Los dilemas de Jair Bolsonaro en la Cumbre de los BRICS


La efervescencia política y la ebullición social en Chile obligaron al gobierno del presidente Sebastián Piñera a cancelar la Cumbre del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), y con ello, perder la extraordinaria oportunidad de capturar los reflectores ante la firma de un acuerdo preliminar entre Estados Unidos y China para apaciguar la guerra comercial entre las dos economías más poderosas del planeta. De igual manera, la XXV Conferencia de Naciones Unidas para combatir el cambio climático, COP25, habría de celebrarse en Chile, aunque ahora será España la que albergue el mega evento multilateral. Reunión que el presidente Jair Bolsonaro desdeña por su tirria frente a temas medioambientales y economías bajas en carbono.

Considerando lo anterior, ahora es Brasil quien emerge en la agenda mediática internacional al presidir los trabajos de la Cumbre de los BRICS este 13 y 14 de noviembre en Brasilia. Será uno de los encuentros de más alto nivel rumbo al término del 2019. Jair Bolsonaro recibirá a Vladimir Putin, Xi Jinping, Narendra Modi y Cyril Ramaphosa, los mandatarios de Rusia, China, India y Sudáfrica que demandan una reforma al sistema de gobernanza económica mundial y la remodelación de la toma de decisiones cuando el mundo transita de la era euroatlántica hacia el siglo del Pacífico.

Los países BRICS no son un grupo monolítico ni homogéneo de naciones; sin embargo, se les agrupa en un mismo bloque canasta debido a sus atributos geográficos, bono demográfico, abundantes recursos naturales, ensanchamiento comercial y destacadas capacidades militares, científicas y tecnológicas. Pese a sus enormes diferencias históricas, culturales, religiosas y políticas, estos países se suman a un reclamo planetario: mutar la toma de decisiones de dominio occidental que han conducido a un mundo asimétrico y dispar. Anhelo, vale señalar, en plena sintonía con el presente grito de las clases medias agobiadas y frustradas por la desigualdad, el estancamiento de su poder adquisitivo y el desnivel en la distribución de la riqueza.

Estos países han sido insistentes y reiterativos de la urgente necesidad de contrapesar al sistema Bretton Woods que le dio vida al Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como volcar las reglas del juego para confeccionar una arquitectura financiera alternativa que refleje el poder ascendente de Asia-Pacífico en las relaciones internacionales. De ahí el ímpetu de conformar el Nuevo Banco de Desarrollo (Banco BRICS) y apoyar el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (BAII), la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái al tiempo de cuestionar el rol del dólar como moneda de intercambio internacional. Todo un paquete de acciones aderezado bajo el correlato diplomático de defender el sistema multilateral, avanzar en la cooperación Sur-Sur y reformar el Consejo de Seguridad, pese a que China y Rusia poseen poder de veto.

Presidente da República, Jair Bolsonaro, durante foto de família dos Líderes dos BRICS. Foto: Alan Santos / PR

Pese a su actual declive económico, no debe olvidarse que los BRICS son un poderoso actor de contrapeso mundial. Su realce geopolítico se visibiliza con el trabajo que hace Beijing de conectar a Asia, África y Europa con la nueva Ruta de la Seda; con un Vladimir Putin actuando como mandamás en Medio Oriente tras la retirada estadounidense de Siria y concertando acuerdos con Turquía. Por otro lado, se apunta el renovado interés de Putin de proyectar su poder en África, pues mientras Trump desprecia al continente negro, el Kremlin firmó acuerdos con más de 40 gobiernos africanos en materia petrolera, minera y de cooperación militar en el marco de la primera Cumbre Rusia-África que se celebró en Sochi el pasado 23 de octubre.

En medio del juego de estas coincidencias y ambivalencias de los BRICS, la presidencia carioca de sus trabajos ha venido a desunir más el grupo. Jair Bolsonaro discrepa de sus compañeros: desdeña el multilateralismo, el combate el cambio climático y se enfila en ruta contradictoria en materia de política exterior. Bolsonaro admira a Trump y está negociando un acuerdo comercial con Washington que, de concretizarse, lo invitaría a abandonar el Mercosur, grupo que recién firmo un acuerdo con la Unión Europea en el mismo rubro. Una respuesta propinada al peronista Alberto Fernández al llegar a la Casa Rosada en Argentina y a la propia Unión Europa, quienes invirtieron más de dos décadas en negociar dicho acuerdo.

No es casualidad el coqueteo de Bolsonaro con dos principales aliados de EE.UU.: Israel y Arabia Saudita. Con el primero propuso trasladar la embajada brasileña a Jerusalén y con el segundo se selló la alianza con Mohammed bin Salman en el marco del Foro de Riad, conocido como el “Davos del Desierto” en el cual Arabia Saudita invertirá 10 mil millones de dólares en Brasil, un posicionamiento malvisto por los BRICS.

Además, Venezuela promete ser un tema-bomba en Brasilia. Mientras que Rusia y China son poderes extracontinentales de primer orden en la Venezuela chavista, e India y Sudáfrica se mantienen al margen, Jair Bolsonaro fue el único presidente de los BRICS que reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, generando rispidez y tirria entre los miembros. No todo está dicho, habrá que esperar también la reunión de Bolsonaro con Trump en Washington el 25 y 26 de noviembre. ¿Buscará Bolsonaro integrarse a la OCDE y con ello debilitar la unidad y cohesión de los BRICS? Por ahora, India es el país del bloque más cercano a sus intereses y quien podría intentar persuadirlo.

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