ELECCIONES EN EGIPTO: ¿REVOLUCIÓN O CONTRARREVOLUCIÓN?, mayo y junio de 2012


En la antesala del año 2011, el mundo atestiguó la vocación transformadora de la Revolución del Jazmín que tuvo su epicentro en Túnez y que más adelante propagó su llamarada colectiva a otros países del mundo árabe. Las protestas populares inspiradas en cambios libertarios y demandas democráticas que hasta el momento, han logrado derrocar a dictadores como Ben Alí en Túnez, Hosni Mubarak en Egipto, Ali Abdulah Saleh en Yemen y Muammar El Gaddafi en Libia, países que enfrentaron la “hora de la verdad” con la llegada de elecciones anticipadas, pero la pregunta es si el mandato de las urnas podrá materializar y proteger las aspiraciones de la primavera árabe.

Fuente: Al Jazeera

Fuente: Al Jazeera

La historia de Egipto que se volcó repentinamente en 18 días con la caída de Hosni Mubarak, el presidente faraónico que gobernó la Joya del Nilo durante 30 años, atestiguó un impasse mayor ante la necesidad de encontrar una nueva nomenclatura del poder que le permitiera sellar una salida a la crisis política. A más de un año de la revolución de Tahrir, ganadores y perdedores se encumbraron en la escena egipcia, los jóvenes quienes protagonizaron los cambios vieron desdibujadas sus demandas en el espectro político y tildaron a la revolución de “moribunda e incompleta”, mientras que grupos progresistas y minoritarios como los coptos cristianos lo viven como una franca contra-revolución. Hoy se viven muchas revoluciones en Egipto, revoluciones que rivalizan entre sí.

Las elecciones parlamentarias celebradas el 28 de noviembre del 2011 y escalonadas hasta principios del 2012, son consideradas las primeras elecciones libres en más de medio siglo en Egipto, una contienda que le dio la victoria al Partido Libertad y Justicia (PLJ) comandado por los Hermanos Musulmanes, que junto con el Partido Al Nour, encabezado por salafistas conquistaron tres cuartas partes de los escaños. Quizás el ascenso del islamismo en Egipto es la conquista más significativa del ejercicio democrático que ahora inscribe al país por el camino de Túnez y Marruecos, pero el júbilo de los islamistas contrasta con el temor y desesperanza de otros grupos que temen que el carácter secular del estado se derrumbe y se entierren los intereses liberales y más pro-occidentales.

Mohamed Morsi, primer presidente de Egipto electo democráticamente, además del primer civil.Fuente: TIME

Mohamed Morsi, primer presidente de Egipto electo democráticamente, además del primer civil.
Fuente: TIME

La carrera presidencial en Egipto estuvo llena de sorpresas y repentinas decisiones. 23 candidatos fueron registrados oficialmente para participar en la primera ronda electoral del 23 y 24 de mayo, sin embargo el Parlamento aprobó una ley que prohíbe las candidaturas de quienes hayan sido altos funcionarios durante los últimos 10 años del régimen de Mubarak. A finales de abril, la junta electoral descalificó a 10 contendientes, a Omar Sulieman, ex jefe de inteligencia y vicepresidente, Jairat al Shater, considerado el “hombre fuerte” de los Hermanos Musulmanes y al popular salafista Abu Ismail. Con este vuelco, el péndulo electoral favoreció a Amr Musa, el ex Secretario General de la Liga Árabe, quien pintaba como favorito para ganar las elecciones pero que finalmente obtuvo solamente 11.13% de los votos en la primera vuelta. En un giro inesperado, la elección obtuvo un pobre 43.4% de participación y, a pesar de las predicciones de todas las encuestadoras, fue Mohamed Morsi, del Partido Libertad y Justicia, aliado de la Hermandad Musulmana, quien resultó ser elegido como primer presidente del nuevo Egipto democrático.

Egypt-QuoteEn este largo calendario electoral nuevas protestas sociales alzaron su voz para evitar que se abortara el espíritu de la revolución de Tahrir. Sospechas y dudas sobre los criterios arbitrarios de descalificar a 10 contendientes de la jornada electoral nos obligan a preguntarnos sobre el papel que han jugado históricamente las fuerzas armadas en Egipto. Al parecer son los miembros el antiguo régimen y la junta militar los verdaderos poderes de facto que quieren seguir gobernando al país y que han buscado retrasar la transición hacia un gobierno civil. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), sigue monopolizando todos los hilos de poder y ha buscado secuestrar el proceso de transición. De esta manera, el verdadero reto de la revolución comienza por desafiar el poder militar, contener su dominio y hegemonía, en aras de proteger los ideales de libertad y justicia.

Un mundo árabe en ciernes, que no será el mismo que impusieron los regímenes autocráticos y las presidencias vitalicias pone a temblar al mundo occidental, que bajo la complicidad de sus intereses geopolíticos y económicos engarzaron un status-quo que ahora se ve amenazado. La reinvención de Egipto pasa por reacomodar la alianza estratégica construida con EU y por el hilado con Israel, quien puede ver minado los Tratados de Paz de Camp David y atestiguar la posibilidad de que los islamistas estrechen relaciones con Irán y sus brazos estratégicos como Hamás y Hezbollah. Pero no todo son lecciones tersas en este proceso de transición, los salafistas también juegan en esta escena, quienes están estrechamente vinculados a las dinastías que gobiernan el Golfo, especialmente los sauditas que son aliados de Washington.

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