LA BATALLA POR LA CASA BLANCA


En medio del desamparo global que priva por el COVID-19 – el peor shock sanitario y económico de los últimos 100 años- llega la cita electoral más importante del rally  2020:  los comicios en Estados Unidos que tendrán implicaciones planetarias por tratarse de un país central, sistémico y hegemónico del orden internacional.

Como cualquier otro proceso electoral, el presente se ha convertido en un referéndum sobre el desempeño del presidente en turno, los cuatro años de Trump que también se han concretado en una especie de “sufragio sanitario” frente a su mala gestión de la pandemia, el cisne negro que le robó sus éxitos económicos y que cambió la conversación y el estado de ánimo de los votantes ante el descalabro económico y la devastación del empleo.

Recordemos que Trump ejercitó un “cesarismo” en la presidencia más importante del mundo con su talante autoritario y ADN provocador – siempre le molestaron los límites impuestos por el sistema de pesos y contrapesos-. Se trató de una presidencia llena de mentiras, abuso de poder y conflictos de intereses, no honró a la constitución, confundió los intereses personales con los nacionales a la hora de gobernar (motivo por el cual se le enjuició) y se comportó como un autócrata en la democracia más consolidada del mundo.

¿Llegará la cordura, decencia y sensatez a la Casa Blanca? La reelección de Trump afianzaría el peligro para la democracia. Su presidencia unilateral y excluyente ha tratado de esquivar el tsunami demográfico estadounidense, al tratar de entorpecer el voto afroamericano, latino y asiático, las minorías que no le favorecen. Incluso en pleno proceso electoral se manifestó en contra de las opciones de votación en ausencia a través del sistema postal.

Precisamente, una de las grandes novedades de esta elección es que se producen con el electorado más diverso de la historia americana y con la promesa de una mayor participación. Hace cuatro años votaron casi 139 millones de estadounidenses, ahora se espera que la votación alcance una cifra récord de 156 millones, una participación más entusiasta, en gran parte gracias a las modalidades del voto a distancia que pueden animar a diferentes segmentos a ejercer su derecho al voto en momentos de pandemia.

Sin embargo, no se puede cantar una victoria demócrata en la Casa Blanca. Con Trump todo puede suceder, más aún considerando que no se ha comprometido a respetar el resultado final. Hace cuatro años las elecciones en Estados Unidos fueron guiadas por un fuerte sentimiento anti-sistema y anti statu-quo, el ecosistema rabioso contra las élites y las dinastías políticas que obtuvieron gran rentabilidad política y electoral, principalmente en el denominado Rust Belt. En la presente contienda, ello dista de ser hegemónico. Han sido las fallas de la gobernanza sanitaria, junto con la catarsis económica lo que ha visibilizado otras prioridades públicas: la precaria red de seguridad social, la desigualdad económica, el racismo sistémico y la inequidad en el acceso a la salud, como los marcadores de la presente campaña.

De resultar ganador, Joe Biden tendrá que asumir dos tareas titánicas. En la esfera nacional debe de convocar a la unidad del pueblo estadounidense para sanar el odio, la polarización y la desconfianza mutua y en el ámbito internacional debe “recoger al mundo” y devolverle a Estados Unidos su papel de líder mundial, recuperando su imagen y la credibilidad pérdida frente a sus amigos, socios y aliados. No perdamos de vista, que la presidencia trompista fue disruptora al interior pero también al exterior, porque desfundó el orden liberal internacional construido como producto del fin de la Segunda Guerra Mundial.

En este sentido, una de las propuestas más relevantes de Joe Biden será la de convocar a una Cumbre Mundial de Democracias, una iniciativa motorizada desde su interior al considerar a Trump “el genio del iliberalismo”. Con justa razón, Biden percibe el declive de las democracias liberales cuando prevalecen los hombres fuertes y autoritarios en el mundo, por ello buscará volver a ganar la confianza de aliados claves y cooperar con ellos en diversos temas multilaterales, fortaleciendo enfoques más allá de las siguientes elecciones.

1 comentario

  1. Gracias. Muy buen articulo. Aunque Biden no es la solución, por lo menos tratará de afrontar esas tareas que vuelvan a unir al pueblo americano. sera mucho soñar? Mi hija hoy está haciendo 6 horas de cola para votar, porque no pierde las esperanzas en un futuro más prometedor!

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