Covid-19, el factor mutante de la política global.


La pandemia del nuevo coronavirus se ha convertido en un factor mutante de los proyectos políticos de países centrales, economías emergentes y naciones pobres y menos adelantadas. Ningún país ni político puede escapar del mandato sanitario, pues el estado de ánimo calará el juicio de las urnas.

El virus ha puesto en peligro el leit motif de Donald Trump en un año electoral: conseguir la reelección, alargar su estancia en el poder y esquivar su cita atrasada con la justicia, el designio que los demócratas buscan capitalizar por la “mala conducta” del inquilino de la Casa Blanca, su déficit con el imperio de la ley y expediente limpio.

En Rusia, el Covid-19 también alteró los planes políticos y personales de Vladimir Putin, el presidente que busca extender su poder hegemónico hasta el año 2036. Fue la política de la cuarentena la que canceló el referéndum del 22 de abril, la cita que pretendía darle tranquilidad y más certidumbre al todopoderoso presidente, a propósito de votar una serie de reformas constitucionales que habilitarían la posiblidad de presentarse como candidato a las elecciones del 2024 y 2030.

En principio, una votación que se inclinaba hacia un empate técnico, pero que de realizarse después del peligro del coronavirus le robaría a Putin un buen trozo de rentabilidad política por el nuevo declive económico y la caída pronunciada de los precios internacionales del petróleo y gas natural.

En Reino Unido, el equiibrio geopolítico del brexit también sufrió un descalabro. Luego de oficializarse el 31 de enero, se abrió un periodo de transición de 11 meses que ahora tendrá que alargarse en gran medida por la ralentización de las negociaciones a causa del virus para alcanzar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE).

Además, se debe señalar que Michael Bernier, el negociador europeo contrajó el virus y semanas después Boris Johnson, el primer ministro británico fue ingresado a terapia intensiva. Con ello, la misiva “get the brexit done”, el slogan del Partido Conservador que le valió conseguir mayoría absoluta en las elecciones del 12 de diciembre del 2019, no podrá concretarse como se estipuló en campaña. Ahora el cambio de planes se debate públicamente porque a todas luces será imposible cumplir con el plazo original debiéndose alargar por dos años.

Photo by Fusion Medical Animation on Unsplash

Israel es otro caso emblemático, pero inversamente contrario de cómo el nuevo coronavirus impactó positivamente el proyecto político de Benjamín Netanyahu. Después de la celebración de las elecciones del pasado 2 de marzo en las cuales el partido Likud (derecha-conservadora) conquistó 36 bancas de las 120 en disputa de la Knesset, el primer ministro se vió obligado a negociar un acuerdo de coalición como es costumbre en la política israelí.

Netanyahu utilizó la emergencia pandémica como un instrumento para retrasar el juicio político que él debía enfrentar el 17 de marzo por soborno, fraude y otros cargos; además, el Covid19 fue un impulsor para que Beny Gantz de la coalición Azul y Blanco se coaligará con él, en aras de conformar un gobierno de unidad nacional, un hecho que puede ser interpretado de dos maneras por sus votantes en un momento de gran polarización política: ¿acto responsable o simple traición?

Los proyectos políticos no son inmunes al Covid19. Otro caso es Venezuela en manos del presidente Nicolás Maduro, quien no cuenta con la caja de herramientas para superar esta emergencia sanitaria que lo asfixia cuando de manera simultánea se vive una crisis política, legislativa, económica, financiera, diplomática, humanitaria y de seguridad.

En este contexto se inscribe el propósito de Donald Trump de ponerle un precio a la cabeza de Maduro y a otros funcionarios del más alto rango del gobierno chavista etiquetados como narcoterroristas, precisamente la narrativa preparatoria para lanzar un ataque militar que apoyan Brasil y Colombia, los dos grandes aliados de Estados Unidos en América del Sur.

La decisión trumpista está fríamente calculada en un año electoral. Con la pandemia sanitaria, la Casa Blanca estaría pérdida para los próximos cuatro años en manos del Partido Republicano debido a la factura económicamente desastrosa del Covid19, el virus que súbitamente le robó a Trump su abanico de éxitos económicos y que lo desnudó de resultados en plena contienda electoral.

Ahora Trump enfila todas sus baterías para crear y presumir nuevos logros, por lo que acude a la cartera de la política exterior. Atacar a Venezuela, derrocar a Maduro y anticipar elecciones será la acción que le permitirán seducir el voto latino que le resulta crucial conquistar el 3 de noviembre y pintar de rojo al estado columpio de Florida.

Mientras todo esto sucede, Xi Jinping se anota como el gran ganón de la geopolítica global, un país que ya pasó por la tormenta más oscura del Covid-19 y que aprovechará la oportunidad para suplantar a Estados Unidos como el líder responsable del escenario global.

Este texto fue publicado originalmente en el sitio Expansión.

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