¿Se pronunciará Kamala Harris sobre la calidad de la democracia en México?


En su controvertida portada del 27 de mayo, la prestigiosa e influyente revista The Economist señaló en su edición latinoamericana que “el presidente Andrés Manuel López Obrador es un peligro para la democracia mexicana” y encomendó a Estados Unidos a “poner atención al autoritarismo progresivo en su patio trasero”.

El mundo está enfilado hacia la propagación de populismos autoritarios que han hecho encoger la naturaleza democrática. Open Democracy señala que atravesamos una tercera ola de este tipo, mientras que Latinobarómetro lo ha descrito como “diabetes”, una enfermedad invisible que carcome la vida democrática lentamente. En este contexto la pregunta resulta obligatoria: ¿se pronunciará Kamala Harris sobre la calidad de la democracia en México en su visita del próximo 8 de junio?

Pongamos las cosas en contexto. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, repeló con todo su ser la presidencia caótica, excéntrica, unilateral y de tinte imperial de Donald Trump, el inquilino de la Casa Blanca que se convirtió en un autócrata en la democracia más consolidada del mundo, aquel que fomentó el golpe al Capitolio, la jornada inédita que atacó los pilares democráticos el pasado 6 de enero.

Con esto en mano, el presidente demócrata ha remarcado una y otra vez que “nuestra generación será marcada por la competencia entre democracias y autocracias”. Por ello, una de sus propuestas en campaña ha sido la de fortalecer la coalición de democracias liberales en el mundo y convocar a una cumbre internacional en torno a la salud de las democracias.

Entonces ¿será Estados Unidos el contrapeso que México necesita para frenar la deriva antidemocrática de AMLO? Por el momento, y dadas las circunstancias actuales, se antoja improbable que Washington apriete este botón de enorme sensibilidad para el gobierno mexicano y de la llamada cuarta transformación. La respuesta está anclada a razones de política interna de Estados Unidos.

Recordemos que al finalizar sus primeros 100 días de gobierno, Joe Biden obtuvo su peor rubro evaluado en materia migratoria por las cifras récord de detenciones en su frontera sur que registraron su mayor nivel en 20 años, aunado a la explosión no vista de la crisis de niños migrantes no acompañados; justamente el esfuerzo de la disuasión migratoria que le roba el sueño de cara a las elecciones intermedias de noviembre del 2022.

Es la visita de Kamala Harris a Palacio Nacional la que se produce cuando la encomienda republicana y trompista culpa directamente al ticket Biden-Harris de engendrar la crisis fronteriza y de propagar las fronteras abiertas y porosas, a raíz de la mutación del enfoque demócrata, cuya inclinación favorece un sistema migratorio más compasivo y comprensivo. Es esta coyuntura la que favorece al presidente AMLO, porque su margen de maniobra se verá ensanchado en el marco de la relación bilateral.

Precisamente la Casa Blanca no tiene ningún apetito de encolerizar, disgustar o incomodar a AMLO. Lo necesitan. Por ello, su interés estará guiado en función de exhibir el músculo del control de la frontera sur, a propósito de minimizar los ataques políticos en contra del presidente de Estados Unidos en ese rubro. En otras palabras, la Unión Americana no será el contrapeso anhelado para frenar al “falso mesías” del que habla la revista The Economist. Al menos, no en este momento. Debemos esperar a que se apacigüe la crisis migratoria.

Inclusive la ausencia de una política económica robusta en medio de la pandemia, la caída del 8.5% del PIB mexicano en 2020 y la generación de hasta 10.7 millones de personas que cayeron en situación de pobreza extrema en términos salariales (Coneval) han impedido frenar los flujos migratorios que tanto preocupan a Washington.

Ciertamente, la visita de Kamala Harris a México se produce cuando la relación bilateral luce tensa y friccionada porque la agenda del presidente de México está contraviniendo el interés nacional de Estados Unidos. Existen fuertes desencuentros en cuanto a democracia, obligaciones climáticas, compromisos energéticos y cuantiosas inversiones suspendidas por el cambio abrupto en las reglas del juego y las violaciones al T-MEC.

Este choque de trenes también se palpa en la espinosa y delicada agenda de seguridad. Mientras que AMLO prioriza la petición de frenar el tráfico ilegal de armas a México – el 70% proviene de Estados Unidos- existen sendos diferendos en cuanto a la Iniciativa Mérida, el combate al narcotráfico, la exoneración del General Cienfuegos, el cambio de reglas exprés para regular agentes como el FBI, la CIA y la DEA y la posibilidad de que Estados Unidos vuelva a poner sobre la mesa la designación de los cárteles mexicanos como grupos terroristas.

Mientras que la agenda bilateral entre Trump y AMLO resultó ser altamente funcional a los intereses del momento y limitada al tema de la migración bajo ciertos condicionantes económicos, Joe Biden es un ferviente partidario de ampliar la plataforma de asuntos y transacciones con México: la promoción de los derechos humanos, la democracia, el combate al cambio climático y la corrupción. Todos ellos son temas que incomodan y desafían al presidente mexicano.

Este artículo fue publicado originalmente en el sitio Expansión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: