Una elección que puede echar para atrás la Francia de los ideales.


El desenlace electoral en este país, con una posible segunda vuelta, sellará el futuro de la Europa pos-brexit y del club de los 27.

En el marco del 60 aniversario del Tratado de Roma y de las negociaciones sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), Francia celebra elecciones cuando está en juego el rumbo y futuro del club comunitario. Un momento de grandes definiciones para París y Berlín, el eje franco-alemán que está llamado a relanzar el proyecto europeo conforme al Libro Blanco que presentó de manera reciente la Comisión Europea.

Con un discurso sectario y profundamente nativista se pone cuestión el proyecto identitario de la UE. El orden liberal que prevaleció tras el fin de la Segunda Guerra Mundial se está resquebrajando al calor de la Europa de la defensa, el cierre de fronteras y el credo antiglobalización. Precisamente, Marine Le Pen, la candidata del Frente Nacional encarna el peligro populista y nacionalista que puede echar para atrás la Francia de los ideales: la cuna de la libertad, el progreso y el respeto a los derechos humanos, al tiempo de sacudir el psocionamiento geopolítico de Francia como integrante del G7, G20, OTAN y como miembro permanente del Consejo de Seguridad.

Estos comicios que le están quitando el sueño al establishment y al statu quo ponen por delante el hartazgo social con la política de siempre. Un desencanto orquestado por el conservadurismo más extremista, portador del grito blanco supremacista,  antiislamista y euroescéptico, códigos de identificación de esta campaña electoral encabezada por la hija de Jean Marine Le Pen, el candidato que perdió las elecciones presidenciales de 2002 frente a Jacques Chirac en segunda vuelta electoral. Es ella, quien encarna el voto del enojo, el enfado con el multiculturalismo y la inseguridad económica que se manifiesta por la alta tasa del desempleo y la falta de recuperación económica.

Conocido como el presidente francés más detestado de la V República, Fançois Hollande se despide del Palacio del Elíseo con muy poco respaldo social y ciudadano, el sello que le impidió buscar la reelección consecutiva y que le abrió la puerta al quebranto del Partido Socialista, al realce del Frente Nacional Francés y al ascenso meteórico del banquero y candidato independiente Emmanuel Macron, quien ha bailado sobre un mar de ambivalencias a la hora de definir su ideología.

En esta ocasión el juego de candidatos se antoja inédito porque los partidos políticos tradicionales distan de ser los favoritos. El movimiento En Marche que apenas se creó en 2016, atestigua una mayor ventaja que sus rivales, siendo Emmanuel Macron un candidato no convencional que atrae a los votantes de las grandes ciudades. En este parteaguas se inscribe la muerte lenta del Partido Socialista con Benoit Hamon a la cabeza, la figura que se ha distanciado del mismo presidente y que apenas supera el 10% de aceptación.

En efecto, el declive de los partidos socialistas europeos también se toca con los comicios celebrados en Países Bajos. Después de haber sido el Partido Laborista la segunda fuerza política más votada tanto en las elecciones anticipadas del 2010 y los comicios del 2012, éste cayó a la séptima posición el pasado 15 de marzo. Además, la carrera del Elíseo está plagada por las fisuras y grietas al interior de los partidos tradicionales. La Unión por un Movimiento Popular (UMP) que tiene como candidato a François Fillon, quien ha sido acusado del oscuro ejercicio de los recursos públicos, luce moribundo ante la divisiones entre sus facciones sarkozystas y gaullistas.

Bajo un clima de crecimiento anémico, terrorismo yihadista y crisis de migrantes y refugiados serán muchos los retos para el presidente venidero. Cuando Europa enfrenta una serie de demonios por sus divisiones entre países del norte y sur, ricos y pobres, y entre naciones deudoras y acreedoras también se filtra la divergencia entre la Europa mediterránea y la Europa báltica y del este, la primera que busca más seguridad de la OTAN para blindarse de la inmigración y el flagelo terrorista frente a la segunda que está más preocupada por la política exterior expansionista de la Rusia comandada por Vladimir Putin. Ciertamente, el desenlace electoral en Francia, con una posible segunda vuelta electoral, sellará el futuro de la Europa pos-brexit y del club de los 27.

Este texto fue publicado originalmente en el sitio Expansión.

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