El Coronavirus, ¿un tsunami político para Xi Jinping?


El mundo corre a un ritmo veloz ante los ojos del ciudadano: guerras, choques religiosos, crisis económicas, desastres humanitarios y negocios globalizados, que se acompañan de la fatiga social, las epidemias y la sobreexplotación irracional del planeta. Todo ocurre al mismo tiempo. Conexiones, interrelaciones y empalmes que se entretejen sin que sean comprensibles a simple vista.

Precisamente, el mundo está nervioso e inquieto por la ola expansiva del coronavirus (presente en más de 50 países), el patógeno que presiona a las naciones a prepararse con “planes de pandemia”, aún cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha rechazado -hasta el momento- declararlo oficialmente de esa manera.

El coronavirus tiene varias lecturas, éste puede analizarse desde el punto de vista médico, científico, sanitario y como objeto de investigación, pero también constituye un problema político, económico e incluso un reto para la seguridad nacional de los países. En su seno se desentraña el comportamiento de los Estados, la capacidad o falla de liderazgos políticos y las respuestas de las autoridades públicas centrales y locales para gestionar los desafíos técnicos y operativos que lleva consigo.

Es un tema de actores, tomadores de decisiones y acciones porque a su vez pone a prueba la coordinación, eficiencia y transparencia de las instituciones nacionales e internacionales para evitar la transferencia y propagación global de riesgos. En varias ocasiones ya se ha dicho que la “seguridad sanitaria del país más rico depende de la capacidad que tenga el país más pobre para frenar las enfermedades”.

Bajo la trama del coronavirus también se desenvuelve la gobernanza de los dineros, -los donantes de fondos- y el financiamiento público y privado para enfrentar la contingencia. De igual manera, el brote epidémico toca las fibras de la comunicación y el manejo de información entre gobiernos y sociedades, que de fallar pueden levantar la estigmatización y discriminación contra personas infectadas, utilizando la divisa de la identidad, refractaria del respeto a los derechos humanos.

No olvidemos que China bajo el mando del Partido Comunista trató de limitar en un principio las coberturas periodísticas sobre la enfermedad y utilizó el encubrimiento y la represión en nombre del orden y la estabilidad. Ahí se apuntó la convulsión en China por la muerte del Dr. Li Wenliang, el médico que alertó sobre el mortal virus y quien declaró antes de su deceso que “una sociedad sana no debe hablar con una sola voz”. Además de las pérdidas económicas globales, la caída de los mercados financieros, el menor consumo de petróleo, y las disrupciones de las cadenas productivas y de distribución, el contagio sanitario puede poner “contra las cuerdas” al Partido Comunista y servir de antesala para presionar el cambio político de China.

Inclusive, el virus activo ha sacudido la ecuación geopolítica entre la República Popular de China y Hong Kong, pues el grito independentista se ha disipado por la prohibición de protestas sociales ante la posible propagación de contagios en encuentros masivos. Vale la pena recordar que la excolonia británica no es autónoma en materia de política exterior ni defensa, y que, además, el triunfo electoral de Tsai Ing-wen del Partido Democrático Progresista (DPP) de Taiwán -la otra provincia rebelde – ha visto ensombrecer su reclamo independentista ante la emergencia epidémica. La misma presidenta solicitó la participación de Taiwán en las reuniones de la OMS y creó el Centro de Comando Central Epidémico, que de manera casi diaria celebra una conferencia de prensa para anunciar políticas públicas sanitarias y aclarar los rumores que circulan en redes sociales.

En el ámbito geopolítico, la contracción del gigante asiático y los escollos del imparable Xi Jinping preocupan a Rusia e Irán, la triada de países que buscan contrapesar la influencia de Estados Unidos en el mundo, éste último país -el ganón- en su lucha para contener el ascenso de la segunda economía mundial. El coronavirus -dependiendo de su alcance y magnitud- también pueden girar los tirones de la geopolítica global al impactar la correlación de fuerzas entre potencias centrales y regionales y alterar el juego de equilibrios internacionales.

Siendo testigos de la “mayor cuarentena de la historia” llama mucho la atención las equivalencias que están manejando algunos analistas y medios de comunicación al equiparar el accidente de Chernóbil con la coyuntura actual del coronavirus. Justamente la tragedia nuclear en Ucrania, que sumó una cadena de errores sucedió cinco años antes del desmembramiento de la URSS en 1991, una crisis inesperada que, junto a otras, actuó como flecha para presionar la agenda de reformas y cambios que llevaron a la glasnost y perestroika. ¿Estamos en la antesala de grandes mutaciones en China? No lo sabemos, hay que esperar.

Este texto fue publicado originalmente en el sitio Expansión.

Un comentario

  1. Resultan muy interesantes, las acciones y posiciones, que están teniendo los diferentes actores, respecto del Covid-19. La alianza sino-rusa, llegó a su tope, en el momento que los rusos, sintieron que se les colaba el virus por la frontera. De manera que decidieron cerrarla, hasta nuevo aviso.
    Cuando parece que China empieza a salir de la cuarentena, es el momento en que empiezan a darse cuenta, que son meses perdidos, en términos de producción-consumo. Ya no te cuento, el problema que representa echar andar la economía. Sin embargo, en algún momento, llegará la evaluación al interior del Partido, y por otro lado, la evaluación de la población, hacia su gobierno.
    Bajo otro escenario, Trump haría eco de esta situación y se la apropiaría… sólo que el Covid-19, afecta a todo el mundo, de una manera o de otra. El puerto de Los Angeles, se encuentra trabajando al mínimo, si no es que se encuentra parado. Eso nos lleva a pensar, en las cadenas de suministros, vía marítimas y aéreas, se encuentran rotas, lo que puede verse reflejado, en una crisis económica, lo que resta del año. Inevitablemente tendrá repercusiones para la campaña presidencial de EUA. Pero como afirmaste con Karla Iberia. A falta de resultados económicos por presumir, se buscará algún culpable. Eventualmente se reiniciarán las cadenas productivas, pero el daño ya estará hecho. Cuánto tiempo llevará y cuánto dinero se perderá, es lo que tiene nervioso, a Wall-Street.
    Me lo perdí, pero. ¡Felicidades por la publicación del libro!
    Buen cambio de avatar en FB y TW. Guapísima de azul. 😍 #SoyFan

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