EL ROMPECABEZAS SIRIO

La hora del cambio en el mundo árabe parece no llegar a buen puerto. Egipto, Libia, Siria y Túnez siguen enfrentando convulsiones políticas y sociales que no han materializado la anhelada estabilidad. La guerra civil desatada en Siria como consecuencia de la lucha entre el régimen de Bashar Al Assad y los movimientos rebeldes y de oposición colocan ante los ojos del mundo una primavera árabe accidentada, sangrienta, conflictiva y portadora de tragedias humanitarias.

FUENTE: Estudioshistoricos.com

Siria representa un acertijo en muchos sentidos. Una configuración interna basada en los pilares del régimen de Bashar Al Assad que encuentra eco en el liderazgo de la minoría alauita, quien controla los hilos del poder, el mando del ejército y la maquinaria económica al confrontar a la mayoría sunnita que ha estado descobijada de la toma de decisiones. Una segmentación étnica y religiosa que no se puede desvincular del panorama político que se ha recreado bajo una oposición fragmentada y con poca capacidad de interlocución internacional compuesta de diversas fuerzas islamistas, seculares, kurdos, exiliados, mercenarios y hasta jihadistas.

El presidente de Siria, Bashar Al Assad. FUENTE: Publico.es

La situación en Siria supera los determinantes políticos, económicos y sociales que se transan en su esfera nacional para inscribirse en una lógica de equilibrios geopolíticos internacionales de la que no puede escapar. Su posición geoestratégica despierta el interés de potencias globales y regionales, mismo que la convierten en un imán de intereses extranjeros que lo hacen sostener el arco que conecta al Norte de África, Medio Oriente y Europa, al mismo tiempo que cristaliza su cercanía al Golfo Pérsico y al Canal de Suez.

En el ajedrez sirio no solamente se apuntan los poderes de EE.UU, Francia, Rusia, China y Reino Unido sino hay actores de gran peso regional como Turquía e Irán. También las monarquías del Golfo Pérsico, entre ellas Catar y Arabia Saudita que se disputan entre una serie de intereses nacionales y regionales divergentes. Tan sólo tomemos como ejemplo la ecuación geopolítica que se detenta en Irán bajo la hegemonía del Ayatola Al Jamenei, quien busca fortalecer el régimen chiita en Iraq, empoderar el dominio de Hezbollah en Líbano, de Hamas en Gaza y por supuesto el régimen alauita de Bashar Al Assad en Siria.

Todavía no llega la tan anhelada paz y tranquilidad en Siria que convoque a una hoja de ruta para la efectiva transición política: frenar la cruenta guerra civil, decantar la redacción de una nueva constitución,  desmilitarizar a los diferentes grupos y convocar a elecciones generales. Quizás, antes de ello se tendrá que enfrentar otro penoso y deplorable episodio: la intervención militar de EE.UU y Francia sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU, la OTAN y la Liga Árabe.

FUENTE: El Universal

SIRIA ¿UNA INTERVENCIÓN MILITAR AL MARGEN DE LA ONU?

Desde que se detonaron los acontecimientos tormentosos de la primavera siria, el mundo occidental ha estado calibrando la posibildad de una posible intervención. Planes, declaraciones, rumores y advertencias se han generado conforme el conflicto escala mientras se implementan medidas de acompañamiento oficiales como: sanciones económicas, presión diplomática, pero en el trasfondo financiamiento a las partes involucradas. No obstante, la matanza del 21 de agosto en la zona de Ghouta bajo el empleo de armas químicas colocaron al presidente Obama, galardonado con el Premio Nobel de Paz, ante un callejón sin salida.

La política exterior suave de Barack Obama que está vinculada al retiro de tropas de Iraq y Afganistán y a las finanzas públicas quebradas de Wahington construyeron un muro de cuatela para evitar a toda costa una intervención en Siria que pueda involucrar a la gran potencia. Sin embargo, la famosa “línea roja” de la que hizo referencia sostenidamente el presidente de EE.UU. pareció cruzarse ante el supuesto uso de armas químicas, mismas que obligaron al Pentágono a prepararse ante una posible intervención y arropar la credibiliad del hombre más poderoso del mundo. Sin embargo, los tambores de la guerra encontraron oídos sordos en el parlamento británico ante la incógnita que sigue sin respuesta: ¿Quién echó el gas sarín en Siria el pasado 21 de agosto, el gobierno de Assad o las fuerzas rebeldes, por cierto, éstas últimas financiadas por EE.UU. Francia y Turquía?

FUENTE: Ensartaos.com.ve

Los divisores de la comunidad internacional se palpan en el conflicto en Siria. La escalada militar se antojaba difícil de materializar ante la negativa de Rusia y China, dos países que tienen intereses encajados en Siria y que cuentan con capacidad de veto en el Consejo de Seguridad esquivando la condena del regímen de Assad. La venta de armas rusas, la condonación de parte de la deuda que Moscú sostenía con Damasco, la base naval rusa que se encuentra en Siria nos hablan de la esfera geopolítica rusa y de la política nacionalista de Vladimir Putin y su implacable posición de no plegarse a los intereses de la todavía superpotencia, una ecuación que también es compartida por Xi Jinping en China, quien se muestra muy interesado en contrapesar la influencia decisiva de EE.UU.

En julio de 2012 Rusia y China, bloquearon por tercera vez una propuesta de Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, para imponer sanciones drásticas al gobierno de la República Árabe Siria. FUENTE: Diario Octubre.

En estos últimos meses los desatinos entre Obama y Putin escalan. El episodio “Snowden” que ofreció asilo temporal por parte de Moscú al ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. le valió de la cancelación de una reunión programada entre ambos presidentes en el marco de la Cumbre del G20 en Rusia. Sin embargo, lo que en el fondo se está transando en Siria es un choque de poderes. En este caso Vladimir Putin el “hombre fuerte” de Rusia juega con astucia las cartas geopolíticas que están respaldadas por un amplio apoyo popular que se dejo ver en las elecciones del 4 de marzo del 2012.

LAS DISYUNTIVAS DEL ATAQUE

Disuadir el empleo de armas químicas en el mundo y sacudir la ecuación siria parecen ser los objetivos que están guiando un posible ataque que ya se cocina en los centros de inteligencia de EE.UU. Una jugada que no tiene como ambición principal la caída de Bashar al Assad pero si forzar a un cambio en la correlación de fuerzas entre el régimen y los opositores que tal vez los obligue a negociar.

Las dudas corroen al establishment político en Washington. Después de un inminente y cantado ataque militar a Siria por parte de EE.UU. la iniciativa quedó congelada el fin de semana pasado, tras la decisión de Barack Obama de consultarla con los congresistas, pero ¿Se esperarán a los resultados de los inspectores de la ONU? ¿Qué dice Carla del Ponte de la comisión de investigación independiente de la ONU para Siria sobre el empleo de armas químicas? ¿Contamos con información alternativa a los tradicionales medios de comunicación occidentales que nos permitan hacernos de un juicio más equilibrado?

El destino del ataque a Siria, en manos del Congreso. Es importante mencionar que el 44% de la población estadounidense no está de acuerdo con la intervención. FUENTE: Elmundo.es

Mientras que los forcejeos políticos llegan al congreso de EE.UU. tras el receso de verano, los dilemas del ataque se disputan entre su posible alcance y efectividad. Al parecer un “ataque limitado” es la primera opción que se barajea por parte de los escasos países que apoyan la escalada militar y se piensa que no debe durar más de tres días. Según el diario The New York Times, los ataques pudieran lanzarse con misiles guiados desde el mar y estarían dirigidos a objetivos estratégicos, lo que descarta la inclusión de tropas terrestres en Siria, en contraste con lo que sucedió en las intervenciones de Iraq y Afganistán que, por cierto, han sido muy castigadas por la opinión pública estadounidense y por un presupuesto que hoy no se puede erogar.

FUENTE: Blogs ABC

Otra disyuntiva del ataque sería la posición tan incómoda que tendrá que soportar EE.UU. y en su caso Francia de tener que luchar del mismo lado que Al Qaeda, esta red terrorista que se presume también lucha en contra del régimen chiita en Siria. Ahora dos acérrimos enemigos bajo el mismo bando tendrán que abonar hacia el debilitamiento del régimen de Bashar al Assad y conquistar posiciones favorables para los grupos opositores y rebeldes.

FUENTE: Isla Visión.

Los riesgos son muchos. Tentar la región más inestable y peligrosa del mundo puede abrir muchas posibilidades y encender las alarmas del peligro y la violencia en el Medio Oriente ¿Podrá escalar el conflicto o se quedaría ahí estacionado y contenido? ¿Podrá haber represalias de Siria y de sus aliados en contra de objetivos estadounidenses, por ejemplo en Israel?

@RinaMussali

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LA VISITA DE BARACK OBAMA A ALEMANIA: ¿UN NUEVO IMPULSO A LA RELACIÓN TRASATLÁNTICA?

Tras la Cumbre del G8 que se llevó a cabo en Irlanda del Norte, el presidente de EE.UU. Barack Obama se enfila hacia Alemania en una visita de Estado que se presume toral para las relaciones trasatlánticas. Un encuentro muy esperado tras las pocas afinidades que comparten Obama y Angela Merkel y las relaciones distantes y  tirantes que se han desarrollado en los últimos años entre ambos países. Desde la Puerta de Brandemburgo, uno de los lugares más simbólicos de la capital alemana, se espera que Obama deje un mensaje claro en medio del caos económico en el viejo continente. ¿Se dará un nuevo aliento a la asociación euro-atlántica?

La necesidad del acercamiento entre EE.UU. y Alemania se antoja indispensable para superar la enorme crisis económica que se originó en EE.U. y que generó una secuela devastadora en las distintas ramas de la actividad económica mundial. No obstante, los quiebres en la economía griega, chipriota, española, italiana, irlandesa y portuguesa, así como los embates que enfrenta la economía francesa y la dilación política y falta de flexibilidad institucional por parte de Bruselas para superar la crisis han generado una estela de mayores descalabros para la economía estadounidense, que todavía crece a ritmos pausados y anémicos. EE.UU. necesita de una Europa vigorosa para seguir creciendo, por ello resulta de vital importancia reforzar sus lazos con Alemania, el motor del crecimiento económico europeo que ha sido comandado en los últimos años por Angela Merkel, la mujer más poderosa del mundo, de acuerdo a la lista publicada por la revista Forbes.

Uno de los discursos más emotivos de histórica campaña presidencial del 2008 fue el pronunciado por Barack Obama frente a 200,000 personas en la Columna de la Victoria de Berlín.

Fuente: Youtube

La alianza trasatlántica entre EE.UU. y la UE que se busca extender en este complejo mundo multipolar tiene como cimiento-base la segunda mitad del siglo XX cuando EE.UU. se erigió en la indiscutible gran potencia mundial, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ante una Europa devastada, se anunciaba el histórico “Plan Marshall”; la movilización de recursos estadounidenses para apoyar la reconstrucción europea, impedir su insolvencia y prevenir la expansión del comunismo, suscitando las condiciones idóneas para reforzar los regímenes pro-democráticos en el viejo continente. Si bien los vínculos trasatlánticos se forjaron alrededor de la amenaza soviética, más adelante las relaciones económicas y el entendimiento común se basaron en una comunidad de valores compartidos como el libre mercado, la democracia y derechos humanos.

Otro capítulo central de esta historia trasatlántica fue la creación de la OTAN, la alianza militar dedicada originalmente a garantizar la seguridad de Europa Occidental y evitar el expansionismo del “ejército rojo” que pronto recreó el Pacto de Varsovia como una organización paralela que debían vencer.  Con la caída del Muro de Berlín y el ocaso de la estructura bipolar, las relaciones trasatlánticas sufrieron una crisis de identidad y el desafío mayor de redefinir su misión en una nueva era de las relaciones internacionales, en donde los desafíos de la seguridad colectiva global y la inseguridad económica mundial los une en aras de enfrentar el convulso siglo XXI.

Fuente: TIME

Las relaciones entre el viejo y nuevo continente no han sido tersas. Interpretaciones distintas a temas, factores e intereses las han obligado a transitar por el camino de las tensiones, tropiezos y contratiempos. Las divergencias partidistas no han sido los mejores consejeros. El mismo Barack Obama ha criticado la política de austeridad de Angela Merkel y prefiere un mayor acercamiento con el país galo en manos de Francois Hollande. Más allá de las visiones políticas e ideológicas, las relaciones trasatlánticas deben trascender los contextos inmediatistas para forjar la nueva alianza que les exige el sigl

EL ACUERDO TRASATLÁNTICO SOBRE LIBRE COMERCIO EE.UU-UE

La promoción de una agenda atlántica renovada, quizás encuentre punto de acción en la Cumbre del G8 y más adelante en la visita que haga Barack Obama a Alemania. El primer ministro británico David Cameron, quien preside los trabajos del G8 en Irlanda del Norte ha señalado la posibilidad real de lanzar un Acuerdo de Libre Comercio e Inversión entre EE.UU. y la UE. Una declaración no hueca si recordamos el anuncio que hizo el presidente Barack Obama en su último mensaje sobre el Estado de la Unión sobre el inicio de las negociaciones para conformar la Alianza Trasatlántica de Comercio e Inversión con la UE, TAFTA como algunos le llaman.

Renovar el liderazgo comercial de Europa y reforzar la vocación competitiva de las dos economías más importantes del mundo parece ser un noticia positiva cuando cunden bajas expectativas de enrolarnos en la senda de la recuperación económica sostenida. Un potencial TLC trasatlántico pudiera eliminar los aranceles y otras barreras al comercio de bienes y servicios como la necesidad de armonizar regulaciones y normativas que dificultan los negocios entre ambas regiones; drenando mejores números en materia de crecimiento económico, empleo y niveles de competitividad, justamente cuando estamos atravesando el quinto año de la peor crisis económica mundial desde 1929.

Un tratado de este calibre tendría repercusiones globales, pues ambas economías representan cerca del 50% del PIB mundial.  Si los vaticinios se cumplen, el TAFTA derrochará un crecimiento anual al bloque europeo de cerca del 0.5% de su PIB y generaría ganancias de cerca de $113 mil millones de dólares a los estadounidenses, según Karel de Gutch, el Comisionado de Comercio de la UE. Dividendos que pudieran tener un efecto arrastre para la economía mundial, activando varias correas de transmisión que se despliegan en este mundo globalizado e interdependiente. ¿Acaso una bofetada al proteccionismo que se practica cuando seguimos atravesando una época de vacas flacas en la economía mundial y al tiempo que la Ronda de Doha no parece despertar?

Un pacto económico entre EE.UU. y la UE tendría que superar las enormes dificultades que implican la concertación con 27 naciones más Croacia, el país número 28 que se enfilará en las riendas europeas el próximo 1º de julio, a pesar del encogido clima económico que persiste. Además se requerirá de enormes dosis de voluntad política para superar los temas más espinosos que bordean la agenda de la agricultura, subsidios, servicios y propiedad intelectual, entre muchos otros. Por otro lado, habría que asegurarse que los altos mandos europeos y sus líderes en Bruselas, otorguen el beneplácito correspondiente para formalizar un acuerdo económico con EE.UU; tal vez uno de los alicientes que actúe a favor de este tratado sea la Alianza Transpacífica (TPP) y el dinamismo que se cuece en la Cuenca del Pacífico con China a la cabeza, lo que obligará a que Alemania busque un mercado más seguro para sus exportaciones

En esta guerra comercial, México enfrenta cada vez más presiones competitivas. Hasta ahora no hemos sido invitados a participar en el TAFTA, una noticia que nos merma en nuestra condición de socio con el mercado más importante del mundo y con quien tenemos firmado un TLCAN. Las advertencias que hace el Ministerio de Economía y Tecnología de Alemania mediante un estudio sobre los efectos y dimensiones de la alianza trasatlántica dejan un mensaje claro: los países que ya disfrutan de un TLC con EE.UU. o la UE pudieran ser los grandes perdedores, México, Canadá y Chile se encuentran en la lista.

Fuente: News UK

El presidente de EEUU y el primer ministro británico, se reunieron en el marco del G8 para discutir el TLC

Fuente: News UK. 

ALEMANIA ANTE LA CRISIS ECONÓMICA EUROPEA

En 2013 se cumplen cinco años del inicio de la crisis financiera en la UE  y con ello el proyecto de integración supranacional más ambicioso del mundo que no pudo disimular su inseguridad y fuerte crisis identitaria. Una crisis alimentada por otras: la crisis de la deuda soberana, la fiscal, la bancaria y la de competitividad que han estado envueltas por una clase política que ha dilatado la toma de decisiones. La sacudida europea ha aumentado las divisiones entre las regiones de la Europa dispar y heterogénea, los países más prósperos e industrializados del Norte contrastan con los países periféricos del Sur.

En entredicho se han puesto las bondades del proyecto europeo. Una opinión pública harta de los problemas económicos y sociales crecientes y de los divisores que ha generado este desánimo colectivo mayor. Respuestas nacionalistas, proteccionistas, extremistas y xenofóbicas dejan palpar el enorme descontento juvenil y malestar de la clase trabajadora que ha estado acompañado de recortes a la edad de jubilación y tasas alarmantes del desempleo. Todo un cocktail que ha traído consecuencias muy costosas para los principios de la subsidiariedad de la UE.

En estos tiempos de crisis, Alemania ha asumido un rol preponderante en el manejo de la debacle. La canciller Angela Merkel ha buscado ser implacable con su receta de disciplina fiscal y presupuestaria, así como con las reformas estructurales pendientes que los países de la eurozona deben implementar. La tremenda austeridad impuesta desde Berlín y la lógica conservadora ha ocasionado el enojo y la crítica de los países mediterráneos que buscan privilegiar las políticas del crecimiento. Esto ha distanciado a Alemania de sus aliados tradicionales,  la economía más poderosa de Europa que marca la directriz y hegemonía en el viejo continente y que levanta temor a sus alrededores.

Fuente: NEWS UK

Para Angela Merkel “más Europa y no menos Europa” es la ruta por la que debe de transitar la Unión. Por ello ha apoyado el pacto fiscal y medidas importantes para reforzar la unión económica y monetaria y corregir las deficiencias del sector bancario y financiero. El país germano tiene un interés de coadyuvar a solventar los desequilibrios macroeconómicos y crear nuevas instituciones de vigilancia regional debido a que mantiene enormes intereses económicos en la Unión. Alemania tiene una fuerte dependencia exportadora y sus principales mercados de bienes, servicios e inversión son sus socios europeos, por ello es de interés capital robustecer su capacidad de compra.

No perdamos de vista la cita electoral más importantes del 2013: las elecciones en Alemania que tendrán lugar el 22 de septiembre, el evento político más relevante para la UE en donde podrá ser reelecta Angela Merkel. Aún cuando en su campaña no se podrá ignorar la difícil situación europea, no hay que olvidar que el país germano ha sido el mejor librado y la única economía de la eurozona que no ha caído en recesión. Pero no todo será miel sobre hojuelas para Merkel, no olvidemos la dura derrota que sufrió en los comicios regionales de Baja Sajonia en enero del 2013.

ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS: 6 DE NOVIEMBRE EL DUELO OBAMA – ROMNEY

La batalla política más importante del año llegará el 6 de noviembre con la celebración de elecciones en EE.UU. para renovar la presidencia, la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Una jornada muy disputada que ha levantado nerviosismo y expectativas, tanto en los ciudadanos estadounidenses como en el mundo entero, pues a todos nos interesa saber quién ocupará la Casa Blanca en los próximos cuatro años; el huésped que tendrá dentro de sus encomiendas dirigir a la primera economía mundial, a la maquinaria militar más poderosa de la historia y a la nación que tiene un liderazgo indiscutible en materia de investigación y desarrollo.

Esta jornada electoral, que se presume como una de las más reñidas de la historia, ha obligado a emprender una lucha encarnizada por la conquista de los 270 votos del Colegio Electoral; matemática que se necesita para que Barack Obama consiga su reelección como el primer presidente afroamericano y que encuentra en Mitt Romney su mayor oponente. Dicha fórmula presidencial por primera ocasión lleva a un mormón en la ecuación electoral, a ningún protestante y a dos católicos compitiendo por la vicepresidencia del país estadounidense.

Official photographic portrait of US President...

Barack Obama. Fuente: Wikipedia.

Una lucha intestina, que coloca la llave de la Casa Blanca en los estados que presentan una especie de paridad o empate virtual, como son Ohio, Colorado, Florida, Virginia, Carolina del Norte y New Hampshire; en donde el diferencial alcanza entre 1 y 3 puntos porcentuales, según cifras que refleja el pizarrón electoral de The Huffington Post, justo una semana previa a las elecciones. Al parecer, Ohio sigue siendo el más codiciado porque, además de sus 18 votos electorales, desde hace medio siglo ningún candidato presidencial ha ganado la elección sin imponerse en este estado, un hecho que ha visto crecer la avalancha publicitaria por parte de ambos candidatos.

En este ciclo electoral también han sido inéditos los montos de financiamiento adquiridos para fondear las guerras publicitarias y las campañas negativas, habilitadas a través de los reductos paralelos a los partidos políticos, denominados Super PACs; estos súper comités de acción política autorizados a recibir cantidades ilimitadas de dinero para influir en los resultados electorales. Justamente en la campaña de este año, tanto demócratas como republicanos recaudaron más contribuciones que en 2008, gracias a que la Suprema Corte de Justicia permitió que grupos de intereses, corporaciones, sindicatos e, incluso, billonarios volcaran sumas estratosféricas de dinero de forma anónima para imponer su percepción al electorado. ¿Se compran los votos en EE.UU.?

Mitt Romney. Fuente: CNN

Tampoco saquemos del radar que en EE.UU. es posible votar de manera temprana, en donde más de 30 estados han habilitado el sufragio antes del 6 de noviembre. El mismo presidente Barack Obama lo hizo cuando viajó a Chicago, doce días antes del día de la elección, convirtiéndose en el primer presidente estadounidense que hace uso de este derecho por adelantado; quizás la prueba más contundente de la desesperación demócrata para que la gente vote y pueda desmarcarse de su rival en potencia.

LAS ELECCIONES EN EE.UU. ¿UN REFERÉNDUM PARA BARACK OBAMA?

Las elecciones estadounidenses están inscritas bajo el sello de la crisis económica mundial, la cual ya cobró la caída de siete gobiernos en Europa: Papandreu en Grecia, Brian Cowen en Irlanda, Sócrates en Portugal, Berlusconi en Italia, Zapatero en España, Sarkozy en Francia y el fin del primer gabinete de Mark Rutte en Países Bajos. ¿Se repetirá el libreto europeo? ¿La reelección de Barack Obama está relacionada con lo que sucede en Atentas, Madrid o Roma? ¿Se terminará por imponer el tema de la economía y de los empleos en EE.UU., cobrándole la factura a Barack Obama, quien luce pálido en este rubro?

En realidad, la estrategia de los republicanos radica en vincular el desastre europeo a la campaña de los demócratas y exhibir al presidente ante los ojos y bolsillos de los votantes, denotando una economía que crece de manera anémica y pausada. Un Barack Obama que se ve deslucido en materia económica pero que, de hecho, fue la pieza clave para detener la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial y la cual construyó un dique económico y una hoja de ruta para alejar al país del precipicio.

Fuente: The Guardian

Pese a la situación económica, la preocupación prende al evidenciarse la polarización creciente de la sociedad estadounidense, dos modelos de países distintos que se ven acompañados de visiones antagónicas sobre cuestiones económicas, políticas, sociales y su desempeño en la política mundial. Diferencias bipartidistas que parten de una manera opuesta de concebir al Estado y que se reflejan en la articulación de códigos fiscales distintos y desacuerdos en cómo encarar el déficit y la reducción de la deuda nacional. Un Obama partidario del Estado benefactor moderno capaz de redistribuir la renta a la base de la pirámide social y un Mitt Romney que concibe al Estado como una amenaza al espíritu emprendedor de EE.UU. y que busca blindar los privilegios de las clases más afortunadas.

Las elecciones del martes próximo serán un referéndum para Barack Obama de lo que ha conseguido o no en estos primeros cuatro años de gobierno. En este rubro, su mayor trofeo legislativo ha sido la reforma al sistema de salud que aprobó el Congreso y que, más adelante, dictaminó a su favor la Suprema Corte de Justicia, cuando se interpuso una demanda por 26 estados republicanos. Esto demuestra una nueva lucha entrañable de quienes buscan recortar la competencia del gobierno y de aquellos que quieren engordarla, obligando a comprar una cobertura de salud antes de 2014.

En fin, un presidente que llegó con una ventaja cómoda al primer debate presidencial pero que decepcionó en su actuación, y que ahora lucha a contracorriente de lo que se presume será una victoria muy estrecha y marginal. Quizás el huracán Sandy llegó como agua bendita para los demócratas, la oportunidad para que Obama saque ventaja como presidente y demuestre toda su autoridad y liderazgo en momentos difíciles.

 

LA POLÍTICA EXTERIOR: ¿PUNTO DE DESENCUENTRO?

Quizás este 6 de noviembre, Barack Obama llega con mejores cartas electorales en materia de política exterior, siendo el presidente que recibió el Premio Nobel de Paz por haberse alejado del intervencionismo unilateralista que propició las invasiones a Iraq y Afganistán tejidas en la era Bush. Efectivamente, el líder estadounidense se puede jactar de haber terminado la guerra en Irak, de haber puesto fecha de salida a la guerra de Afganistán y, sobre todo, de haber ordenado la operación militar en Pakistán donde resultó muerto Osama Bin Laden, la cabeza más buscada del planeta.

Logros sumamente importantes y nada despreciables que, desde el punto de vista geopolítico y estratégico, se han convertido en aciertos limitados y restringidos que no drenaron mayores ganancias para sus intereses. Salvo en el caso del terrorismo trasnacional, en Iraq se dejó un terreno turbulento y pantanoso que permitió a Nouri Al Maliki, presidente de Irak, acercarse cada vez más a su aliado chiita de Irán. Un Afganistán abandonado por EE.UU., pero que se asienta débil y fragmentado por las diferencias étnicas, religiosas y tribales que encuentran su mejor caldo de cultivo en las fuerzas talibanes; así como las relaciones desgastadas con Pakistán donde priva más la desconfianza que la cooperación.

Mientras tanto, los oponentes y detractores buscan exhibir a Obama como un presidente que ha contribuido al declive de la influencia estadounidense en el mundo, reclamando una respuesta tibia ante el ataque al consulado de Bengasi, y la estrategia dudosa sobre Irán, que para algunos ya está más cerca de obtener la bomba nuclear y que ha puesto en entredicho la relación privilegiada con Israel, aliado número uno de EE.UU. en Medio Oriente. En este cuadro también hay que añadir las promesas de paz incumplidas frente al conflicto palestino-israelí que han contribuido a minar la imagen de Barack Obama. Sin embargo, no olvidemos dos cosas: que la solicitud de Palestina de convertirse en el miembro 194 de la ONU quedó congelada en el Consejo de Seguridad y que Obama no recibió a Bibi Netanyahu durante el 67º Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, el pasado mes de septiembre en Nueva York.

Tal vez, la muestra más trasparente de la falta de interés de EE.UU en América Latina, Centroamérica y México se calcó en el tercer y último debate presidencial que se llevó a cabo en Boca Ratón, Florida, en el cual países como Libia, Siria, Pakistán, Irán e Israel se llevaron todos los reflectores. El patio trasero de EE.UU no figuró en el debate ni siquiera tomando en cuenta que compartimos una frontera de más de 3,000 km y en la que se libra una guerra fallida contra el narcotráfico que le ha costado a nuestro país 60,000 muertos. Relaciones bilaterales monotemáticas que se encuentran narcotizadas y que reclaman una mayor atención política y de cooperación económica y social.