de esta disputa ya se manifestaron con la elección de la mesa directiva del Senado. Mientras, De la Espriella respaldó la candidatura de Alfredo Deluque, (Partido de la U), el Centro Democrático de Álvaro Uribe impulsó una opción distinta. ¿Cómo jugará sus cartas el llamado “tigre”? Sin experiencia política pudiera estar tentado a adoptar un enfoque maximalista: gobernar por decreto y estado de excepción en detrimento de la vida democrática.

El desafío para Abelardo de la Espriella no consistirá únicamente en derrotar políticamente al petrismo, gestionar sus duelos personalistas del poder y demostrar capacidad de gobernanaza en un país profundamente dividido y marcado por altos niveles de violencia política, sino también en la conducción de una política exterior de Estado. Se prevé que, este 7 de agosto, el nuevo presidente rompa relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua y restablezca los lazos con Israel, interrumpidos desde 2024.

Rina Mussali

Este texto fue publicado originalmente en el sitio Expansión


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