DONALD TRUMP: LA REGRESIÓN


Lo inesperado, imprevisible e inadvertido sucedió con la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, tres características que acompañaron el largo proceso electoral y que no se pudieron despegar del BREXIT y del fuerte mensaje de desprecio y enojo de los estadounidenses frente al establishment, el estatus quo y la política de siempre de Washington. Ganó el “vendedor de humo”, tal y como lo señala Mark Singer en su libro del Show de Trump, el presidente electo que utilizó la plataforma del espectáculo, el lenguaje simple, focalizado y descabellado para manipular el voto irracional basado en los miedos y prejuicios.

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Fuente: epimg.net

El mensaje de la inseguridad económica del hombre blanco de baja escolaridad fue el mayor resonador del pasado 8 de noviembre, así como el sentimiento más localista, nativista y provinciano de aquellos que padecen salarios estancados y la imposibilidad de pagar las universidades de sus hijos. El sueño económico extraviado que se conjunta con los remanentes de la crisis financiera del 2008, que también tuvo como consecuencia castigar a los partidos políticos gobernantes de la Unión Europea, independientemente de los estandartes y posiciones ideológicas: la caída de Brian Cowen en Irlanda, José Sócrates en Portugal, José Luis Rodríguez Zapatero en España, Nicolás Sarkozy en Francia y Yorgos Papandréu en Grecia, entre otros.

La victoria de Donald Trump en EE.UU. que tuvo como trasfondo la raza, lo supremo y la intolerancia logró autoafirmar el poder del hombre blanco anglosajón, el grupo que se siente profundamente incómodo por las nuevas claves de la realidad demográfica que los convertirá en el año 2050 en un grupo minoritario. Para ese entonces, 1 de cada 4 personas en la Unión Americana será latino. Donald Trump encontró en la situación de desesperanza de los hombres blancos de clase trabajadora el mayor rédito de su campaña política y explotó con toda oportunidad la mayor debilidad del Partido Demócrata: haber descuidado el voto blanco.

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Fuente: elpais.com

Prácticamente nadie en el Partido Demócrata daba por perdido el “cinturón de óxido”. Desde 1992, Michigan, Wisconsin y Pensilvania eran demócratas y en esta ocasión se convirtieron en entidades republicanas, la voltereta del mapa electoral que cambió el destino de EE.UU. y del mundo. Asimismo, el 52% del voto femenino blanco prefirió decantarse por Donald Trump y alejar una vez más la posibilidad de que las mujeres puedan romper el techo de cristal. En otras palabras, desde 1967, los demócratas no han podido superar la barrera del 50% de apoyo del voto blanco.

Más allá de los insultos, agravios y humillaciones que Donald Trump lanzó contra mujeres, musulmanes, migrantes, latinos y discapacitados, el candidato republicano logró colocar otro mensaje de miedo en la mente colectiva: cerrar las fronteras para evitar la llegada de inmigrantes y refugiados cuando el mundo atestigua la peor crisis de desplazados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, un tanque de oxígeno para muchos liderazgos ultraconservadores como aquel practicado por Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría, quien ha utilizado la narrativa nacionalista para construir el muro de la vergüenza, a propósito de evitar la entrada de inmigrantes desde Serbia.

El regreso del nacionalismo económico en EE.UU. y en gran parte de los países europeos también se toca con la ola del proteccionismo comercial, una disyuntiva que incentivará un nuevo reacomodo de alianzas regionales e internacionales. En este contexto, México se ve sumamente afectado por el discurso anti-libre comercio en aras de renegociar el TLCAN y cancelar la participación de EE.UU. dentro del TPP –el acuerdo de Asociación Transpacífico- que luce muerto precisamente cuando tendrá lugar la cumbre del APEC en Perú en noviembre del presente año.

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Fuente: wp.com

Muchas heridas le queda por sanar a Donald Trump. Su mayor desafío será conducir la gobernanza en medio de la extrema polarización y división que afecta a la Unión Americana. Mientras que la mitad de la población se conecta con el mensaje de la diversidad, pluralidad y el respeto al otro, la otra parte de la sociedad se engarza con el ticket de la supremacía, el racismo y la xenofobia.  Precisamente, la dicotomía que hoy se juega en el siglo XXI es entre sociedades abiertas o cerradas.

Por último y no menos importante, Donald Trump obligará a que la mayoría de las políticas exteriores del mundo sufran un vuelco. La posibilidad de echar para atrás el acuerdo sobre el programa nuclear de Irán, desconocer el calentamiento global y con ello retirarse del Acuerdo de París que ya entró en vigor –una de las victorias más significativas de la diplomacia multilateral-, así como retroceder en la reconciliación histórica entre Washington y La Habana cambiarán la geopolítica global, el escenario que surtirá nuevos ganadores y perdedores en la escena internacional.

 


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