LA VISITA DE BARACK OBAMA A MÉXICO


A pesar de los terribles atentados en Boston, Barack Obama decide no cancelar su visita a México pactada con las autoridades mexicanas para el 2 de mayo. Una cita de dos días que pretende oxigenar los espacios de entendimiento e imprimir las nuevas coordenadas que guiarán a la relación más importante, compleja y variada que México sostiene con el mundo. ¿Será esta visita un primer gesto de Barack Obama en su segundo mandato para respaldar la presidencia que estrena Enrique Peña Nieto? ¿Qué señales se pueden leer de que éste sea su segundo destino a visitar como presidente reelecto, tras aquel realizado a Israel, su histórico y tradicional aliado en Medio Oriente?

La nueva narrativa que busca imprimir el gobierno de Enrique Peña Nieto en torno a las relaciones bilaterales debe sustentarse en un nuevo enfoque estratégico. Precisamente una pauta que marca este mismo viaje que hace el Presidente Barack Obama a México y luego a Costa Rica para atender una reunión del Sistema de Integración Centroamericana (SICA). El replanteamiento de la relación bilateral que pasa por los acentos y matices que se subrayen en la multiplicidad de temas y aristas que forcejean en el terreno de la cooperación debe insertar una “dimensión regional” al tratamiento de algunos temas clave. Hoy los desafíos a la inseguridad y crimen organizado, incluyendo el problema del narcotráfico, no podrán atenderse con efectividad si desconocemos la realidad que hemos exportado a nuestros pares centroamericanos, la región que ha sufrido la más grande secuela de la guerra abierta y frontal en contra del narcotráfico en México.

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Si bien la consigna mexicana es desnarcotizar la agenda bilateral y quitarle el estigma monotemático y de “securitización” a los planes de trabajo con EE.UU; la relación de acercamiento o alejamiento con nuestro socio depende de los intereses que sostenemos y de cómo manejemos los atributos geográficos, políticos, económicos, sociales y culturales de México en el mundo. En ese sentido, la lógica establece que debemos apostarle más a la agenda del desarrollo con EE.UU. y favorecer una visión integral de esta interacción que se despliega en numerosas facetas y espacios. Los temas del medio ambiente, energía, infraestructura fronteriza, educación, ciencia y tecnología y migración deberían de imponerse sobre el tema de la seguridad, pues finalmente la inseguridad es un asunto altamente asociado a la falta de oportunidades y al desarrollo trunco que se ha generado en muchas partes de nuestro país.

Como lo hemos atestiguado en los últimos años, la narcotización de la agenda México-EU nubló la esperanza de concertar sobre otros temas clave como la necesidad de revigorizar el TLCAN a 20 años de su firma y activar mecanismos que eleven la competitividad de América del Norte, un asunto que no ha merecido la atención puntual por parte de las élites políticas de los tres países y que se espera lo haga con menor entusiasmo e interés ante el anuncio reciente que hiciera el presidente Barack Obama de crear una “Alianza Trasatlántica de Comercio e Inversión” con la Unión Europea, un esfuerzo que hasta ahora pretende excluir a México.

Fuente: Associated Press

Fuente: Associated Press

La relación tan asimétrica entre México y EE.UU. nos obliga a redoblar esfuerzos para apuntalar la agenda del desarrollo y opacar los lados flacos de la relación bilateral. La cooperación deslucida que se ve en el terreno educativo es un ejemplo de lo mucho que falta por hacer. Tanto México como nuestro vecino del Norte deben de abrir mayores oportunidades para incrementar los intercambios estudiantiles, al parecer las cifras son poco alentadoras, pues México está muy por debajo del rango de los estudiantes promedio que se envían anualmente a EE.UU. si los comparamos con los países asiáticos. Habría que activar los mecanismos para materializar el mecanismo mandatado por el presidente Obama de la “La fuerza de 100,000 de las Américas” la iniciativa que busca promover la cooperación y prosperidad en las Américas a través del anclaje de alianzas educativas entre gobiernos, universidades y sectores privados.

Fuente: ADN Político

Fuente: ADN Político

A pesar de las asignaturas pendientes de la relación bilateral habría que sacar ventaja de la coyuntura y del nuevo clima de confianza que se inaugura entre ambos gobiernos para imprimir un aliento renovado a la mayoría de los desafíos que se nos presentan. En ese sentido, la reforma migratoria que se está cocinando en EE.UU. bajo el grupo bipartidista de los ocho senadores se antoja clave en el curso de las relaciones bilaterales, una discusión muy aguerrida que toma cada vez más color en el Capitolio y que obliga a México a desplegar una diplomacia astuta en este tema, siempre marcando distancia frente al tratamiento de un asunto interno de EE.UU. pero que nos apremia a permanecer atentos y listos en aras de empoderar las fortalezas de una posible reforma migratoria. ¿Podrá la reforma migratoria destrabar otros temas de la relación bilateral?

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