Crisis de Liderazgos en Perú.


Mientras el mundo entero enfrente la pandemia económica y sanitaria por el nuevo coronavirus, Perú, además, vive otra crisis de carácter político que se ha convertido en una constante en los últimos treinta y cinco años. Caracterizada por una alta polarización e inestabilidad, las acusaciones de corrupción han desencadenado que el país andino atraviese por una crisis de liderazgos. Exceptuando a Valentín Paniagua, quien actuó como presidente interino entre el 2000 y el 2001, desde 1985 todos los mandatarios han tenido problemas con la justicia.

Uno de los casos más sonados de la larga es el de Alan García, quien ganó las elecciones de 1985; aunque fue durante su segundo periodo presidencial cuando cometió irregularidades que lo vinculaban con la constructora Odebrecht y que le orillaron a suicidarse antes de ser detenido. Antes que él, la corrupción carcomió también al aparato gubernamental dirigido por Alberto Fujimori. Su régimen se manchó también de delitos de expolio y crímenes de lesa humanidad. Actualmente cumple una condena de 25 años por varios delitos, como corrupción, peculado, usurpación de funciones, desvio de fondos, entre otros.

Otros exmandatarios que se les unen son Ollanta Huamala, quien cumplió más de 9 meses de prisión preventiva, pero fue excarcelado durante las investigaciones y no ha sido juzgado y que además pretende contender en las elecciones generales del 11 de abril del 2021 como candidato presidencial; y Alejandro Toledo, que ahora reside en Estados Unidos y sobre quien pesa una orden de captura desde 2017 al ser también acusado de corrupción. Pedro Pablo Kuczynski, electo en 2016, concluye esta terna de mandatarios acusados de corrupción relacionados a la constructora Obredecht. No obstante, y a diferencia de los dos anteriores, él no pudo terminar su periodo, dimitiendo antes de un segundo intento de juicio político.

A Kuczynski le reemplazo su vicepresidente Martín Vizcarra, quien incluso tuvo que disolver el Congreso luego del lento progreso hacia las reformas anticorrupción que buscó implantar al inicio de gestión interina, derivadas de un referéndum nacional que convocó. Empero, al ser un político sin afiliaciones partidistas o bancadas a su favor, se enfrentó a otro Congreso hostil y con un entorno muy acotado de acción. Acusándolo de corrupción durante su administración como gobernador del departamento de Moquegua, y una mala gestión para controlar la pandemia terminó por ser destituido, con lo cual el líder del Congreso, Manuel Merino, ocupó el cargo presidencial conforme al orden de sucesión estipulado en su Constitución y frente a la renuncia de la vicepresidenta Mercedes Araoz.

Paradójicamente, en este punto, el presidente Vizcarra contaba con un apoyo popular exorbitante -dejando la pandemia de lado-, a diferencia del Congreso y de Merino que contaban con índices de aprobación mínimos. Un punto a destacar fue que Merino podría buscar revertir la reforma política de Vizcarra que prohíbe a los miembros del Congreso buscar la reelección inmediata. En ese sentido, y con la alta desaprobación, enfrentó fuertes protestas ciudadanas que terminaron siendo reprimidas con violencia y desencadenaron en su renuncia y la necesidad del Congreso por elegir a un nuevo mandatario transitorio hasta julio de 2021, cuando está previsto que tome posesión el ganador de las elecciones generales en abril próximo.

El nuevo encargado es Francisco Sagasti, ingeniero y tecnócrata, aunque con un perfil moderado y de consensos, que ahora deberá lidiar con la pandemia, la crisis económica derivada de la misma, los problemas de inseguridad y los múltiples escándalos que rodean al aparato político peruano, pues vale recordar que en los medios trasciende que 68 de 130 parlamentarios enfrentan procesos judiciales. De esta manera, aunque su nombramiento parece haber calmado la tensión, continúa la desconfianza hacia los políticos del país. No olvidemos que Perú se quedó sin presidente durante 24 horas en la semana donde desfilaron tres mandatarios-.

Con elecciones generales a tan sólo cinco meses, Perú enfrenta una crisis de liderazgos. Dentro de los precandidatos registrados no aparece haber alguien que encienda y conecte a las multitudes, prueba de ello es que el puntero en las encuestas de opinión sea un exfutbolista, George Forsyth. Conforme avancen las primarias, es posible que otros nombres le superen como Keiko Fujimori, hija del expresidente, quien a pesar de también enfrentar cargos por financiamiento ílicito en su última campaña, buscara por tercera ocasión consecutiva la presidencia. Otros que se le unen son Julio Guzmán y Verónika Mendoza, que hasta hace cuatro años eran considerados outsiders; Alfredo Barnechea García, antiguo miembro del APRA, e incluso el ya mencionado expresidente Humala.

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